Premio Luis Caballero: Entre Lo Serio Y Lo Solemne

Un pendón sobre la fachada de la Galería Santa Fe anunció, durante la mayor parte del año pasado, la quinta versión del Premio Luis Caballero; de un tirón despachaba las seis exposiciones de este ciclo de exposiciones.

El letrero era un apocado arrume tipográfico que no le hacía justicia a la grandilocuencia que exhibieron en la premiación el “alcalde Samuel Moreno Rojas, la secretaria de Cultura, Recreación y Deporte (e), Yaneth Suárez; y la directora de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, Ana María Alzate Ronga” cuando “encabezaron el acto solemne cumplido en el Planetario Distrital”. El boletín de prensa oficial insistió, dos veces y con el mismo adjetivo, sobre lo “importante” del premio: “es el referente internacional del arte colombiano y se ha consolidado como el reconocimiento nacional más importante para artistas plásticos mayores de 35 años con una trayectoria sobresaliente de mínimo 10 años en el campo artístico profesional. Este, es el premio más importante que otorga el Distrito Capital.”

El pendón no era solo líchigo en su diseño, su contenido comunicaba otra reducción: eran solo 6 exposiciones de las 8 que debían haber sido. El jurado de selección de la Quinta Versión del Premio Luis Caballero dejó dos cupos desiertos por “considerar que las propuestas restantes no tenían una sustentación conceptual contundente, no hacían un uso adecuado del espacio, y/o no eran viables económicamente.” A esto había que sumar que los proyectos que llegaron a esta instancia solo fueron 19.

Bien visto, el Premio Luis Caballero no es tan “importante” como se publicita, sobresale más por el declive de otros certámenes que por la “importancia” que le dan sus organizadores. La “Bienal” del Museo de Arte Moderno se hace ahora cada tres o cuatro años y es tan bajo su perfil que para ahorrarle la infamia a sus participantes reserva el dinero de los premios para el pago de la nómina. Los Salones Nacionales de Artistas ya no son de artistas, son de “temáticas” y sus coronas de reinas, primeras princesas y segundas princesas pasaron a mejor vida (dicen que ahora el reinado es entre curadores).

Hay uno que otro premio que solo ofrece “premio”: una suma desmedida de dinero que justifica olvidarse de la estética y exponer en un corredor de piso crujiente y junto a otros competidores ansiosos de ganarse la lotería; este es el caso del  Salón Nacional de Arte Bidimensional que organiza la Fundación Gilberto Alzate Avendaño (“325 artistas con más [de 500 trabajos”). Tal vez a esa cultura de buhardilla, canelazo, boina y biberón es a lo que el Alcalde Samuel Moreno se refirió en el “acto solemne” cuando dijo: “Hablar de Bogotá, es hablar de la Bogotá Bohemia, cultural, cuna de muchos artistas y de muchos premios como el Luís Caballero…”

Los premios son un imán para la solemnidad, sus reglamentos, sus comités de jurados, sus deliberaciones, sus actas, sus ceremonias, sus discursos y, sobre todo, sus galardones tienen la función de dar una impronta de desmedida grandeza a una parafernalia de latón y oropel. Son un mal necesario que logra llamar la atención de la audiencia general pero distrae de lo importante y lo serio. Pero de eso se trata, de divertir. Pan y circo para el pueblo. Lo solemne es un lugar común atractivo. Lo serio —por ser complejo— es difícil de reconocer.

Lo importante (y serio), en el caso del “Premio” Luis Caballero, sería la posibilidad de hacer ocho exposiciones individuales, en un espacio amplio y exigente para el que cada artista tenga una propuesta específica con suficiente tiempo de antelación. Importante (y serio) fue, por ejemplo, la actitud de Jorge Jaramillo, el gestor cultural que en 1996, como director de la Galería Santa Fe, juntó el hambre con las ganas de comer: asoció el potencial del espacio de la sala con la potencia de artistas mayores a 35 años. Además, el requisito de la madurez fue correspondido con el reconocimiento de una bolsa de trabajo para que cada artista hiciera su proyecto.

Es por esto que el Premio Luis Caballero tiene todo para ser un evento serio, exige a los artistas jugar en serio: a hacer un balance de su carrera, a sopesar esas cosas espontáneas, intuitivas, accidentales e incidentales que fueron logradas por inocencia o por arrogancia, por egoísmo o por afortunado descuido, por terquedad y perseverancia. El espacio de exposición de la Galería Santa Fe es un estadio claro para tener serias expectativas: es tan desolado como provechoso, tan limpio como crudo; y es una palestra exigente y respetuosa, un escenario para exposiciones individuales que no ofrecen las galerías, ni las ferias, ni las bienales, ni las curadurías, ni incluso las instituciones culturales como el Banco de la República, que parecen cada vez más entregadas a la solemne labor de administrar y asegurar no solo obras sino a los que las administran y aseguran. El “premio” Luis Caballero es un espacio único y afortunado.

Este espacio privilegiado tal vez nunca ha sido comprendido, pero la de ahora ha sido su peor hora: la última administración distrital ha desplegado toda su artillería pirotécnica y vistosa en la difusión de las actividades de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño en detrimento de la actividad artística del Planetario, donde incluso por un tiempo se cobró una boleta de entrada a las exposiciones.

Lo más grave es que la Galería Santa Fe desaparecerá del Planetario de Bogotá a mediados de este año por obras de “reforzamiento estructural”, y aun no tiene sede fija o temporal. Se han hecho promesas solemnes como alojarla en un fantasioso “Palacio para las Artes” o tímidas insinuaciones que buscan por el centro de la ciudad un espacio con la misma escala y acceso peatonal. La Galería Santa Fe es la más visitada del país, no tanto por la “bohemia” de la “Bogotá Positiva”, sino porque tiene un público cautivo atraído por las luces del planetario y que por el hecho de estar en el centro de la ciudad la pone en el recorrido de toda diletancia cultural. Diletante o no, sin el planetario la Galería Santa Fe no será la misma y con la pérdida de este espacio el Premio Luis Caballero perderá lo que le es más esencial.

Por el número de propuestas recibidas tampoco parece que los artistas se hayan tomado en serio al Premio Luis Caballero y, si se hace caso al fallo del jurado de selección, los trece proyectos rechazados eran pésimos. Aunque el acta también parece caer en lo solemne: los jurados olvidaron como en versiones anteriores algunos artistas destacados pasaron por el filtro de selección pero luego cambiaron de proyecto en el camino, usaron el dinero de la bolsa para otros propósitos o mostraron cosas viejas. El evento para muchos fue solo un trámite más en miras a posicionar un nombre y un estilo. Otros, ante el poder del espacio, vieron como su idea se quedó en “arte conceptual”. El jurado pareció más cercano a lo solemne que a lo serio: ser serio hubiera sido apostarle a la contingencia de dos exposiciones más, dejar constancia sobre el bajo nivel de algunas propuestas, el resto le corresponde a la crítica.

Las seis exposiciones de la quinta versión también se debatieron entre la seriedad y la solemnidad: a muchos artistas no les bastó con centrarse en la seriedad de sus propuestas, sino que les dio por entregarse a una solemnidad grandilocuente con la que pretendieron justificar lo que, aun no se sabe por qué, supusieron que necesita justificación. Luis Caballero, en una entrevista en la Revista ECO en 1978, cuando le preguntaron sobre “la vanguardia artística”, dijo: “El arte reflexiona sobre el arte y los artistas analizan desesperadamente su función, sus medios, su lenguaje. Analizan su gramática o inventan otra nueva, pero con esas gramáticas no se escriben poesías. Y yo creo que el artista no es el gramático sino el poeta…”

A la luz de la mirada de Caballero se podría decir que “Expulsión del Paraíso”, de Mario Opazo, la exposición premiada, fue la que más en serio se tomó eso del “poeta” y ensambló varios conjuntos de objetos a lo largo de la sala. Al avanzar por la exposición algo fuerte e impreciso alzaba vuelo. Sin embargo, tocaba resistirse al afán desesperado del artista por alegorizar; “la temática” en vez de ser un área de partida se convertía en un punto final, en pedagogía, retórica, mensaje, “gramática”, en palabras de Caballero; pura solemnidad.

Y así pasaba, en mayor y menor grado, con las otras exposiciones: la intuición se presentaba como una explicación técnica o conceptual, discurso de artista “investigador”, un ser que vive de hablar, no hace cosas sino que “desarrolla prácticas artísticas”, justifica todo bajo fuentes filosóficas, sufre de un mesianismo insufrible. Pareciera que el misterio y el silencio son inadmisibles, algo poco serio que “carece de rigor”. Tal vez por eso las exposiciones iban acompañadas de conferencias y proyecciones, un “componente pedagógico” que las vaciaba de extrañamiento y llenaba de información.

Parece que los artistas de tanto socializar han perdido esa tontería solitaria, anárquica, que tomada en serio hace la diferencia al momento de crear, confunden el efecto con la causa, se vuelven solemnes: la “sustentación conceptual contundente” que piden los jurados es solo un truco para tener una buena nota académica, ganar el espacio, sacarle dinero al Estado, un carretazo, un indicador, una bella mentira, no es más. Sobre este síntoma, Caballero, en la misma entrevista, dice: “los llamados artistas de vanguardia están haciendo sociología, filosofía o simplemente reflexiones estéticas, y dentro de ese campo es posible que estén haciendo cosas interesantes… no lo sé porque no los conozco… y no los conozco porque no me interesan; pero lo poco que he leído de ellos —y digo leído porque en general sus obras no se ven sino se leen— me parece de una trivialidad y de una pretensión infinitas…”

“Tus triunfos, pobres triunfos pasajeros…”, dice el tango. La Galería Santa Fe y el Premio Luis Caballero se han perdido, ambos espacios llegan a su fin. La Historia del Arte se demorará en rescatar lo serio entre tanta solemnidad, tocará esperar que los historiadores no sucumban ante lo solemne de su especialidad y se tomen en serio el arte de narrar. Pero volver a tener un espacio y un “premio” así es algo que habría que buscar en serio…

Lucas Ospina
publicado en la silla vacía

(Este artículo fue escrito para la  edición de la semana pasada de la Revista Cambio)

Crítica a las exposiciones del Premio Luis Caballero:

>>Quinta versión:
http://esferapublica.org/nfblog/?cat=45

>>Cuarta versión:
http://esferapublica.org/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=327&Itemid=1

Calma chicha:
http://esferapublica.org/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=805&Itemid=1

Sobre lo serio y lo solemne:
http://www.ted.com/index.php/talks/paula_scher_gets_serious.html

7 opiniones en torno a “Premio Luis Caballero: Entre Lo Serio Y Lo Solemne”

  1. Fernando Maldonado

    Finalmente alguien tocó la esencia del Premio Luís Caballero. Para comenzar, el nombre mismo del salón, está fuera de contexto desde sus inicios. Nadie más ajeno a las propuestas esteticistas de este evento, que el mismo Luís Caballero. Nunca entendí porqué , ni quién tuvo la mala idea de designar con su nombre un evento que dista completamente de lo que fué su obra y su postura personal frente al trabajo artístico.

    Fuí testigo presencial, allá por los años 80´s, de una visita y un conversatorio en el M.A.M.B.O. (por aquel entonces era el más discreto y digno M.A.M.), con Luís Caballero en persona. Estaba exponiendo su obra reciente en la galería Garcés Velázquez y de paso por Bogotá , estuvo una tarde entera en lo que parecía una charla informal, pero que terminó siendo un ataque traicionero de sus propios colegas a su honesta y ecuánime actitud como artista plástico.

    Uno puede no gustar de la obra de un artista o puede no estar de acuerdo con sus postulados conceptuales y estéticos, pero lo que no admite duda es la honestidad y el trabajo intenso, incluso apasionado que muy pocos muestran en esta profesión y Luís Caballero era la prueba viviente de estas cualidades humanas. Lo que vi y sentí luego de una hora de preguntas y frases desentonadas, era la envidia encarnada en quienes por motivos diversos creían tener la verdad en materia de arte moderno.

    Caballero nunca perdió la amabilidad y el control. En su lugar cada respuesta y comentario que hizo, mostraban su amplia cultura y lucidez. De paso , esa tarde y quizá sin proponérselo, mostró otro argumento en contra del gastado pastiche que Duchamp endilgó a los artistas plásticos, en especial a los pintores, cuando afirmaba que eran muy tontos e incultos. (Nada como un ex-pintor, para atacar a los pintores).

    Como contraparte el Salón que bautizaron con su nombre, es una muestra de preocupación por la moda del arte social y la pseudo-poética esteticista que no interesa más que a un grupo bastante reducido de “especialistas”, que dicen estar incidiendo en la estructura social de su país o que argumentan que sus obras producen reflexiones profundas en el inconsciente colectivo, cuando en realidad el ciudadano común , ese que tanto mencionan como centro de sus preocupaciones, sigue su vida, su dura o blanda cotidianidad sin atender el simulacro al que pretenden invitarlo.

    Si se trata de encontrar una forma de conmover, de incidir e incluso, replantear formas de vida en las personas, no habría que mirar eventos como el Luís Caballero o los Salones regionales. Deberíamos mirar cosas mucho más prosaicas como por ejemplo, el cine comercial (Avatar cabe aquí), los conciertos masivos del pop y el rock o las discretas y altamente artísticas creaciones del cómic mundial. Es allí en donde la masa humana, anónima y heterogénea muestra sus sentimientos, se conmueve e incluso llega a reflexionar. (si ,¡¡quién lo creyera!! incluso a reflexionar).

    Es muy seguro que el problema no se basa en una tendencia o una técnica. Sería absurdo afirmar que el arte conceptual (?) o la instalación no son válidas y pertinentes en espacios o momentos dados. El problema radica en que parecen ser los únicos válidos para los curadores y los espacios oficiales, de una parte. De otra, la obsesión por los temas sociales es tan evidente , descarada e hipócrita que el término “porno-miseria” parece ser, por desgracia, el más adecuado para definirla.

    ¿Cuántos artistas ganadores del premio Luís Caballero, con temática social, han incidido en la realidad concreta de las personas que utilizaron como tema de sus propuestas? ¿Cuántos estarían dispuestos, por ejemplo, a donar o compartir su premio con estas personas? ¿Cuántas han modificado o contribuido a mejorar las condiciones de desigualdad o el dolor de las víctimas más allá de invitarlas a la inauguración y hacerles creer que la obra contribuirá a hacerles justicia? O ¿Será que sólo cuando entiendan a Braudillard, Danto o Deleuze, sabrán la grandeza de lo que hizo el artista por ellas?

    La simetría con el mundo del periodismo cabe bastante bien aquí. Cada año se premian las mejores fotos, notas y artículos en todos los medios de comunicación y la historia se repite siempre. Se entregan miles de euros y dólares a quienes cubren o investigan los escenarios más dantescos de la vida humana. Algo vergonzoso se debe sentir al recibir estos premios con el argumento de que todos tenemos derecho a la información y así es en algunos casos. Pero en otros, el resorte oculto es el reconocimiento social y el prestigio consecuente.

    Cuando menos, en el periodismo hay un efecto social tangible y en ocasiones benéfico pese a las verdaderas intenciones del autor. Además, éste se expone con frecuencia a peligros verdaderos, no a sus abstracciones. En el arte, el efecto siempre es benéfico sólo para el artista-autor. Estetizar el dolor ajeno hasta convertirlo en objeto de culto, en mercancía, en premio y colgarlo, exhibirlo o proyectarlo para el disfrute esnobista de un círculo exclusivo de intelectuales, contribuye a trivializar y adormecer la consciencia.

    Luís Caballero captó en su momento ese dilema y optó por el retiro voluntario a su mundo interior. Conocía sus límites y los límites o limitaciones del arte.

    #29503
  2. Y dale contra el Caballero; definitivamente, cuando se es miope, se es miope. Nada más desafortunado, que el no querer ver las virtudes de este premio y del evento en sí, que pudo llamarse Darío Morales, Débora Arango o simplemente Fernando Botero. El nombre creo, poco importa; no por ello se minimiza al artista Luis Caballero que conste. ¿Por qué Lucas Ospina no escribió algo similar hace ya casi tres años cuando el premio Luis Caballero fue para un colega suyo: Fernando Uhía? La respuesta es obvia. ¿Será que uno cambia de parecer tan rápido, como cuando un adolescente cambia de voz? En lo que a mí respecta, yo cambié de voz hace muchos años, por fortuna y mis ideas como mi voz no es tan cambiante como veleta al viento. ¿Una más de las incoherencias de nuestro querido artista? Tal vez.

    Lo que quiero decir, es que un premio como éste, no sólo debe mantenerse y apoyarse, sino también replicarse. Yo había dicho antes, que el Ministerio de Cultura debería implementar algo similar en las regiones. Quizá así se saldrá de la crisis de los salones regionales y nacionales y se dejará de premiar con sendas bolsas de dinero a los curadores. Creo que los artistas merecen ayudas económicas como las que otorga actualmente el Caballero.

    Es frecuente encontrar en el medio, a los artistas rebuscándose hasta el último peso para satisfacer los caprichos de un curador, mientras este, se sienta a sus anchas, con su investigación curatorial financiada. Creo que lo que José Roca, Jaime Cerón entre otros defendieron con tanto esmero a finales del siglo pasado, merece revisarse, sobre todo en materia de políticas culturales. No se trata por supuesto de regresar al pasado, pero sí de crear un equilibrio entre las ayudas económicas que se les dan a los curadores y las ayudas que no se dan a los artistas. Era terrible lo de los premios de los salones, decía Roca y Cerón entre otros. Y tenían razón. Pero acaso no se cayó en el mismo error premiando ahora a los curadores en detrimento de la obra de arte? Es frecuente encontrar curadurías donde ya no hay obras, solo fotografías documentos de una investigación curatorial. ¿Es tan terrible que un Premio como el Luis Caballero, se centre en la producción de obras y premie de entrada a los artistas? Claro que no.

    Los curadores son importantes y hay que apoyarlos económicamente, por supuesto, pero creo que también hay que apoyar a los artistas. Al darle demasiada importancia a las curadurías se dejó de lado lo más importante: los artistas y su obra. El premio Luis Caballero hace eso y, ahí radica su principal mérito. Que el alcalde se puso corbata o no, que el pendón era amarillo o no, que fueron cinco nominados en lugar de ocho, esos detalles carecen de transcendencia, a la hora de mirar las bondades del premio.

    Los historiadores que revisen el Premio Luis Caballero, encontraran un referente importante para el arte contemporáneo en Bogotá, de manera que una vez más, larga vida al Premio Luis Caballero.

    http://www.universes-in-universe.de/columna/col29/col29.htm
    http://www.universes-in-universe.de/columna/col29/foro/11-23-arcos-palma.htm
    http://esferapublica.org/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=333&Itemid=1

    #29504
  3. Gina Panzarowsky

    Tengo entendido que la galería no desaparece ni es política de la FGAA pretender acabarla como se ha dicho. Para este año tienen planeado funcionar en las salas donde estaba el museo de Bogotá, en el mismo planetario (Lugar que precisamente están adecuando). Mientras esto ocurre y se garantizan las actividades de este año, se continúa en la búsqueda de un espacio que la pueda albergar de forma permanente. Hay que entender que el Planetario es el dueño del espacio y si están pidiendo la salida de la galería, es por razones internas y discrecionales.

    Serena la mirada, firme la voz… decía el poeta, como para equiparar la nota de RAP

    #29506
    • Lucas Ospina

      “Pero volver a tener un espacio y un “premio” así es algo que habría que buscar en serio…” Habrá que ver si la búsqueda es solemne o en serio…

      Señor

      LUCAS OSPINA

      En respuesta a su solicitud me permito manifestarle lo siguiente:

      Desde la declaratoria de la Alcaldía Mayor de destinar el Planetario de Bogotá como centro científico de la Ciudad, la Fundación ha considerado de carácter prioritario y urgente buscar un escenario sustituto que comporte las condiciones necesarias para la circulación, investigación y apropiación del arte contemporáneo y que por sus características y ubicación reemplace la Galería y le ofrezca al campo de las artes espacios idóneos para su visibilización, promoción y desarrollo.

      Preocupados por el impacto que esta decisión tiene en el campo de las artes plásticas y visuales y en las acciones que desarrolla la Gerencia, se han adelantado desde hace meses gestiones con miras a la consecución de un nuevo espacio: se han enviado comunicaciones a la Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte, se ha consultado la posibilidad de incluir la nueva sede de la Galería Santa Fe en el Plan de Equipamientos Culturales, se consultó a la firma Ospinas y Cia. la viabilidad de desarrollar el proyecto dentro de la manzana de la cultura o en las aledañas, se hicieron consultas en la Empresa de Renovación Urbana para estudiar la posibilidad de incluir la construcción de la Galería en los proyectos de las Manzanas Cinco, Cuatro o en el plan parcial del Triángulo de Fenicia y también se ha solicitado información sobre otros predios disponibles que pudieran tener ese uso dentro del plan de renovación.

      La Secretaria de Cultura nos ha manifestado de manera reiterada que esta declaratoria no afectará a la Galería Santa Fe hasta disponer de un escenario sustituto, sin embargo recientemente fuimos informados del inminente cierre del Planetario por los trabajos de reforzamiento estructural que se le harán al edificio. Esto según la planeación de la SCRD ocurrirá posiblemente en junio del presente año. Aunque la Dirección de la Fundación ha buscado que el gobierno distrital y la SCRD como cabeza del sector consideren dentro del plan de Equipamientos Culturales la posibilidad de dotar a la Ciudad de un espacio permanente e idóneo para las artes plásticas, no hemos obtenido aún respuesta positiva a las diferentes solicitudes.

      Compartimos su preocupación y la de los demás miembros del campo artístico de Bogotá conscientes de la importancia que encarna este escenario en el desarrollo de las artes no solo de la ciudad sino del país.

      Por otro lado le informamos que el acto de premiación del V Premio Luis Caballero se realizará el 5 de febrero a las 7:00 pm en la Sala Oriol Rangel del Planetario de Bogotá.

      Como adjunto encontrará el Acta de Selección del V Premio Luis Caballero.

      JORGE JARAMILLO JARAMILLO

      Gerente de Artes Plásticas y Visuales

      #29507
  4. Para ser consecuentes, este premio dirigido exclusivamente a artistas de la escuela del arte conceptual contemporáneo debería llamarse más bien premio “Antonio Caro”.

    La semana pasada vi “Avatar”, una creación visual extraordinariamente elaborada, realizada por artistas contemporáneos que siguen un camino bien distinto al de la escuela conceptual. (Esta última es la dice ser la única generadora de arte contemporáneo).

    Sobre los premios nacionales para las artes, quisiera saber si existen apoyos para proyectos de generación de empresas artísticas (p. ej. en comic, en animación, en enseñanza de la pintura etc…)(?)

    Quiero decir, ¿hay apoyos estatales para proyectos en artes que generen empleos y que desarrollen producciones visuales de interés para la sociedad colombiana?.

    Si no existen ese tipo de apoyos deberían crearse, con eso al menos se tendría una idea insipiente de algo que podría justificar la existencia de tantas facultades de arte en el país.

    No puede ser que las academias sean simplemente espacios para graduar y graduar masas de artistas, sin ningún futuro para trabajar en arte.

    ¿Dónde están las convocatorias del estado para la generación de empleo en arte?, ¿acaso se van todos los apoyos económicos en patrocinar eventos ideologizados como el Luis Caballero, la Bienal de Bogotá y los salones regionales y nacionales de artistas?

    Ojala la sociedad invierta pero invierta en el arte que quiere y en el que pueda volverse una opción realista y acorde con las necesidades de los profesionales del medio.

    #29509
  5. Fernando Maldonado

    No hay posibilidades de crear eventos para otro tipo de propuestas, porque nuestro índice de subdesarrollo cultural está a la par con el económico. El anhelado escenario cultural del primer mundo aún está muy lejos, de modo que nuestros estados sólo contemplan la inversión de recursos en lo que más les conviene. En este caso, invertir en la última tendencia, la más contemporánea, producida, eso si, de acuerdo a los parámetros del primer mundo, de modo que nadie dude de nuestra modernidad. Menos aún de nuestra post-modernidad.

    Hace unas décadas, todo nos llegaba tarde. Ahora, todo nos llega más rápido pero no hay modo de digerirlo. En el interscicio, los que han logrado ubicarse en algún lugar de la burocracia cultural, pueden aprovechar la confusión y hacer creer a los demás que su visión de la realidad profesional del arte es la única válida y que los demás deben subordinarse a ella o desaparecer de la escena.

    No habría problema si se planteara el equilibrio que otras sociedades han ganado al crear espacios para todas las tendencias y enfoques del arte. Así si se mide el nivel de desarrollo cultural de un grupo social. Por lo pronto estamos inmersos y viajando en una sola dirección.

    Pero existe otro agravante y es que todos estos eventos oficiales y los empleados que los manejan, son pagados con el dinero de los ciudadanos, es decir, con los impuestos que salen de nuestro bolsillo. Si tomamos en cuenta esta otra “sutileza”, nos golpea de nuevo nuestro karma tercermundista.

    Hace unos meses en una conversación sobre estos temas con un viejo amigo norteamericano, me contaba la historia de una población de su país en la que se había tomado la decisión de hacer un homenaje a un personaje importante del pasado. El homenaje incluía un proyecto artístico que sería mostrado en la fecha acordada.

    Como suele suceder, la escogencia del proyecto fué monopolizada por el burócrata cultural de turno. El día de la presentación de la obra (se trataba de una pieza conceptual formada por un amontonamiento de rocas), la población protestó indignada. Su argumento era demoledor: ¿Porqué razón debían ellos pagar impuestos para financiar algo así, sin tener otras opciones en cuenta?

    El alcalde tuvo que reversar el proyecto para evitar mayores problemas. El punto es que no importaba tanto el tipo de obra como el hecho de que si sólo hay cabida para un enfoque, nadie tiene porqué aplaudirlo. En países como el nuestro, ni siquiera podemos opinar y menos aún, se nos ocurre protestar por la forma en que se gastan nuestros recursos, que como sabemos apuntan a una sola tendencia , la que está de moda.

    Está muy bien que exista el salón Luís Caballero o el Regional de artistas. Pero a la par con otros similares enfocados a otras tendencias y propuestas. Eso si sería una política cultural democrática y evolucionada.

    Fernando Maldonado.

    #29517
  6. Jorge Peñuela

    AVE, EVA: hola, adiós.

    Es lamentable que las discusiones en los eventos de carácter artístico en Colombia, la crítica termine debatiendo en torno al dinero que un artista ha ganado o dejado de recibir por su participación en ellos; asunto muy del gusto de la cultura burguesa. Es cierto: Mario Opazo se equivocó al anunciar públicamente lo que haría con el estímulo económico recibido. Pecó contra el undécimo mandamiento y ahora los críticos, con razón, le enrostran esta debilidad. No obstante, se sienta un pésimo precedente al creer que a la crítica le compete indagar, auditar o servir de veedora del estímulo económico otorgado a un artista en el premio Luis Caballero o cualquier otro semejante. La crítica no debe ofenderse o escandalizarse porque un artista reciba un estímulo económico. Al contrario: se regocija. No por el dinero en sí mismo –estiércol para el arte y los artistas–, sino porque este estímulo representa un avance en la transformación del pensamiento en el artista. Más legitimidad no puede tener este tipo de incentivos. Los artistas ya tienen suficiente con la marginalidad que deben padecer por persistir estoicamente en su vocación de verdad. (Es un error preguntarle al artista: ¿en qué consiste la verdad de la que habla? En el pasado, Pilatos indagó sobre ello durante una puesta en acción memorable para el cristianismo. Ya sabemos la respuesta que recibió el Cónsul. El artista se equivoca cuando argumenta sobre la verdad de su pensamiento. Puesto ante la verdad o requerido a dar cuenta de ella, solo queda el silencio. Los artistas se equivocan cuando deciden investigar para dar cuenta de una verdad que es indecible en una época que no tiene interés ni sensibilidad por la verdad).

    La crítica debe centrarse en los méritos plásticos y visuales de los artistas, acompañarlos en sus fugas, en sus desequilibrios que no son otra cosa que posibilidades futuras para toda una generación u época, en mostrar sus debilidades, en señalar los caminos esbozados en cada contraproyecto. Esbozar es todo lo que hace un artista auténtico y eso es suficiente, pues, es inmodesto pretender más. Contraproyecto es aquella estrategia que implementa el artista para fugarse de lo sabido y convenido en los Institutos de Artes, para comenzar a balbucear un nuevo lenguaje durante su búsqueda personal, es aquella estrategia que no pretende señalar caminos, pero que sin embargo los abre, a su pesar, con su creación, la cual el artista auténtico nunca aborda como investigación. Al contrario, los investigadores en el campo del arte hablan con pseudoclaridad desde el comienzo, o pedantería que es lo mismo. De antemano tienen el dominio de la verdad que ha dejado de ser verdad en sus manos. Así de superficiales, inmodestas e ingenuas son «las investigaciones en el campo del arte». La investigación en artes con fines de creación es mediocridad, es una mascarada de arte contemporáneo, es incompetencia para pensar. Los artistas son creadores, abredores de caminos, no se preocupan por especular si aquellos caminos conducirán a algún lado. Al contrario, es deber de la crítica señalar, hipotéticamente, el destino de esos caminos. El artista debe producir obra, debe mantenerse al margen de la crítica y resistir la tentación de escribir la Historia. Tanta indecencia no es tolerable, así habitemos el país de la indecencia y la estupidez.

    Hemos hablado ya en otras oportunidades de los méritos del trabajo de Mario Opazo en el Luis Caballero. Para tratar de poner el punto final a esta crítica polifónica entre Salazar, Arcos-Palma y Ospina, digamos que Opazo en su propuesta traza cruces prolíficos entre lenguajes que a futuro pueden dar origen a contraproyectos que satisfagan mucho más a los estetas escépticos. Su mérito consistió en convocar en torno a su presencia discursos diversos y contraponerlos para producir chispas entre ellos, y en la crítica en su intento de construir sentido. Música, poesía, video, escultura y readymades constituyen una polifonía y en esta misma medida debe responder la crítica, de manera polifónica. Eso hemos intentado realizar en Esfera Pública. Creo que lo hemos logrado. El crítico no debe dejarse distraer por lo superficial que pulula en todo trabajo artístico, –que debe contener todo trabajo artístico para que se note mucho más su pensamiento. El crítico contemporáneo debe buscar en la totalidad de la obra la parte de la propuesta que piensa y olvidarse de lo demás. El crítico modernista hace lo contrario porque no tiene sensibilidad para el pensamiento. En Expulsados del Paraíso, esa parte es el cuerpo del artista. Éste es el corazón del contraproyecto de Opazo. Al igual que los egipcios, los artistas también creen que los hombres y las mujeres pensamos con el corazón. Por su puesto, los investigadores en el campo del arte contemporáneo se ufanan en la idea de que piensan con el cerebro, como si este pudiera pensar por sí solo.

    Son muchas las personas a las cuales les oímos hablar sobre la importancia de las intervenciones críticas en Esfera Pública. Consideran que se han refrescado y oxigenado los cotos de caza de nuestra aristocracia estética, así los administradores de los administradores de lo bello no se den por enterados, o finjan vivir un mundo diferente. ¡Peor para ellos! No cabe duda, estas críticas han enriquecido el panorama artístico en Colombia. El debate en torno a ideas es lo que diferencia una propuesta contemporánea de otra moderna. No obstante, no es que los artistas planteen ideas para que la crítica debata sobre ellas, pues, esta estrategia la implementan de manera privilegiada los filósofos que realizan investigación para hacer debates. (Por supuesto, al igual que el arte, no todos los filósofos hacen investigación. Hay filósofos que piensan). Los artistas no plantean ideas porque no hacen investigación, porque lo suyo es crear; al contrario, los signos movilizados en las propuestas meditadas con cuidado, logran suscitar en los espectadores ideas que se manifiestan en ellos como emoción. Contrario a lo que creen aún algunos filósofos cartesianistas, pensar es emocionarse, apasionarse. Pero quien se apasiona no es el artista, éste no puede hacerlo sin echar a perder su trabajo. Los apasionados son sus espectadores, los que padecen la herida de la verdad que el artista intuye y medio esboza en un gesto. Toda obra se realiza como gesto agónico.

    Llamamos poético a este apasionamiento del espectador por el barruntamiento de la verdad; el sentimiento que llamamos poético no tiene que ver con el oficio de articular versos. Si la propuesta de Opazo ha sido considerada poética, es en este último sentido y no en el sentido de que el artista emule, de manera esnobista, a Juan Manuel Roca. No obstante, esta poética en las ideas suscitadas en el espectador se leen. Comprender es leer. Si en un trabajo artístico se nos ofrece algo que comprender, debemos saber leer los balbuceos en los gestos agónicos de los artistas. Balbuceos, porque las propuestas inéditas, exploran nuevos lenguajes que sólo con el tiempo y mucha práctica aprendemos a articular, a determinar su gramática y a destilar su sentido. No es poco cosa el aporte de la crítica. Las propuestas artísticas que no logran convertirse en lenguaje, es decir, que fracasan, no han tenido crítica.

    Paradójicamente y a nuestro pesar, Luis Caballero tiene poco que decir al artista contemporáneo, con razón muchos y muchas han indagado el por qué de esa denominación y por la razón de este anacronismo. País Anacrónico. ¿Otra estrategia para el mercado de las prácticas del arte? Así el Banco de la República compre toda su obra, sus Vitalicios no lograrán persuadirnos de que Luis Caballero comprendió lo que hoy denominamos arte contemporáneo; mucho menos de que la palabra es ajena a la producción plástica contemporánea. Es una simplicidad afirmar que el arte es para vérselo. Ospina mordió en la laguna equivocaba, tropezó de nuevo con la misma piedra. Él sabe que en el arte cobra existencia algo más: pensamiento. Querer acabar el arte por medio de la investigación es suprimir el pensamiento. Cuando hablamos de pensamiento hacemos referencia a escuchar como antesala del pensar. Cuando nos deleitamos en el ver nos quedamos enredados en el afuera que caracteriza el encierro que nos impone día a día la técnica. La visualidad pura en la experiencia estética determina la ausencia de pensamiento en la modernidad plástica. El arte contemporáneo se caracteriza por su voluntad de escuchar: por la necesidad de comprender tanta infamia que nos acosa y debe ser pensada. Ojalá más temprano que tarde llegue algún artista creativo a las facultades de artes de nuestro país y las despierte de su sueño dogmático inducido por la investigación en el campo del arte. ¿El Ministerio de Cultura podrá hacer algo por las artes en Colombia? ¿O también se solaza en estos microdogmatismos académicos? AVE, EVA: hola, adiós.

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