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Crítica a la crítica

Artículo enviado a esferapública por Ricardo Arcos Palma
Expertos y académicos en artes dictan en La Paz un taller de “crítica a la crítica”, un intento por estimular, perfeccionar y masificar la sana práctica de la abstracción ante las propuestas de creatividad cultural. Fondo Negro adelanta criterios, conceptos, necesidades y ofertas de este taller extraordinario.En Bolivia no hay una academia para la crítica del arte y, como en casi todo el mundo, las posibilidades en esta categoría de reflexión y convalidación son restringidas, limitadas y demasiado susceptibles a la subjetividad.

Los medios de información dedican poco espacio y tiempo a las expresiones culturales y eventos artísticos; al ser escaso —relativa y prácticamente— el consumo de arte, la inversión, la empresa y la iniciativa en esta área se limita en extremo. No obstante, no por ello deja de crearse, y por consiguiente, mientras haya un hombre o mujer que pinte un cuadro, escriba un libro, componga una melodía o un poema, la invitación a opinar, aprobar, disentir, aportar o rectificar —ojalá siempre bajo parámetros estrictamente estéticos— estará latente.

La revista OtroArte —editada por el colectivo Camaleón Rojo—; las carreras de Literatura, Artes, Diseño y Música de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) de La Paz; el Conservatorio Nacional de Música (CNM); la Academia Nacional de Bellas Artes (ANBA) y la Fundación Cinemateca Boliviana organizan “Crítica a la crítica: seminario taller introductorio a la crítica de arte”, que empezó el pasado miércoles (aunque aún se reciben inscripciones) y culminará el 16 de diciembre

“Introduciremos —dice Silvio Mignano respecto de este taller— una categoría peculiar de crítica, que utilizará la propia crítica como objeto de análisis. Reflexionaremos sobre su papel, sobre su función, su desarrollo, sus logros y debilidades, y sus perspectivas futuras. De alguna manera, haremos una operación epistemológica”.

Las clases, que se dictan en ambientes de la Cinemateca, están dirigidas a docentes, profesionales, estudiantes, gestores culturales, periodistas, comunicadores sociales y público interesado.

Mauricio Souza, Marcelo Villena, Roberto Valcárcel, Cergio Prudencio, Silvio Mignano, Adolfo Cárdenas, Rodrigo Bellott, Juan Carlos Orihuela, Gilmar Gonzales y Camila Nicolini serán los encargados de dictar —según su especialidad— talleres sobre artes plásticas, música, literatura y cine.

Dejemos, pues, que —en estas páginas— tres de los docentes de este interesante seminario nos den pautas sobre el contenido de sus enseñanzas y adelanten sus puntos de vista en torno de lo que es la crítica, cómo debe ser un crítico y qué herramientas son necesarias para embarcarse en esta misión.

A continuación, Esperanza Téllez, directora del CNM, explica detalles sobre los objetivos, motivaciones y la gestión en sí de esta iniciativa; y en los apoyos de esta página, Silvio Mignano y Marcelo Villena dan sus pareceres en cuanto al tema en cuestión.

—¿Cómo se gestó y concibió este seminario taller?

—La revista Otro Arte ha generado, además del denominado colectivo de instituciones que la patrocinan, varios canales complementarios a este espacio dedicado al arte contemporáneo y al “Otro arte”.

La propuesta del taller responde a las necesidades de la propia revista, de su proyección y sostenibilidad; es decir, promover el oficio, cambiando la perspectiva hacia el arte que se practica en la actualidad.

La formación de los artistas y de los públicos es igualmente importante y ocupará la atención del colectivo en la siguiente etapa.

—¿Cuáles son sus fines y objetivos?

—Caminar en sentido opuesto a la tendencia social, cultural y educativa que promueve y valora las tradiciones artísticas validadas desde la diferencia y la jerarquización. Propiciamos la comprensión reflexiva y crítica de las diversas manifestaciones del arte, así como de las tendencias y repercusiones de la crítica en nuestro medio.

Pretendemos llegar al público joven, a los docentes de artes y a los propios artistas; potenciales críticos todos ellos.

—¿Se hace crítica en Bolivia: poco, mucho nada… y cómo? ¿Hay más crítica literaria, de artes plásticas, de cine, música?

—La crítica de arte en Bolivia no es proporcional ni coherente con la dinámica artística actual, caracterizada por la irrupción de manifestaciones y expresiones que estuvieron cubiertas por un velo, marcadas por estereotipos y accesibles sólo a los especialistas… Es decir, hay poca crítica de arte y generalmente la que se aprecia en los medios escritos es sólo descriptiva en un alto porcentaje.

Creo que la crítica literaria lleva la delantera, seguida de la de cine (un fenómeno reciente), la de artes plásticas y la de música; esta última casi inexistente.

—¿Cuál es la necesidad de crítica en arte en el medio local?

—La de propiciar una apertura cada vez mayor hacia las artes contemporáneas, para establecer los puentes que puedan conducirnos a un mejor conocimiento de las estéticas actuales.

Crear un pensamiento crítico, a través del conocimiento, la comprensión, la valoración e identificación con las estéticas de vanguardia.

Debemos superar el gusto estético detenido en las parcelas del mundo de las artes occidentales del siglo XIX y la excesiva carga valorativa existente para las manifestaciones artísticas peligrosamente funcionales a un orden social y cultural determinado desde fuera.

—¿Qué formación deben tener los que hacen crítica?

—Una formación que combine el desarrollo de la sensibilidad, la información actualizada, la inteligencia para integrar los elementos simbólicos del arte, la contextualización de las expresiones artísticas y, por supuesto, las herramientas del lenguaje que hagan accesibles los mensajes a un público cada vez mayor.

Silvio Mignano: “Se necesita un pacto entre autor y público”

—¿Qué entiendes por crítica de arte?

—Es una expresión compleja que no se puede definir de manera unívoca: claro que básicamente el crítico describe la obra, la valora, la juzga, propone su comentario al público. Sin embargo, a partir de los años 70 —gracias sobre todo al italiano Achille Bonito Oliva—, el crítico se ha convertido a menudo en un actor del arte contemporáneo, un promotor de temas estéticos, casi un creador artístico.

Esto y más es hoy en día la crítica de arte, que puede involucrar reflexiones históricas y sociales, o puede partir desde el punto de vista de un escritor, de un narrador, de un poeta.

—Según esta tu definición, ¿se hace crítica en Bolivia?

—Me parece que se hace poca crítica de arte, y que sobre todo falta un sistema complejo de interrelaciones entre los distintos actores de este universo. Son muy pocos los medios dedicados al arte contemporáneo, es poco el espacio reservado a este último en los medios de información. Creo que hay un espacio mayor para la crítica musical y cinematográfica, mientras que la literaria está creciendo y ganando más protagonismo.

—¿Cuál es la situación en relación con otros países?

—Es difícil generalizar. Claro que hay países, como Estados Unidos, Francia, Alemania o Suiza, donde el espacio dedicado a la crítica de arte contemporáneo está históricamente consolidado. En Italia, debido al peso enorme de la tradición artística —renacentista, barroca, neoclásica, romántica—, el interés del gran público hacia el arte contemporáneo se ha desarrollado con cierto atraso. Sin embargo, hoy en día existen decenas de publicaciones, de programas de radio y televisión, de cursos, seminarios, encuentros, espacios públicos, y en muchos casos —Bonito Oliva es un ejemplo—el crítico de arte se ha convertido en una estrella del mundo intelectual pero también mediático.

Tenemos, por supuesto, la ventaja de hospedar la primera, más antigua y más prestigiosa bienal del mundo, la de Venecia, que mucho influye sobre la visibilidad del arte contemporáneo y de la crítica.

—¿Cuáles serán los contenidos de tu taller?

—Me interesa mucho la relación entre cultura local y universal, en general y específicamente en el caso del arte contemporáneo. Quisiera que reflexionáramos todos juntos sobre la posibilidad de hacer arte con un lenguaje universal, común a todos los seres humanos que viven en este mundo de hoy, y al mismo tiempo utilizando elementos de nuestra cultura local, pero también de nuestra creatividad individual, y más, de este inevitable mestizaje cultural que cada uno lleva dentro de sí y que es el resultado de un sinnúmero de factores: cultura o culturas de origen, lecturas, viajes, contactos de cualquier tipo con otros ambientes, relaciones personales, profesionales, afectivas, influencia de los distintos medios, decisiones e intereses individuales, etcétera.

Hay que comprender que semejante mezcla de influencias ocurre dondequiera. No es sólo en Bolivia que se debate sobre la universalidad del arte y los valores originarios: los artistas italianos, por ejemplo, no proponen ciertamente hoy una estética renacentista o medieval, proponen cientos o miles de nuevos cánones artísticos en los cuales viven, sin dudas, elementos de nuestra tradición junto con influencias que pueden venir de Europa, de Estados Unidos, pero también de culturas del sur del mundo, de África o de América Latina, o que quizá derivan de valores interiores, inspiraciones íntimas, imaginación abstracta, fabulosa, irracional.

Hay que rechazar ambos extremos, que un artista deba necesariamente copiar una estética globalizada que no le pertenece, o que deba limitarse “a lo propio”, a lo que supuestamente está inscrito en su cultura nacional. No existen obligaciones en la cultura, lo que prima es la libertad creativa individual, y ésta recibe miles de estímulos diferentes. No existe una cultura pasivamente global ni existe “lo propio”, o si existe, se tratará de seis mil millones de “propios” potenciales, tantos cuantos individuos viven en el mundo.

—¿Qué elementos básicos debe considerar un crítico a la hora de evaluar una obra?

—La preparación técnica y el dominio de ciertos elementos culturales son importantes, pero no suficientes. Hay que valorar la originalidad, pero con sus matices, pues sabemos que nada nuevo existe bajo el sol, y a veces citaciones, parodias, exasperaciones o vuelcos de obras anteriores pueden resultar geniales: pensemos en la reinterpretación de la Mona Lisa de Leonardo de parte de Duchamp, o en la reproductibilidad de la obra de arte teorizada por Walter Benjamin y realizada por Andy Warhol.

Hay que tener en cuenta la intención del autor: ¿quiero ser irónico, quiero ser dramático, quiero jugar, provocar, denunciar ciertas situaciones sociales? Sin embargo, tampoco la intención es suficiente para definir y juzgar una obra, pues una vez que ésta esté terminada se objetiviza, sale de la esfera subjetiva de su creador y pertenece al espectador, al público. Puedo pensar hacer una obra irónica y sin embargo puede ser percibida como seria, o al revés. Es importante además el aspecto emotivo, más allá del simplemente técnico. Un valor imprescindible, en mi opinión, es la honestidad del autor hacia el público.

Marcelo Villena: “En Bolivia hay una crítica mediterránea”

—¿Qué entiendes por crítica de arte?

—Ya que de entender se trata, voy a extender la imagen del filósofo diciendo que la crítica de arte es sustantivo compuesto y, en última instancia, femenino. Sin discriminación de género, por lo tanto, diré más concretamente que se presenta como vieja casamentera cuya función consiste en, dado el grupo, instaurar una pareja de elementos fungiendo como un tercero. Esencialmente triangular, dicha función admite obviamente muchas variantes y modalizaciones. Señalemos las fundamentales.

Hay la vieja que todavía cree en el matrimonio y muy en serio consagra y pontifica sobre el compromiso con lo bello, la historia o el concepto; hay la erudita y melindrosa que lo da todo dictaminando sobre la buena familia de los pretendientes, censando su zona de residencia, su solvencia crediticia (la crítica emula aquí a la historia del arte tradicional encasillando según pedigríes e influencias: que si neo o proto o cholobarroco, o no más que mero rococó…); también hay la que muy oronda toma a Raymundo y medio mundo por imbécil, y a los pretendientes por ciegos, sordos y mudos, y que por lo tanto se afana en presentaciones y explicaciones (que la pretendida rubia es teñida, lo que significa tiempo y guita disponibles, que huele bien, que ese tremendo hueco que lleva en el rostro se llama boca, etcétera).

Pero hay también la vieja perversa y metiche que no respeta roles ni jerarquías, y de tercero termina en primera fila como quien parte y reparte quedándose con la mejor parte para el solaz de todos, o de unos cuantos o de tan sólo tres (lo que tampoco está tan mal).

—Según esta tu definición, ¿se hace crítica en Bolivia: poco, mucho, nada… y cómo? ¿Hay más crítica literaria, de artes plásticas, de cine, música?

—¡Claro que sí, se hace: basta ver cómo creció la demanda de margaritas este año, con esto del Bicentenario! ¿Y cuánta, y de qué es lo que más hay? No sé: bien podría justificarme diciendo que este tema no estaba incluido en el registro biométrico, pero me contentaré con decir “hay”. Y a ojo de buen cubero diría incluso que aunque en Bolivia prácticamente no haya casamentera profesional (la madame que tenga ése como oficio, y dignamente, haga de él su modus vivendi), no faltan las aficionadas, en el sentido ocasional y subalterno, ciertamente, pero también en el sentido de amateur: del amador que metiendo la pata va poniendo afecto en los encuentros.

—¿Cuál es la situación en relación con otros países?

—Mediterránea, como es sabido. Lo que también representa un gran desafío pues además del escenario místico, ancestral y tibetano, dicha situación supone también las encrucijadas que, ante el mar así llamado, encararon o inventaron los antiguos griegos.

Históricamente hablando, la situación sería más bien doméstica y cama adentro, pues si bien ministerios, municipios e incluso privados emprendimientos editoriales se prodigan en premios, ferias y concursos, ¿has visto que se dé un cuarto peso a los tribunales lectores y críticos que disciernen en dichos certámenes? ¿Crees que el MegaCenter vaya a coadyuvar con una revista, aunque sea virtual, para empezar a digerir mejor el cine que vemos y hacemos? ¿Crees que el Estado “pluri” asuma políticas o aunque sea un bonito estilo Juancito Pinto para, en materia de arte, abrir alternativa frente a la vieja república (la que expulsara a los poetas) y al mercado?

—¿Qué se entiende por “crítica a la crítica”?

—La idea es ante todo reflexiva, autorreferencial, o sea, pretensiosamente modernita. También algo narcisista, por lo tanto, y no por eso menos necesaria en el entendido de que, como todos los mortales, la vieja casamentera de la esquina también tiene que pasar por ahí, tarde o temprano. Pero sobre todo en el entendido de que esto del arte es finalmente algo muy importante, vital incluso.

La ciencia, el Estado, la economía, las circunscripciones y todos los discursos que desde allí rigen son siempre groseros e insensibles. No estará de más, por lo tanto, que las viejas se encuentren, se expongan, se charlen: la idea es que confrontando otras miradas podamos empezar a ver más allá de nuestras narices.

—¿Cómo debe un crítico manejar la postura personal y el conocimiento académico, cómo calibrar lo objetivo y lo subjetivo?

—Cada uno forjará su opción, o no será. Y esta opción será legítima en tanto asuma el lugar y la elección de sus armas. Ése es el único deber ante la ineluctable consubstancialidad de postura, o sea, de una posición del cuerpo, y conocimiento: siempre hay que volver a Sade y al Kama Sutra; y también a Platón, que en la academia y sus diálogos tanteó, entre otras cosas, la socrática idea de un conocimiento fundado en los afectos, en el cuerpo. Dicho esto, ¿cómo calibrar lo subjetivo y lo objetivo? No olvidando que, en uno y otro caso, es siempre cuestión de jectus, por ejemplo, de escritura.

Por Martín Zelaya

http://www.laprensa.com.bo/fondonegro/22-11-09/22_11_09_edicion2.php

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