Salones Regionales De Artistas Exhiben La Crisis Socioeconómica Y ética

Esteban Zapata, ‘Pablo en comercio’ (izq). Saúl Sánchez, ‘La grandeza del regente’ (der).

La retoma de las estaciones de ferrocarril de Sogamoso y Armenia para los Salones Regionales de Artistas de sus respectivas regiones -zona centro y zona centro occidente, respectivamente- no respondía solo a que las obras se veían bien en esos lugares. Caídas como están, estos escenarios de techos altos y paredes enmohecidas revelaban el estado del alma de las propias exposiciones. Y aunque fueron remozados, no dejaban de producir nostalgia esos espacios muertos y cargados de piezas de arte que señalan tantos problemas.

Un pueblo fantasma a manera de instalación y que semeja una invasión repentina de desplazados que modifica la morfología de una región (Santiago Escobar); un mural de bombas de jabón, pero cuyo líquido es sangre de mujeres violadas (Liliana Estrada); un video de la disección del cuerpo de un paramilitar (Álvaro Cardona); una estrategia para devolverles la plata perdida a las víctimas de las ‘pirámides’ (Víctor Muñoz); dos tomas de video del grito inaudible de una mujer que está a punto de subir al cadalso (Pablo Sigg); un letrero bordado que dice ‘esperando un milagro’ (Giovanni Vargas)… Así, siguen y siguen las obras de estas dos regiones.

Para Fernando Arias, cocurador de la muestra MicroMACRO que reunía los trabajos de artistas del Eje Cafetero, “todo empieza en la célula”. A partir de allí, de lo minúsculo, de lo íntimo, puede abrirse el universo, entenderse el entorno como un organismo vivo, enfermo, vigoroso o amenazado. Siguiendo este símil, Arias y Jonathan Colin expusieron trabajos que indagaban sobre lo que no necesariamente se quiere ver.

Esto se reflejó, por ejemplo, en una instalación realizada por la artista antioqueña Libia Posada, que infestó el cuarto de electricidad de la estación de hilos que se trepaban por las paredes hasta llegar al techo descascarado, invadiendo, como una enfermedad, los cables estirados por todo el piso. Pese a la belleza de la obra, se sentía cierto escalofrío por la metáfora de destrucción expuesta.

Otra sutileza fue lograda por la misma curaduría en otro de los galpones de la exposición. Al entrar, el espectador pisaba un enorme tapete de fibra de plátano, tejido por desmovilizados bajo la conducción del quindiano Vladimir Cortés, y al fondo estaban 12 fotografías de las piernas de víctimas, con los mapas dibujados de sus propios desplazamientos por la violencia, también de Libia Posada. Las dos obras, con la víctima y el victimario en un mismo espacio silencioso, entraban en un diálogo sin resolución.

La otra curaduría de la zona centro occidente,  Inver$ione$,  arte + intercambios + transacciones, conducida por Adriana Ríos, Carlos Uribe, Femke Lut-gerink y Análida Cruz, asumía la economía como el factor que atraviesa a todo ser humano y lo afecta.

Así, por medio de cartas, Luis Fernando Arango buscaba convencer a los 512 empresarios más ricos del mundo para que donaran el 4 por ciento de sus fortunas y así aliviar la pobreza; Víctor Muñoz, con su constructora en forma de pirámide, le pedía a la gente que donara ladrillos para que quienes perdieron sus casas con DMG y DRFE pudieran reconstruirlas; y Juan Fernando Ospina ironizaba sobre cómo los colombianos invierten más de un salario mínimo al año en veladoras y ungüentos de la buena suerte.

Esteban Zapata, por su parte, puso al espectador en aprietos al crear una figura coleccionable de Pablo Escobar vestido de Robin Hood, a la que se le podían prender veladoras siguiendo la tradición venezolana del culto a los ‘santos malandros’. Con esta obra el artista planteaba la reflexión sobre los límites de lo coleccionable y la relación entre el comercio y el arte.

En Sogamoso y Tunja, por su parte, pueden contemplarse actualmente las curadurías que hacen referencia a la zona centro de Colombia, con la participación de artistas de Bogotá, Boyacá y Cundinamarca. La primera propuesta, del grupo investigador La Oreja Roja -Mariangela Méndez y Verónica Wiman-, se denomina Yolanda o Magdalena, una exposición de arte sobre la vida, obra y milagros de un personaje, y la otra, coordinada por Guillermo Vanegas, lleva por nombre Preámbulo, ejemplos empíricos de identidad nacional de baja intensidad en Cundinamarca y Boyacá.

Expuesta en un galpón alterno a la estación del ferrocarril de Sogamoso, Yolanda o Magdalena… es una propuesta abierta a la interpretación, pero en absoluto apacible. “Por ahí dicen que al que se le pone la oreja roja es porque están hablando de él a sus espaldas. Alguien está hablando de usted… y nosotras queremos oír”, anotan las curadoras de La Oreja Roja.

De allí que la muestra invite a seguir a un hogar campesino en el que falta el padre, según se intuye por la foto que decora el vestíbulo. Adentro, obras como La hilandera, de Leonardo Ruge, revelan que hay todo un mundo por inventarle a la mujer que habita la casa. En uno de los extremos se exhiben imágenes de fachadas de casas construidas por etapas (Héctor Patiño) y en otro, un paisaje que deja pensar que aún hay espacio sin huellas de ciudad (Miguel Jara y Denise Buraye).

Dentro de la casa, un video muestra la preparación de un cocido boyacense (Ángela Reyes), se refleja la convivencia de la pareja (Katherine León) y se observan, a manera de aspiraciones futuras, una casa en maqueta (Juan Mejía) y otra que flota (David Anaya). La experiencia termina, sin embargo, con la casa que se fue, donde se observan tejidos inconclusos, una silla desvencijada y huellas de candelabros que ya no están (Leyla Cárdenas). Aparecen también obras que manifiestan el miedo que hace que uno se agazape (Manuel Calderón) o sienta peligro (Marcela Cadena), así como el anhelo de la compañía (Adriana Cuéllar), o la angustia por la ausencia de un ser amado (Juan Carlos Calderón).

Preámbulo es una curaduría que puede apreciarse en el Palacio de la Cultura, ubicado en la plaza principal de Tunja. No es fortuito que en la capital de Boyacá -el ‘Departamento Bicentenario’- los curadores hayan seleccionado obras que abordan preguntas sobre la construcción de la identidad nacional, varias de ellas cruzadas por el humor e incluso la burla. “Se trata de saber cómo resuelve este grupo (de artistas) la cuestión de hacer parte de un Estado nacional”, señala el documento de la curaduría.

Entre otras obras, se observan los retratos de los presidentes colombianos sobre cajitas de fósforos El Rey (Sául Sánchez); la reconfiguración del escudo nacional con un buitre en lugar de un cóndor (Chócolo); una marcha de protesta multitudinaria cuyos letreros carecen de letras (Juan Peláez); un video con un grupo de extranjeros que entonan el himno borrachos (Lecca-Lecca Estudio); una animación donde se percibe la fusión de la frontera colombo-venezolana gracias a Simón Bolívar (Milena Bonilla), o la acción de un artista que se tatúa dolorosamente el logotipo de ‘Colombia es pasión’ mientras a su lado circulan gratas imágenes turísticas (Andrés Felipe Uribe).

Al comparar los Salones Regionales de este año con los previos, queda claro que el propósito inicial se está cumpliendo. Cada región llega con una oferta que da cuenta de sus problemas y revela una identidad propia. En suma, la Colombia de la periferia está cada vez mejor representada.

Vea varias de las obras.

Arme paseo a Tunja y Sogamoso

Para ir a ver los Salones del Centro habrá transporte gratuito e ilimitado los días 28 de noviembre y 12 de diciembre. Esos días habrá visitas con los curadores y artistas. Informes en el Ministerio de Cultura, Dirección de Artes, 3424100.

publicado por Cambio
http://www.cambio.com.co/culturacambio/856/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-6672988.html

(enviado a esferapública por Gabriel Merchán)

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10 opiniones en torno a “Salones Regionales De Artistas Exhiben La Crisis Socioeconómica Y ética”

  1. Van estos videos sobre las curadurías de los regionales que se están abriendo al público por estos días.

    Se inaugura Salón de la Orinoquía

    Lanzamiento Salón Regional de Artístas Zona Occidente

    #29225
  2. Carlos Alberto Vergara

    Para contrastar lo que se ve en los Regionales con lo que dicen sus curadores recomiendo ver estos videos. Es cierto que con cada versión de los salones las cosas tienden a realizarse con mejores resultados. Sin embargo, como lo anota Jorge Peñuela, hace falta escribir sobre las exposiciones.

    Una vez se vean estas exposiciones, vale la pena hacer un balance y preguntar al Comité Curatorial del 42 Salón Nacional qué planes tiene para el Salón a realizarse en Cartagena.

    Inversiones (Regional antioquia)

    MicroMacro (Regional Centro Occidente)

    Regional Zona Caribe

    Tres Lugares Comunes (Zona Orinoquía) vean estos

    #29226
  3. INVERSIONES: CENSURADORES

    #29227
  4. Jorge Peñuela

    Carlos Alberto Vergara:

    ¡Qué bueno que vuelve usted a mencionar mi propuesta! Los concernidos no han dicho ni muu. Si por la ciudad llueve, por la nación no escampa. La misma indiferencia por la opinión de los ciudadanos y las ciudadanas en ambas latitudes. Respecto a los Salones, la señora ministra sólo logra articular un calculado «maravilloso» que sólo trasluce indiferencia administrativa, que muestra baja comprensión del campo de las artes. Sí, «maravilloso, donde vemos la vitalidad de la experiencia visual colombiana». Señora ministra: allí donde no existe crítica al día, todo es maravilloso, esta es la fórmula para alcanzar la beatitud; por esta razón, precisamente, somos el país más feliz del mundo, un país sin crítica, medroso, atemorizado.

    Insisto en lo mismo. La distribución por Esfera Pública esta semana de lo que acontece con los Salones Regionales muestra dos cosas. Los artistas, los curadores y todos los interesados en el arte contemporáneo, reconocemos que necesitamos un espacio de diálogo vital, no endogámico, crítico, que comprenda y evalúe qué tan «maravilloso» es el arte contemporáneo. Dos: Esfera Pública puede contribuir a que se hagan unos ajustes a los premios de crítica de arte.

    Bien por los curadores que se están moviendo para que sus proyectos salgan de la tribu y se aprecien en una esfera pública amplia. Bien por Esfera Pública que se consolida como el espacio de diálogo contemporáneo en Colombia para buscar legitimar los discursos de los artistas. Vergonzoso que el Ministerio de Cultura todavía no sepa que la «vitalidad» de una práctica se establece a través de un discurso crítico, –que ignore que sin un discurso crítico no existe aparición de ninguna realidad en la esfera pública. Corrijo: esto último sí lo sabe, sucede que las instituciones no están interesadas en la existencia del arte crítico, por eso le han quitado su única posibilidad de realidad y existencia: un discurso crítico expandido.

    Finalmente, lo lamento por los y las artistas: sus trabajos seguirán pasando sin pena ni gloria, nadie hablará de ellos, nadie los recordará. Ninguno hará parte de ninguna historia. Esto quiere decir, que no existe posibilidad de mejorar. Sólo la interlocución crítica nos permite reconfigurar nuestros horizontes. Decir sin más que un trabajo es maravilloso, es decir nada, es ofender.

    #29228
  5. En la versión pasada del Salón Nacional se hizo patente que uno de los grandes problemas del programa de los salones era el de su producción, pues este tipo de eventos requieren de profesionales que hagan ese trabajo. Así como hace falta apoyo para la formación de curadores, pasa lo mismo con la formación de productores, pues generalmente se contrata estudiantes y otras personas que por lo general no tienen formación en el área y lo hacen de forma empírica, con los resultados que todos conocemos.

    Para este año otro tema a discutir es el de los procesos de divulgación y documentación de los salones. Aunque el Ministerio edita catálogos y divulga algunos videos por youtube y facebook hace falta un mayor esfuerzo en divulgación a corto y mediano plazo. Es su responsabilidad y no debe desscargarla en los equipos curatoriales o plataformas de discusión como EsferaPública.

    Para una muestra de la celeridad institucional en términos de divulgación va este avance de la serie documental sobre Urgente! (en proceso de edición) publicado el día de ayer en youtube y otro divulgado hace varios meses sobre las políticas de comunicación del Minsiterio.

    #29230
  6. En principio las participaciones que aborden la crítica de exposiciones son más que bienvenidas en Esfera Pública. Lo que sucede es que cuando se han dado ha sido de forma espontánea y se caracterizan por propiciar el debate en torno las obras, privilegiando la articulación de sentido en la discusión y la confrontación de argumentos.

    Como lo anota Jorge Peñuela la crítica de exposiciones es aún muy incipiente y hace falta propiciar mayor discusión en torno a la producción artística. En este sentido, creo que el estímulo a la crítica de exposiciones puede venir no sólo de premios y concursos, también existen otros formatos como talleres, encuentros e iniciativas de carácter independiente.

    Conozco el caso de A Desk* -colectivo independiente de críticos que trabajan desde Barcelona- que además de publicar un revista on line, han realizado talleres de crítica en Barcelona y varias ciudades de Latinoamérica -luego publican en su revista una selección de textos críticos que resultan de los talleres.

    Ver info sobre talleres > http://www.a-desk.org/spip/spip.php?rubrique7

    Hace pocas semanas publicaron en su blog esta entrada, que creo puede venir al caso:

    Crítica en directo
    / por Marti Manen

    En los encuentros sociales del mundo del arte predomina lo “social” y lo “encuentro” por encima de lo “arte”. Parece difícil que se generen las situaciones para el diálogo sobre contenidos, para la opinión, para la crítica.

    Sorprende que en un contexto donde la eventualización es importante y donde la necesidad de público también manda, no se pongan en marcha, desde el campo institucional, sesiones de “crítica en directo”.

    Aunque a lo mejor sería una práctica no habitual invitar a críticos a dialogar y criticar libremente sobre exposiciones, líneas de programación o proyectos museográficos cuando lo que se pretende -en muchos casos- es precisamente invitarles para que no critiquen…

    fuente > http://www.a-desk.org/spip/spip.php?article403

    ***

    En este orden de ideas (encuentros, debates, diálogos, conversaciones, visitas..), Carlos Salazar envió hace un par de semanas a esferapública un texto de Claire Bishop sobre la “opinión pública” -a partir de un encuentro que tenía como título “Revolutions in Public Practice”- y que anexo a continuación >

    Public Opinion

    Left: Mel Chin’s performers rehearsing for his presentation. Right: Artist Edgar Arceneaux. (All photos: Sam Horine/Creative Time)

    THIS YEAR I’ve already sat through two art-related pecha kuchas—that’s the new ADD-friendly presentation format from Japan, in which people have a limited time (usually three to five minutes) to rattle through their life’s work. At the end of each speaker’s allocated slot, the next person’s PowerPoint begins, and the previous presenter has to quit the stage pronto. Pecha kucha is like a live version of channel zapping or Internet surfing—not long enough to get really bored, but also not long enough to get really interested. It’s the perfect format for the info-ravenous who crave high quantities of global-culture nuggets but don’t want to travel far from home or engage in personal dialogue.

    An epic variant on the pecha kucha model took place last Saturday at the New York Public Library, in the form of Creative Time’s summit “Revolutions in Public Practice.” Each artist or collective had a relatively generous seven (!) minutes to strut their stuff; there would be no questions from the public; when the speaker’s time was up, his/her microphone would be turned down and a live musician would begin to play. This sweetly brutal device was lifted directly from the Academy Awards, but instead of a swirling orchestra, solo instrumentalists were deployed––a perky flute, a guitar, a double bass, a trumpet, and (most entertainingly) a banjo. Those speakers who finished ahead of time and avoided being drowned out by the chipper banjo kept their dignity intact; the rest were brought to a humiliating halt.

    So much for the form, what about the content? Curator Nato Thompson confessed in the program’s introduction that he couldn’t really define the term “public practice,” as it encompasses everything from participatory performance to allotment squatting to socially conscious photography. Ten hours and forty presentations later and we had an amazingly comprehensive overview of the good and the bad of the genre. The ultimate artistic judgment, though, had been made the previous evening, when the Yes Men were awarded the Leonore Annenberg Prize for Art and Social Change. This presented something of an ontological conundrum: The Yes Men adamantly refuse to be called artists (they prefer “activists”). And yet most of their funding comes from art institutions, and their biggest fans seem to be in the art world. Rather than denigrating the Yes Men for lack of loyalty to their paymaster, it seems more productive to view their strategic disavowal of “art” as an indication of the paltry (or, better, ornamental) status of art in US culture. As any walk around Chelsea will affirm, art made in this country is more often a career choice than an existential decision.

    Left: Artist Harrell Fletcher. Right: Curator Okwui Enwezor.

    This, presumably, is why Thompson calls the alternative to this commercial game a “revolution” in public practice. To be honest, the revolution’s not so new: There was a striking similarity between many of the presentations and 1970s gestures of institutional escape, as well as to early-’90s “new genre” public art (the term coined by artist Suzanne Lacy, who also spoke at the summit). The big difference between then and now was the staggeringly dry and soulless language deployed by many of today’s artists who took to the podium. At countless points in the day, my eyes glazed over to the sound of earnest monologues announcing, “My practice is about creating platforms for a critical interface with overlooked spaces, networking with local communities to provide self-organized resources and coproducing social relations . . .” Aaagh!

    This aside, there were some highlights. The women were particularly strong: a moving keynote by Sharon Hayes, an articulate overview of the collective Multiplicity by Francisca Insulza, a polemical presentation by WHW (What, How and for Whom), tough and concise statements by Tania Bruguera, and a rousing activist address by Laurie Jo Reynolds. The guys were hit or miss. The saintly rage of Alfredo Jaar (on Rwanda) was parried by the consummate opacity of Liam Gillick (on Volvo), while two of the most misguided art projects I have ever seen––the work of Vik Muniz and Harrell Fletcher, respectively––generated ripples of embarrassment through the audience for their reality-TV sentimentality. (Fletcher really took the biscuit: On finding out that he’d had a fifteen-hundred-dollar rug delivered twice to his home, he decided to sell the second one to an art gallery and get a grant to find the factory in India where the rug had been produced, at which point he gave this money back to the chap who said he’d made it. Tears of joy!)

    As the day wore on, nuance was replaced by rally-style fervor. At the end of a particularly right-on presentation, the already-converted were keen to cheer and whoop. As such, the stick was definitely bent toward entertainment and affirmation rather than analysis and dissensus. Even the day’s most jarring juxtaposition, Gillick and the collective Temporary Services (amusingly grouped together under the evocative title “Ambiguity Is My Political Weapon”), was passed over without comment, seamlessly smoothed over with a bit of merry guitar picking. The only memorable moment of confrontation was in Lacy’s video clip of young black teenagers in a “facilitated debate” (i.e., full-on row) with white policemen in Los Angeles.

    Left: A view of the “Conversation Room.” Right: Writer David Levi-Strauss.

    Perhaps some friction was happening upstairs in the “Conversation Room”–a large paneled chamber with free fruit and cookies– where speakers were expected to hang for an hour after speaking on stage. This innovative alternative to the Q&A format had the advantage of keeping the main hall fast-paced, but who in the student-heavy audience wanted to miss out on stars like Okwui Enwezor or Thomas Hirschhorn? Word had it that artist Gregory Sholette organized an impromptu panel discussion upstairs following his appearance onstage, but otherwise the predominant tone was of collective agreement and political consensus. In this respect, it was not unlike Thompson’s last major effort in this vein, “Democracy in America: The National Campaign,” the exhibition component of which was held last fall in a similarly majestic space, the Park Avenue Armory.

    At its best, the “Revolutions” summit offered an immensely valuable overview of a wide range of engaged practices otherwise lacking visibility in New York, while the discursive format provided an appropriate alternative to the exhibition as a means of presenting this often visually evasive work. Socially, it was dynamic—and in this respect, it had much in common with the energy of Hans Ulrich Obrist’s marathons. On the other hand, the summit was only an overview and did nothing to problematize “public practice” as a direction in contemporary art. It assumed (along with many of the positions presented) that art as a discipline can and should be marshaled toward social justice. I would have liked to see more pondering of the specifically artistic competences that can be deployed toward these ends. The range of positions wheeled onstage clearly indicated that there are artistic innovators in this field who stand leagues ahead of those who laboriously rework worthy clichés. Sorting out the former from the merely well intended takes more than a pecha kucha, but at least this was a start.

    Claire Bishop

    publicado por Artforum

    (enviado a esferapública por Carlos Salazar)

    #29240
  7. jorge peñuela

    CRITICA DIFERIDA

    La comunicación de Jaime Iregui aporta ideas que el Ministerio de Cultura debe considerar, junto con otras de su propia cosecha y las de los abonados de Esfera. Poco a poco vamos viendo que es necesario hacerle creer a nuestras instituciones oficiales, que debemos dejar de lado la estrategia pedagógica de los concursos para incentivar la práctica de la crítica de arte, y pasar a una crítica de arte efectiva, actual, en directo, hombro a hombro con el artista y su momento. La idea de una Crítica Aquí y Ahora, o Crítica en Directo, resume lo que debe ser la temporalidad de la crítica de arte: la actualidad. La crítica de arte en diferido no es crítica; permanentemente corre el riesgo de desvanecerse en los brazos de la filosofía, o a hurtadillas dormirse en el regazo de la historia.

    Señora Ministra de Cultura: la crítica de arte en diferido es una crítica extemporánea, no contribuye a formar pensamiento; tampoco ayuda a sacar el pensamiento artístico de la esfera privada para que se ubique en la esfera pública, la esfera de la libertad y la realidad. La libertad creativa se legitima en la esfera pública.

    #29236
  8. ¿Hacia una crítica sindicalizada?

    Con todo respeto Jorge: por qué razón hay que estar invocando la mirada de funcionarios del Estado aquí y allá cuando ejerce su labor crítica? por qué esa propuesta de institucionalizar la práctica crítica on line vía premios y reconocimientos oficiales? cree que con esos reconocimientos su labor tendrá mayor impacto en la comunidad?

    Es la “nueva crítica” que usted propone una que depende de la financiación de las instituciones oficiales para cumplir sus cometidos? Una cercana a una “asociación de críticos” consensuada y militante? No es un tanto paradójico que una expresión autónoma de pensamiento necesite del eterno reclamo del incentivo oficial para “matricular” en la historia la producción artística actual? (cual historia? la oficial? la de Jorge? la de Eduardo?, la del Premio?…)

    Usted es un hombre de universidad y sin caer en didacticismos podría convocar a alumnos y demás interesados a visitar exposiciones y ejercer la crítica “aquí y ahora” sin necesidad de vistos buenos de la oficialidad, premios y demás preseas.

    Lo invito a ver este triste video sobre un acto de premiación de exposiciones, curadurías y artistas en el Whitney de Nueva York. Ese es el futuro que tanto sueña para la crítica electrónica?….

    The First Annual Art Awards

    #29239
  9. Jorge Peñuela

    Gabriel Merchán:

    Gracias por la interlocución. ¿Sabe una cosa? Usted tiene razón. Y no solamente tiene razón. ¡Sorpréndase! Estoy de acuerdo con usted. Una práctica libre no puede estar condicionada por el reconocimiento económico, aunque aspire al reconocimiento de su libertad, aspecto que, como espero mostrale, sólo es posible dentro de una institución. No obstante, también con mucho aprecio, le digo que este no es el punto en cuestión en este momento. Por favor, mire cómo veo las cosas:

    Durante los últimos dos siglos, algunos Quijotes han mantenido la ilusión de que es posible una realidad diferente a la que padecemos, menos aristocrática y más participativa, y han logrado mantener con las uñas una región que piensa esa posibilidad. Ahora, las instituciones oficiales en Colombia han diseñado una serie de estímulos estatales para que el pensamiento artístico logre sobrevivir la mercantilización humana, su vaciamiento de sentido. ¿De dónde salen los recursos que financian esos estímulos? Pues, Gabriel, en buena parte del bolsillo de todas y todos los contribuyentes colombianos, del suyo también. ¿No le importa el uso que su banco le da a su dinero? ¿No le interesa si lo gasta bien, cuando esos gastos lo carga a su cuenta?

    Este ha sido el punto de partida de esta discusión. Después de diez años de haber sido instituido el Premio Nacional de Crítica de Arte, ¿los exiguos recursos invertidos en este programa están logrando su propósito? ¿No se puede realizar una evaluación a este respecto? Gabriel, le consulto: ¿usted cree que se están logrando? Por mi parte, he contestado afirmativamente esta pregunta, pero también he dicho que este Premio está agotado. Lo está, porque este estímulo pedagógico no ha logrado afectar nuestras prácticas artísticas, aunque esperamos haya formado hombres y mujeres para el ejercicio de la crítica. Aquello que queremos, ¿no es una crítica efectual que expanda la comprensión que el pensamiento artístico necesariamente deber complicar? Si los objetivos pedagógicos del Premio se lograron, sólo lo podremos saber poniendo a prueba los resultados alcanzados hasta ahora. Creo que llegó el momento de saberlo, pues, en nuestro país existe mucha actividad artística que desfallece porque no logra un lugar en la esfera pública.

    Personalmente creo que la crítica de arte en nuestro contexto es una necesidad que ha surgido de una intensa producción artística. Gabriel, usted sabe muy bien que en este momento, una imagen para vender un carro y una imagen para pensar un contexto en libertad, tienen un mismo destino: la papelera de reciclaje: ¿De quién? ¡Adivinémoslo! No tenemos ninguna razón para recordarlas, las dos son desechables, porque los criterios de pertinencia y excelencia se disolvieron en el know-how-bussines. Ahora, si queremos recuperar una diferencia entre la imagen diseñada para vender y la imagen pensada para transformar una práctica –el consumo no es una práctica porque no es libre–, debemos construir un campo de discusión que le proporcione realidad a la imagen pensada para hacer real las libertades. Nuestra realidad es palabra: diálogo. Sin realidad no es posible sobrevivir en libertad. En la realidad se realiza nuestra existencia. Lo real, apreciado Gabriel, está condicionado por el discurso, por las instituciones que éste crea. La palabra es nuestra más preciada institución, sí, secuestrada a veces por los tiranos, pero por esta contingencia no pierde su condición de institución primera. La esfera pública es una institución pensada para la aparición de la palabra como diálogo. Éste es la garantía de las libertades que soñaron los Quijotes que le mencioné.

    Gabriel, usted no es ingenuo. Sin instituciones no es posible la libertad, así de sencillo. El problema no son las instituciones como creen algunos artistas conceptuales ingenuos, o mediocres, que es lo mismo. El problema es el manejo que los actores inescrupulosos dan a esas instituciones, como lo han visto con claridad otros artistas más perspicaces. Gabriel: le propongo que vea el problema desde una perspectiva menos ideologizada. Lo triste en Colombia es que no tenemos instituciones que sean garantía de nuestras libertades. Las pocas que sobreviven, ya sabe al servicio de quién están, o cuáles familias son las que las usufructúan. Sólo queda un camino: crear instituciones bajo principios de igualdad y libertad.

    Resumiendo, he sugerido en Esfera Pública las siguientes hipótesis; es cierto, son algo pretensiosas:

    Las y los artistas contemporáneos colombianos necesitan una esfera pública porque el arte contemporáneo ha dejado la contemplación estética y ha reclamado reconocimiento en la esfera de la acción.

    La esfera pública sólo la puede proporcionar un discurso que una y separe a los iguales diferentes que actúan en ella.

    La esfera pública se constituye en la interacción de muchas voces disonantes.

    La esfera pública no es un sindicato, si por sindicato entendemos la defensa racional de intereses patronales.

    La esfera pública es un lugar para la razonabilidad, para llegar a acuerdos que reconozcan las libertades de aquellos y aquellas que participan en los debates libres y abiertos de los cuales surgen.

    La crítica de arte es una práctica que enlaza las obsesiones privadas articuladas en la creación artística con la acción que se realiza en toda esfera pública.

    La crítica de arte contemporánea no puede ser realizada por una o dos personas encumbradas por el know-how-bussines o el mercado de premios, es un ejercicio polifónico, cooperativo.

    Solo los medios de comunicación electrónicos pueden garantizar que el discurso simétrico y polifónico se haga realidad.

    Gabriel, una vez más, gracias por mantenerse en diálogo.

    #29242
  10. Además de los talleres, encuentros y conversaciones, otro formato que aborda la crítica de exposiciones on line es el videotour. En esferapública se ha publicado los de James Kalm, quien sale en su bicicleta y con su camara a documentar y comentar las exposiciones en Nueva York.

    visita a una exposición de Frank Stella

    En este videotour Kalm trata de entrevistar a algumos artistas que hacen fila para participar en un reality de arte contemporáneo que coordina la galería White Columns, al final la gente de seguridad se lo impide.

    Partiendo de la experiencia de Kalm aparece recientemente New York Art Tours, una versión menos personal y más cercana al tour oficial de un museo o una galería.

    Art Talk! un excelente iniciativa de VBS.TV

    #29244
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