Quantcast

Los críticos pasan pero los artistas quedan

A una semana de culminar la gran encuesta sobre artes plásticas, los editores generales de Con-Fabulación (Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio) entrevistaron a uno de los protagonistas de la plástica colombiana, el peruano Armando Villegas (Pomabamba, Perú, 1926), figura fundamental de nuestro acervo imaginario. En esta febril conversación, el artista residente en Bogotá desde 1951, quien tiene en sus preseas el haber concebido uno de los íconos de nuestra memoria colectiva -su famoso y reproducido guerrero-; arremete contra los mitos consagrados de la contemporaneidad nacional (Botero, Grau, Manzur) y acude a su vasta experiencia académica para proponer la cada vez más necesaria pedagogía de la libertad.

En el sentido dado por los románticos el arte debe ser la adición de la vida con los artilugios estéticos de su autor, ¿desde esa perspectiva se podría decir que Colombia ha tenido muchos pintores pero muy pocos artistas?

Un pintor o un dibujante es quien conoce la técnica, pero un artista debe contener un cosmos estético en su interior. Para él no es posible enfrentarse a su obra sin haber indagado previamente en las revoluciones de la plástica acontecidas desde las cuevas de Lascaux hasta nuestro tiempo, y lo más importante, sin dejar en cada una de sus creaciones la impronta de su feliz o perturbada existencia. El artista es por tanto quien involucra en su arte la poesía, quien hace de su expresión un hecho poético, porque lo posee la aguda conciencia de que su obra no es un simple accidente, sino un proyecto vital.

Usted ha declarado que al llegar a Colombia lo sorprendió un arte parroquial, ajeno a todas las vanguardias…

Cuando llegué en 1951 este país padecía de un arte complaciente, decorativo. Ya habían transcurrido cuarenta años o más de las renovadoras vanguardias en el mundo y aquí aún estaban dedicados al paisajismo y a un impresionismo tardío. Algunas décadas habían pasado de un arte impulsado por Klee, Kandisnky y Malevich donde se marginaba la figuración, y aquí los artistas tenían como meta estudiar en la Escuela de San Fernando en Madrid, en la que imperaba la ortodoxia. Ricardo Borrero, Roberto Pizano y Epifanio Garay eran excelentes cultores de una técnica pero a su vez exponentes de un anacronismo creativo. Fueron pintores academicistas que no investigaban las complejidades de lo cromático ni proponían formas nuevas y que olvidaban nuestro entorno cultural. Andrés de Santa María, por ejemplo, fue un artista impresionista cuando este movimiento había desaparecido hacía algunas décadas en el mundo. El arte colombiano era un escenario de momias, era el mausoleo de las corrientes ya superadas en Occidente. Por eso resulta fundamental la década del cincuenta donde se propiciaron corrientes más universales, pues en ella por primera vez la plástica intenta nivelarse con las manifestaciones renovadoras del resto del planeta y asistimos a la consolidación de artistas venidos de otras latitudes que decidieron arraigarse en este país, dejando un legado importante, como Obregón y Wiedemann.

¿Cree que la gloria de Botero es equiparable con su grandeza artística, por su versatilidad como pintor, dibujante y escultor?

Es importante resaltar que Botero es ante todo un dibujante. En sus inicios se aproximó a la pintura de Piero della Francesca, y tomó el color de Paul Cezanne, sin embargo él jamás crea un problema pictórico. Por otra parte tampoco es un escultor, pues alguien que lleva sus dibujos a tres dimensiones no es representativo de este arte; escultor es quien se enfrenta a los problemas intrínsecos de la materia, del volumen; no quien traslada una imagen a un arte convergente. Recuerdo que cuando yo conocí a Botero –él fungía como Secretario de Cultura– y estaba muy preocupado por imitar a Modigliani y lo hizo en su sentido opuesto, aumentando sus formas, pero así mismo despojándolas del erotismo y del misterio, lo cual me parece bastante radical. Repito, él simplemente colorea sus dibujos, usando el mismo procedimiento del niño que aprende en sus cartillas, pero no se enfrenta a las complejidades impuestas por lo cromático.

¿Y cómo describiría a Obregón?

Obregón quiso emitir una actitud contraria a lo que era, Alejandro siempre fue una persona tímida y proyectaba una furia y una pasión desenfrenada. Él estaba empeñado en reproducir en Colombia la bohemia parisina que celebraron los artistas en Montmartre a comienzos del siglo XX y su actitud le debió parecer a muchos por lo menos insólita. Él propendía por una vida abierta y en sus embriagueces más famosas su actitud era casi delincuencial. Era un pintor con indudables recursos, con poderío cromático. Y aunque todos conocemos sus desmesuradas anécdotas, en una ocasión mientras escanciábamos licor me dijo apoyándose en su mirada acerada: “Si tú no fueras buen pintor te habría arrebatado a tu mujer”; al escucharlo me quedé perplejo y pensé por primera vez que el arte me había servido para algo.

Conocemos sus controvertidas opiniones sobre Enrique Grau…

Grau fue un intelectual cuyo trabajo partió de la figuración expresionista con una técnica refinada, no obstante me parece que es un artista “señorero”, proclive al deleite de la burguesía, aunque haya logrado imponer su figuración en el inconsciente colectivo, lo cual es notable… Grau nos ofrendó a su “Rita”, Arenas Betancourt a su “Bolívar desnudo”, Obregón insertó en nuestra memoria cóndores y su pincelada furiosa, Rayo sus cuerpos geométricos en preciso equilibrio, Botero inoculó a su “Pedrito” y a sus gordas en el imaginario mundial. Y todo aquello se gestaba en la década del cincuenta. Luego, de manera menos visible, podríamos agregar que Eduardo Ramírez nos heredó sus simetrías metálicas, Leonel Góngora sus “Bogotánicas”, el barranquillero Ángel Loochkartt insertó en nuestra tradición estética sus congos del carnaval, Negret sus árboles rojos… Y yo creé a mis “guerreros” como todos saben, que son retratos imaginarios, verdadero realismo fantástico, que ya hacen parte de nuestra iconografía. En cuanto a ellos se me ha acusado de que se repiten, pero yo opino lo contrario. Es como pintar una nube: siempre están en continua transformación. Además, algunas veces he pensado, que en el acto de perseguir las mismas y cambiantes formas –como la gota de agua en la roca- es donde radica la permanencia de un artista, es allí donde le es posible plasmar un trazo en la memoria de nuestros contemporáneos.

¿Y David Manzur con sus San Sebastianes, podría insertarse en esa comunidad icónia?

Sí… Sin embargo éstos carecen de energía. Manzur en sus comienzos estudiaba para ser actor y cayó en la pintura por accidente. Es un dibujante que conoce bien su oficio pero carece de identidad, de espíritu, sus figuras son huecas, deshabitadas. Él plantea un regreso al Medioevo que nada tiene que ver con nuestra torturada y fascinante América Latina.

¿Y cuál es su opinión sobre Omar Rayo?

Rayo plantea un arte con una conducta singular, que viene del neoplasticismo de Piet Mondrian y del húngaro Vasarely, pero me parece demasiado analítico. En Manuel Hernández, siguiendo mi empecinada crítica, ocurre que por magnificar erróneamente sus formatos cargados de una gran interioridad arruina su poderío expresivo. Hernández es mejor en pequeño formato.

¿Qué piensa de Fernando de Szyszlo y su exploración en las raíces precolombinas?

De Szyszlo transformó el concepto del arte moderno en el Perú, es un hombre muy culto, no obstante a veces parece utilizar una estratagema para deslumbrar y los títulos de sus cuadros provenientes de la cultura ancestral son una impostación. No podemos olvidar que él tiene ascendencia polaca y que no es quechua-hablante como yo, por lo cual su exploración en las raíces peruanas no es muy auténtica. Como si fuera poco muchas de sus obras parecen una farsa cromática del arte Inca.

¿Cree que América Latina ha tenido un artista universal?

Nunca hemos tenido un artista genial exceptuando al uruguayo Joaquín Torres García, quien sería el gran maestro de la abstracción y con cuyo legado yo vine a Colombia…

¿Y los muralistas mexicanos no le parecen lo suficientemente significativos?

Orozco, Rivera, Siqueiros, constituyen una escuela extraordinaria donde el dibujo imperaba sobre la pintura, pero en ocasiones su arte era tan sólo testimonial. Quien más se acercó a la genialidad fue Rufino Tamayo, un extraordinario artista.

Usted es considerado por algunos críticos como el precursor del abstraccionismo en Colombia…

Es curioso, la gente siempre piensa en Wiedemann, lo cual es falso. Cuando conocí a Guillermo, éste era un artista figurativo y desdeñaba de la abstracción. Fue por consejo de su esposa Cristina que exploró en aquel territorio que le parecía facilista. Sin embargo creo que su arte es anecdótico, porque se puede ser anecdótico en el arte abstracto, lo cual muchas veces se ignora. En Colombia yo comencé la investigación en contra de lo figurativo con Eduardo Ramírez Villamizar y Guillermo Silva Santamaría. En 1958 obtuve el segundo puesto en el Salón Nacional de Artistas con un cuadro abstracto, y era la primera vez que alguien concursaba con una obra de ese tipo en este país de paisajistas. Es propicio añadir que el arte abstracto se ha prestado para muchas especulaciones, pero el mandamiento es el siguiente: “Nunca creas en un artista abstracto que no sepa dibujar”.

¿Cree que la brújula del arte colombiano está privilegiando en nuestros días los nombres que Marta Traba excluyó?

Es indudable. Toda ola tiene su resaca y la gente comprendió finalmente que ella opinó con beligerancia sobre un corpus que estábamos construyendo con dificultad varios artistas. Ella no inventó nada. Como a tantos artistas, a mí primero me elogió y luego me persiguió, pues era ciclotímica. Cuando llegó a Colombia, artistas como Acuña, Rómulo Rozo quien exploraba en lo precolombino y Marco Ospina en el cubismo, y todos los mencionados antes en esta entrevista, ya estábamos configurando nuestro universo imaginario. Pero con el tiempo uno pierde la memoria –o se vuelve lúcido– y advierte que existen falsos profetas y que el eclipse que pretendió instaurar la crítica argentina ya se diluyó.  Mi relación con ella culminó un día en que le esgrimí esta sentencia para defenderme de sus improperios: “los críticos pasan pero los artistas quedan”; y eso hoy a mis 83 años me parece categórico.

Usted trabaja en una extensa serie de pequeñas esculturas en material reciclado, ¿por qué esa idea de realizar una gigante colección de objetos de gran fragilidad?

Todo comenzó un día en que mi “guerrera” preferida –mi esposa Sonia Guerrero- me instó a abandonar mis fieles guerreros por un tiempo para dedicarme a la creación de estas figuritas de madera, trapo o chatarra reciclada, que ya casi llegan a las 1.001 según lo proyectado, siguiendo el rumbo instaurado por la inolvidable Sherezada. Me quedan algunos meses de trabajo para concluir esta lúdica y dispendiosa aventura que será expuesta el próximo año en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, que ahora ha sido reducido al MaMBo, como si fuese un género musical.

Durante décadas ha ejercido la pedagogía, dictó clases en varias universidades e incluso fue director de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia, ¿usted cree que es posible enseñar una disciplina artística?

El color indica peligro o placidez e ignoro si eso es posible enseñarlo. El dibujo requiere de cierto virtuosismo que se puede aguzar y supongo que esto es probable aprenderlo. Tal vez podemos guiar a alguien para que logre provocar el asombro, con formas y colores, pero sospecho que lo más importante es que el maestro consiga ayudar al alumno para que encuentre su liberación, que además de dar claves técnicas pueda transmitir su insurrección interior. Se me hace imperioso decirlo para concluir: El maestro debe propagar siempre en sus clases una pedagogía de la libertad, de otra manera habrá esculpido en el viento.

Y la encuesta continúa…

Museo Arte Erótico Americano MaReA y Con-Fabulación Periódico Virtual

Nuevamente logramos sintonizarnos con nuestros más de 70 mil lectores, gracias al recurso infinito de la lúdica, lo grácil y lo trascendente; comunión por vía simpática. Nuestra gran encuesta y divertimento para encontrar los 33 grandes artistas de la historia plástica colombiana, se convirtió en un pretexto para refrescar emociones, retrotraer inclinaciones, desenterrar amores y hundirse en el abrazo de las imágenes y los grandes cuadernos de viaje de nuestros artistas. Hasta el instante hemos recibido 342 listas y seguimos esperando para la deliciosa, casi carnal, edición en la que entregaremos los resultados. Hay que decir que, para nosotros, todos los pintores, escultores, arquitectos, perfomancistas, fotógrafos y caricaturistas son invaluables, y hacen parte de un concierto, sin el que pasaríamos nuestros días más solos, menos confortados y sin la inderrotable esperanza en un luminoso horizonte. Vale la pena recordar que esta encuesta será compilada posteriormente en el libro Con-fabulación 150.

A continuación publicamos una selección de las listas recibidas esta semana:

Eduardo Marceles Daconte (Escritor y crítico de artre)
1) Alejandro Obregón. 2) David Manzur. 3) Edgar Negret. 4) Ángel Loochkartt.
5) Nubia Medina. 6) Nadín Ospina. 7) Gabriel Beltrán.
8) Luis Monje. 9) Yolanda Mesa. 10) Jorge Olave.

Nadín Ospina (escultor)

1) Pedro José Figueroa. 2) José María Espinosa. 3) Ramón Torres Méndez.
4) Andrés de Santa María. 5) Debora Arango. 6) Alejandro Obregón. 7) Fernando Botero. 8) Beatriz González. 9) Doris Salcedo. 10) Oscar Muñoz.

Andrea Botero S. (Estudió Historia de Arte. Coleccionista de arte)

1) Luis Caballero. 2) Juan Antonio Roda. 3) Luciano Jaramillo. 4) Lorenzo Jaramillo. 5) Carlos Salas. 6) Fernando Botero. 7) Darío Ortiz. 8) Ramón Barba. 9) Edgar Negret. 10) Eduardo Ramírez Villamizar.

Amalia Ortega (escultora)
1) Rómulo Rozo. 2) Jim Amaral. 3) Eduardo Ramírez Villamizar. 4) Edgar Negret. 5) Fernando Botero. 6) Darío Morales. 7) Rodrigo Arenas Betancourt. 8) Manolo Colmenares. 9) Feliza Bursztyn. 10) Álvaro Barrios.

María Del Pilar Rodríguez (Asesora en comunicación, imagen y cultura).

1) Alejandro Obregón. 2) Norman Mejía. 3) Juan Antonio Roda. 4) Cecilia Porras. 5) Luis Caballero. 6) Enrique Grau. 7) David Manzur. 8) Angel Loochkart. 9) Doris Salcedo. 10) Umberto Giangrandi

Sandra Patricia Monroy (Psicóloga)

1) Alejandro Obregón. 2) Ángel Loochkartt. 3) Fernando Maldonado. 4) Jim Amaral. 5) Débora Arango. 6) Luis Caballero. 7) Augusto Rendón. 8) Leonel Góngora.
9) Pedro Nel Gómez. 10) Antonio Roda.

Rocío Gómez

1) Armando Villegas. 2) Alejandro Obregón. 3) Ignacio Gómez Jaramillo. 4) Guillermo Wiedemann. 5) Enrique Grau. 6) Débora Arango. 7) Luis caballero. 8) Doris salcedo. 9) Carlos rojas. 10) Carlos salas.

Isanella (Productora Audiovisual, España).

1) Alejandro Obregón. 2) Enrique Grau. 3) Edgar Negret. 4) David Manzur. 5) Carlos Rojas. 6) Luis Caballero. 7) Carlos Jacanamijoy. 8) Leonel Góngora. 9) Álvaro Herrán. 10) Fernando Botero

Miguel Moyano (dibujante y músico)

1) Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos. 2) Andrés de Santa María. 3) Sergio Trujillo Magnenat. 4) Juan Cárdenas. 5) Edgar Negret. 6) Luis Caballero. 7) Eduardo Ramírez Villamizar. 8) Juan Antonio Roda. 9) David Manzur. 10) Oscar Muñoz.

Jorge Eliécer Pardo (escritor y editor)

1) Epifanio Garay. 2) Débora Arango. 3) Alejandro Obregón.
4) Ignacio Gómez Jaramillo. 5) Darío Jiménez. 6) Leonel Góngora.
7) Antonio Samudio. 8) Saturnino Ramírez. 9) Doris Salcedo. 10) Darío Ortiz.

Aldemar González (poeta)

1) Alejandro Obregón. 2) Alfredo Vivero. 3) Ángel Loochkartt.  4) Leonel Góngora
5) Luis Caballero. 6)  Jim Amaral. 7) Fernando Botero. 8) Fernando Maldonado. 9) Edgar Negret. 10) Juan Antonio Roda.

Jairo Alberto Romero (D&D Galery)

1) Luis Caballero. 2) Darío Ortiz. 3) Fernando Botero. 4) Edgar Negret. 5) Doris Salcedo. 6) Eduardo Ramírez  Villamizar. 7) Epifanio Garay. 8) Omar Rayo. 9) David Manzur. 10) Manuel Hernández.

Marta Zúñiga de Siegert (Arquitecta)

1) Enrique Grau. 2) Luis Caballero. 3) Oscar Jaramillo. 4) Darío Morales. 5) Alejandro Obregón. 6) Gonzalo Ariza. 7) Viviana Vélez. 8) David Manzur. 9) Gonzalo Zúñiga. 10) Cecilia Herrera

Olga Rojas (Doctora en Semiótica)

1) Luis Caballero. 2) Ángel Loochkartt. 3) Fernando Maldonado. 4) Leonel Góngora. 5) Armando Villegas. 6) Eduardo Esparza. 7) Débora Arango. 8) Heriberto Cogollo. 9) David Manzur. 10) Darío Morales.

Martha Jaramillo Ortiz (coleccionista de arte)
1) Omar Rayo. 2) Fernando Botero. 3) Gregorio Cuartas. 4) Guillermo Wiedemann. 5) Carlos Granada. 6) Juan Cárdenas. 7) Luciano Jaramillo. 8) Pedro Alcántara Herrán. 9) Armando Villegas. 10) Augusto Rivera.

Francisco Díaz Perdomo (Historiador)
1) Epifanio Garay. 2) Ricardo Borrero. 3) Ricardo Acevedo Bernal. 4) Andrés de Santa María. 5) Pedro Nel Gómez. 6) Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos. 7) Guillermo Wiedemann. 8) Ignacio Gómez Jaramillo. 9) Leonel Góngora. 10) Feliza Bursztyn.

Hernán Acosta (Antropólogo y profesor de arte)
1) Leonel Góngora. 2) Umberto Giangrandi. 3) Lorenzo Jaramillo. 4) Darío Ortiz. 5) Heriberto Cogollo. 6) Enrique Grau. 7) Carlos Granada. 8) Doris Salcedo. 9) Omar Rayo. 10) Fernando Maldonado.

Freddy Martínez (psicólogo y amante del arte)
1) Armando Villegas. 2) Olga de Amaral. 3) Lucy Tejada. 4) Germán Londoño. 5) Fernando Botero. 6) Edgar Negret. 7) Jim Amaral. 8) Rómulo Rozo. 9) Ignacio Gómez Jaramillo. 10) Rodrigo Arenas Betancourt.

comentarios

Una opinión sobre Los críticos pasan pero los artistas quedan

  1. Ricardo Arcos-Palma 2009/12/04 at 8:39 am

    Entrevista interesante pues nos muestra como la generación del Maestro Villegas, tragó entero la idea que en Colombia no pasaba nada en materia de arte, antes de la década de los cincuenta, es decir antes de su llegada y la consecuente consagración de su generación, por parte de la crítica de arte; paradoja irrefutable de la labor del crítico, que se ha seguido repitiendo con sus virtudes y defectos hasta nuestros días; lo mismo se podrá aplicar con la generación de los noventa que se reclama de una genalogía de los artistas de los setenta pero ignorando en lo posible a la generación de la que hace parte el maestro Villegas, pues cree que estos artistas (pintores y escultores) ya son pasados de moda.

    El maestro Villegas, hace eco a lo que la crítica de arte del momento repetía hasta el cansancio, lo que demuestra que la crítica si influyó en algo en el mundo del arte y en los artistas, así hoy sepamos que su mirada no fue del todo acertada: el arte moderno se inicia en Colombia en la década de los cincuenta. Por fortuna hoy sabemos que eso no fue así, gracias a la labor investigativa y pedagógica de historiadores como Ivonne Pini y Álvaro Medina, que ha sido asumida por jóvenes historiadores como Christian Padilla, quien con su tesis de pregrado en artes “La llamada de la tierra: el nacionalismo en la escultura colombiana”, publicada a manera de libro luego de haber ganado el premio de ensayo de autor en el 2007 de la secretaria de cultura, logra poner en evidencia que la Modernidad sí había hecho su camino en Colombia, en una generación de artistas que precisamente la crítica de arte de los años cincuenta y sesenta ignora por completo: la generación de los 20-50 del siglo pasado: entre quienes se encontraban Rómulo Rozo, Luis Alberto Acuña, Ramón Barba.

    Esta investigación logra demostrar que los artistas de la nueva generación de los cincuenta, entre los que se encuentra el maestro Villegas, en su inicios deben mucho, conceptual e incluso formalmente, a la generación anterior; ahí están las obras para comprobarlo.

    Ahora bien, su idea de que los críticos pasan y los artistas quedan, es sin duda polémica. Yo diría que los críticos, tanto como los artistas pasan los dos, pues de inmortales hasta hora no se ha conocido el primero. Pero si podemos afirmar que la crítica (crítica) y las obras de los artistas (de algunos) si perduran. La crítica de arte, no puede seguir apuntalando artistas o destruyendo, esto hace parte de la transformación propia de esta labor: la crítica crítica debería posibilitar un diálogo entre un público y la obra de determinado artista y en casos específicos entre el crítico y el mismo artista como recientemente sucede con el texto de Jorge peñuela a propósito de la obra de Beltrán Obregón.

    Esto demuestra que la crítica de arte no es infalible y es cuestionable, pues al fin y al cabo es un punto de vista, entre muchos otros. Para algunos artistas lo que diga o no la crítica les es indiferente, para otros no tanto, pues logra que su obra se haga visible aún más en la Esfera Pública, más allá del terreno puramente expositivo, pues para los críticos no le son indiferente las obras de arte.

    Los críticos y los artistas pasan, pero los textos críticos y las obras de arte que alguna vez se relacionaron, no pasan y configuran de una u otra manera, el contexto del arte. La foto que encabeza la entrevista que le hacen al maestro Villegas, es una de las varias que se tomaron al grupo de “Los 6 grandes” que hirían en representación de Colombia a la Bienal de São Paulo en 1959, como da cuenta la revista Semana N° 663 de septiembre de ese año(1). Dicha selección fue realiza por Marta Traba. Es por eso que Villegas, así años más tarde haya sido excluído de ese grupo por disputas entre la crítica de arte y él, como lo deja ver su entrevista, puede seguir diciendo lo que dice hoy y su obra esté posicionada donde está.

    En lo que si podemos estar de acuerdo con el maestro, es que el arte no se enseña y la crítica de arte hace parte de esta sentencia; para tomar prestadas las palabras del maestro Villegas, la crítica de arte hace parte “de la pedagogía de la libertad”: es un libre ejercicio o al menos debería intentar serlo.

    (1)Padilla, Christian. Obra citada, p. 226.