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Predicciones

Luego de un receso de fin de año y para dar inicio a sus actividades en el 2010, esferapública ha invitado a Guillermo Vanegas a ejercer la antiquísima ciencia de la predicción.

Enero:

Aunque quizá no esté presente para firmar su matrícula, un estudiante de arte recientemente encarcelado alcanzará a inscribir las materias que había pensado estudiar durante el primer semestre de este año. En la Universidad donde estaba estudiando antes de ser recluido se felicitan por la notoriedad que obtendrán mediante la aprobación (y exhibición pública) de ese procedimiento.

Posiblemente, muchos artistas bogotanos jóvenes presentarán sus propuestas para la convocatoria pública de un Lugar de promoción de arte contemporáneo en Cali. Allí se sorprenden por la acogida recibida desde el centro del país y, en algunas conversaciones, se preguntan: “¿qué es lo que sucede en Bogotá con las instituciones que patrocinan ese tipo de arte?”

Antes de concluir el mes, una artista e investigadora dictará una conferencia sobre la década que más conoce del arte colombiano: los años setenta. Tras repetir básicamente lo mismo que ha dicho en otras conferencias, ahora sí comienza a sonar cansada.

Febrero:

Tres probables triunfos para el arte nacional:

1.- En medio del clima electoral en que se encuentra el país, un artista destacado elabora una campaña exitosísima para un candidato adepto al mandato actual. Candidato y artista aparecen abrazados en algunas fotografías de prensa.

2.- Otro artista –esporádico compañero de juerga del artista antes mencionado- decide trabajar en la campaña de un candidato contrario al régimen actual. Mientras el político pierde estrepitosamente, el artista se impone gracias al respeto que tiene en nuestra tierra la fusión arte-publicidad. Comienza a diseñar libros para instituciones de todo calibre.

3.- Otro artista –de la misma generación que el artista antes mencionado, pero abstemio-, se empecinará en apoyar la carrera de algunos artistas jóvenes denunciándolos penalmente. El motivo de su disgusto se basa en el hecho de que muchos de estos artistas se han acercado a su obra para homenajearla (apropiándosela) o atacarla (apropiándosela). Los denunciados pierden el caso y su fama se dispara.

En alguna inauguración de una exposición de arte, artistas, críticos y profesores se preguntan por el destino del Premio Luis Caballero, luego de que se confirme finalmente la desaparición de la galería en que funcionaba y que inspiró sus condiciones iniciales (valga decir, poco respetadas por sus participantes). Algunos –en realidad, quienes se acercaban este año al rango de edad que se exigía en la convocatoria–, lamentan su perdida.

En otras inauguraciones, artistas, críticos y profesores se preguntan por el destino del Premio Botero, luego de que éste haya sido estrangulado por el mismo sujeto que le dio su nombre. Casi nadie dice nada al respecto, aparte de que nunca sirvió para gran cosa.

Marzo:

En la preparación para el  Segundo Encuentro de artistas más costoso que se ha realizado durante este siglo en Medellín (pretensioso, apresurado y sin proyección), algunos periodistas culturales deciden asociarse y proponer a sus organizadores el Premio Nacional de Periodismo Cultural. A sabiendas de que durante el año anterior colaboraron en la fabricación de opinión pública sobre arte contemporáneo local –explotando incansablemente algunos casos particulares-, buscan ahora obtener cierta legitimidad académica con base en este viejo recurso. Lo logra: las bases de la convocatoria se cuentan entre los primeros documentos del Encuentro en ser aprobados.

Quince días más tarde y, en gran parte, a consecuencia de que la opinión pública “considera” que su costo es exagerado y que, de cierta forma, ese Encuentro en un vehículo de propaganda de la alcaldía anterior en Medellín se cancela. Ningún periodista cultural se pronuncia.

Abril:

A pesar del embrollo que ha implicado desde comienzos de año la implementación de un  Palacio para las Artes y demás adefesios con los cuales se intenta dar un semblante menos pesaroso de la política cultural del Distrito Capital, se lanzan las convocatorias de artes plásticas de una cuestionada y generosa Fundación. La acogida es i-m-p-r-e-s-i-o-n-a-n-t-e.

Un país vecino le declara la guerra a Colombia. Siguiendo una tradición inveterada en la estrategia de guerra moderna, entre los primeros objetivos que planea bombardear su aviación se encuentran los museos de arte moderno y contemporáneo del centro del país. Fracasan en su misión (¿por qué iban a lograrlo, si no hay ni uno?).

Mayo:

Posiblemente en Medellín se organice una (otra) exposición de obras de Francisco Antonio Cano, una (otra) exposición de Débora Arango y una (otra) exposición de dibujos de José Antonio Suárez.

En Bogotá, se rinde (otro) homenaje a otro artista de la Generación Marta Traba.

Junio:

Tras muchas dudas y deliberaciones, el Museo más antiguo del país se asocia con una prestigiosa universidad privada bogotana para lanzar un Programa de Estímulo a Curadores Junior. En el corazón de muchos Curadores Sennior se incuban el resentimiento y la envidia (sin embargo, no deja de vérseles en las inauguraciones de las exposiciones resultantes de esta convocatoria, formulando frases estereotípicas de aprobación cada vez que se les pregunta sobre ello).

Julio:

Se emiten los resultados de algunas convocatorias de artes plásticas de una cuestionada y generosa Fundación. Como es costumbre, a pesar de que se declaran desiertos algunos premios, no se justifica la manera en que se reinvertirá el dinero. ¡Hay que mantener las tradiciones!

Una semana después, y de manera repentina, es lanzado por esa misma cuestionada y generosa entidad un concurso de intervenciones en espacio público cuyo tema sea… la independencia nacional! El primer premio lo recibe dos meses después un pintor de origen indígena bastante querido por algunos expresidentes colombianos. La videoescultura que presenta recibe excelentes calificaciones por parte de público y crítica especializada (miles de visitantes van a ver la maqueta de la pieza que se exhibe en el vestíbulo de algún auditorio del centro de Bogotá, artículo de cuatro páginas a cuatro tintas en la principal revista de arte colombiano con base en Miami).

Septiembre:

A pesar de la evidente crisis económica en algunos círculos de consumo de obras artísticas, se lanzan las ferias de arte de Bogotá proclamando al final algunos triunfos de cotización. A pesar de que la gente no pueda confirmar si esa información es cierta o no, el consenso general será el de que las fiestas que organizaron algunas galerías se contarán entre las mejores del año.

Octubre:

Las más atrevidas propuestas visuales se presentan en el marco de la curaduría organizada por una Fundación con Corazón de color vegetal y curada por una persona que superó los sesenta y cinco años. El tema propuesto para esta ocasión será… la independencia nacional!

A un año de haber sucedido en un Salón Regional de Artistas en Armenia, el caso de la censura que se ejerció contra una obra allí presente no ha sido resuelto. El afectado ni siquiera ha conocido la versión oficial de los hechos (y tampoco sufre mucho por eso).

Luego de muchos problemas logísticos se inaugura el principal Salón de Arte del país, que recibe una nutrida asistencia de parte de turistas nacionales y extranjeros.

Noviembre:

No pasa nada.

Diciembre:

Navidad y vacaciones.

Guillermo Vanegas

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