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Premio de la Crítica a El siluetazo

La semana pasada se anunciaron algunos reconocimientos –Premios a la crítica 2007/2008– otorgados por la Asociación Argentina de Críticos de Arte (AACA), y entre los cuales figura el premio a la mejor publicación del 2008 (investigación) al volumen compilatorio El Siluetazo, editado por Ana Longoni y Gustavo Bruzzone. Más allá de señalar el mérito ante el notable trabajo editorial y la investigación realizada, o de la mera celebración ante el premio, es significativo advertir el particular desplazamiento que allí parece operar en tanto no se trata propiamente de una publicación de arte sino una reunión de documentos, textos y entrevistas con sociólogos, historiadores, periodistas, docentes, activistas, las propias madres de Plaza de Mayo y claro también artistas involucrados, entre varios otros actores y protagonistas durante los últimos 25 años. Es interesante recordar que las acciones recordadas bajo el nombre del Siluetazo a inicios de los 80 (el trazado de la forma vacía de un cuerpo a escala natural sobre papeles para luego ser pegadas en los muros de la ciudad como forma de representar “la presencia de una ausencia”) se originan principalmente como una manifestación que otorga potente visualidad –quizá la mayor a inicios de los 80– al movimiento de derechos humanos en Argentina, y que se multiplica y reproduce hasta el presente a través de la producción incesante de siluetas de una multitud anónima en las distintas marchas de protesta. Es también significativo pensar que aquella experiencia se haya mantenido relativamente al margen tanto de los recuentos de la propia historia del arte como de la propia historia política. En esas coordenadas tal vez el reconocimiento sobre el libro (y sobre el Siluetazo mismo) podría ser leído como algo más que la mera artistificación de lo político, y en cambio podría permitirnos volver sobre la capacidad de la práctica estética de poner en duda y redefinir permanentemente sus contornos, sus modos de hacer y sus formas de intervenir en lo común.

Recupero una frase de Longoni sobre la experiencia: “Los primeros Siluetazos (septiembre de 1983 a marzo de 1984) señalan uno de esos momentos excepcionales de la historia en que una iniciativa artística coincide con una demanda de los movimientos sociales, y toma cuerpo por el impulso de una multitud. Implicó la participación, en un improvisado e inmenso taller al aire libre que duró hasta la medianoche, de cientos de manifestantes que pintaron, pusieron el cuerpo para bosquejar las siluetas, y luego las pegaron sobre paredes, monumentos y árboles, a pesar del dispositivo policial imperante. En medio de una ciudad hostil y represiva, se liberó un espacio (temporal) de creación colectiva que se puede pensar tanto como redefinición de la práctica artística como de la práctica política.”

Hace algunos meses atrás se publicó también en el diario La Vanguardia un dossier a propósito de la salida del libro, y cuyos textos pueden leerse aquí (Xavier Antich), aquí (Marcelo Expósito) y aquí (Miguel López).

Aquí también una pequeña nota que anuncia el premio sobre el Siluetazo en Página 12, y aquí la lista entera de los premios. Me gustaría destacar además el premio a la publicación del 2007 al libro “Noescritos” de Luis Felipe Noé por la editorial Adriana Hidalgo; el premio al texto curatorial del 2008 de Roberto Amigo por “Las armas de la pintura. La Nación en construcción”; y el premio a la investigación en artes visuales del 2007 por la exposición “Arte Nuevo en La Plata 1960-1976″ por Fernando Davis, María Cristina Rossi, María de los Ángeles de Rueda y María Florencia Sánchez Guerrini. Publicado

publicado por Miguel López en Arte nuevo