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La fábula de ArtBo: arte en la feria del poder

“Cuando los banqueros se juntan para cenar, discuten sobre arte. Cuando los artistas se juntan para cenar, discuten sobre dinero”

—Oscar Wilde

1. Las reglas del juego

Hace poco Julio Sánchez Cristo le dedicó más de 40 minutos seguidos de su programa radial al mundo del arte. El motivo: Artbo, la feria de arte de Bogotá organizada por la Cámara de Comercio. Un posible “conflicto de interés” ocasionó que una galería se retirara del evento comercial y que uno de sus artistas quedara vetado para exponer en una sala de proyectos. El conflicto se debió a que uno de los dueños de la galería en cuestión, Nueveochenta, es el expresidente Cesar Gaviria, coleccionista y además padre de la actual directora de Artbo, María Paz Gaviría, historiadora del arte, nobel coleccionista y visitante de ferias.

En la W, Julio Sánchez Cristo no estuvo al aire ni con Gaviria padre ni con Gaviria hija, el plato fuerte de la mañana fue la que sí lo atendió al aire, Consuelo Caldas, directora de la Cámara de Comercio. En la entrevista Sánchez Cristo ejerció con ladina gentileza sus artes de matoneo periodístico y quedó claro que sobre este asunto hay dos versiones encontradas.

Una versión es la de Caldas que afirmó que Gaviria al no ser abogada actuó de “buena fe” pero interpretó mal la información jurídica que le fue suministrada antes de firmar el contrato con la Cámara de Comercio (solo le faltó a Caldas comparar la comprensión de lectura de Gaviria con la de su hermano el político liberal “Simón el vivito”).

Y otra versión es la de Gaviria, que contradice la de Caldas, y afirma en una carta que el equipo de la Cámara de Comercio llegó a la “a la conclusión de la inexistencia de causales de inhabilidades o conflictos de intereses que impidieran mi vinculación”, y que este concepto también “fue revisado por la Oficina Jurídica de la Presidencia de la Republica” (al parecer los hijos de los expresidentes gozan de servicio de consultorio jurídico en palacio).

Pero esta variante jurídica sobre el “conflicto de interés” parece ser solo un tecnicismo, un problema de marquetería, algo ajeno a como se manejan las cosas en el mundo del arte donde solo parece haber una regla: no hay reglas.

Prueba de esto es la misma Galería Nueveochenta que fue fundada en el año 2007 pero ese mismo año participó en la tercera versión de Artbo. El reglamento de la feria establece que solo pueden participar galerías con más de tres años de operación. En ese momento hubo un entendimiento laxo sobre lo podía significar “operación”, algo se habló en los corrillos de la feria pero nadie a nivel oficial trajo a colación un “conflicto de interés” o pontificó sobre el “código de ética”: ni el comité de selección de la feria, donde tienen parte algunos galeristas, ni la directora de Artbo de esa época, Andrea Walker, ni la directora de la Cámara de Comercio de ese entonces, María Fernanda Campo (actual Ministra de Educación), dijeron esta boca es mía.

¿Por qué antes no hubo problema alguno con Nueveochenta y ahora sí?

2. La cabeza de la feria

La polémica actual de Artbo no es un asunto jurídico: es un juego de poder. Polémicas siempre han existido en Artbo, un caso cercano al de Nueveochenta se dio en el año 2007 cuando el comité de selección de Artbo no le puso peros al ingreso de algunas galerías de dudosa proveniencia, como la Galería Montealegre, y sí le pidió a la Galería Arte Consultores que reconsiderará su selección de artistas.

Arte Consultores se negó a reformular su propuesta, se retiró de la feria y, dadas las conexiones sociales de su propietaria, la noticia alcanzó cierto vuelo mediático (incluso estuvo al aire en La W). A esto se sumó una feria paralela llamada La Otra, liderada por el galerista Jairo Valenzuela, que había tenido problemas por sus críticas a la Cámara de Comercio y montó en respuesta un evento paralelo en una imprenta abandonada del Barrio La Macarena.

El hambre se juntó con las ganas de comer y La Otra recibió un apoyo publicitario inusitado: la emisora La W mostró su empatía con la causa de Arte Consultores, por defecto se solidarizó con La Otra, e incluso no vio “conflicto de interés” al abogar por una causa afín al interés de uno de sus más cercanos colaboradores. Alberto Casas, acompañante de Sánchez Cristo en la emisora, es uno de los dueños de Casas Reigner, una galería que ese año le puso una vela a dios y otra al diablo y participó en la feria oficial y en la muestra alternativa. Tal vez por evitar aquello del “conflicto de interés” es que el Doctor Casas se abstuvo de participar en el interrogatorio que le hizo La W en su encerrona a la Doctora Caldas.

Y volviendo a la “polémica”, a la entrevista, La W le reservó a la respingada Doctora Caldas la picana radial para el final del embate periodístico, ahí Sánchez Cristo la puso a padecer:

“J.S.C: Mire Doña Consuelo, es que usted se va por las ramas, ¡Créame! ¡Tengo la información y me ratifico en ella, usted dijo que para esa carátula de esa revista tenía que aparecer usted y María Elvira Quintana, por la razón que sea, pero usted lo dijo. La revista dijo, no nos interesa, solo queremos a María Paz Gaviria, no vamos a hacer una caratula con tres señoras. ¡No! Usted esta diciendo un poco dando la razón. Hay unas directrices en la Cámara, que hay una vocería. ¡Listo! ¡Listo! Si esa es la explicación, pues ahí está la respuesta, pero usted no permitió que María Paz Gaviria saliera sola si no salía con usted y con la señora Quintana.

C.C.: La feria, Julio, la maneja un equipo,  y el equipo es ese, entonces tenía que presentarse el equipo cuando llegara la feria…

J.S.C: Entonces se da cuenta Doña Consuelo que comenzamos a ponernos de acuerdo. La primera respuesta que usted me dio es que yo no estaba diciendo la verdad. Usted esta ahora confirmando: somos un equipo y hay que presentar al equipo y eso no se hace Doña Consuelo, no se hace, porque un medio de comunicación es libre de hacerle un homenaje a una feria en la cabeza de la feria…”

3. Modernas contra contemporáneas

La “señora Quintana” a la que se refieren es la persona que estaba por encima del cargo de María Paz Gaviria en Artbo y, bajo la nueva estructura de la nomina, formulada durante el mandato Caldas, Quintana era la cabeza de la “cabeza de la feria”. El cargo de Quintana es “Gerente de Relaciones Institucionales y Programa Cultural de la Cámara de Comercio de Bogotá”.  Este “conflicto de interés” no era algo nuevo y ya había sido señalado tiempo atrás por Dominique Rodríguez, en un artículo en Arcadia, que comentaba sobre el veto a Gaviria para aparecer en la prensa: “es extraño que a tres meses de su inauguración la cabeza de todo un engranaje comercial y de relaciones públicas no esté autorizada a dar entrevistas.”

Quintana está muy familiarizada con el mundo del arte: fue esposa de Fernando Botero Zea, es hermana de los propietarios de la mítica Galería Quintana que ocupaba dos lotes en la calle 86 con carrera 11, tenía sedes en Miami y Madrid y cerró a finales de los años noventa justo cuando arreció la lucha contra el narcotráfico y el mercado del arte entró en crisis. Quintana trabajó como Directora de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores, además, en las pasadas elecciones legislativas fue candidata a la Cámara por el Partido de la U y salió quemada (su lema de campaña era “porque retroceder no es una opción”). Así las cosas, ¿será que las tres, Caldas, Quintana y Gaviria, son solo unas señoras del arte que entraron en conflicto por salir en una foto?

Pensar que solo se trata de una pelea por mojar prensa puede ser superficial, pero si se mira la relación que tienen las élites con el arte, su regateo al momento de comprar y su pavoneo al momento de exhibirse, este indicio tiene algo de verdad, después de todo, “vanidad de vanidades, todo es vanidad” y la feria de Artbo, además de mostrar más de 400 piezas, es una gran pasarela que destaca en todas las secciones de “sociales” y se convierte en un largo y ancho cóctel de inauguración de 4 días visitado por más de 25.000 visitantes. Si “el arte es la vida sexual del dinero”, como dice el crítico de arte Peter Schjeldahl, la feria de arte es la más pública de sus bacanales

Sin embargo, cabría preguntar lo que no preguntó La W: ¿qué intereses tiene Quintana en la feria? ¿Habrá en Artbo una lucha generacional por el poder entre unas señoras uribistas y una niña liberal, ilustrada e ilustrísima? ¿Será todo esto una pelea entre galerías con un pie en lo moderno —alineadas con Quintana— y otras con ambas patas en la franquicia del “arte contemporáneo” —cercanas, muy cercanas, al interés de los Gaviria—?

Una foto de un nota de “jet-set” parece dar cuenta de esta situación. Fue tomada antes de que La W activara el show mediático de la “polémica”. En ella aparecen Caldas, Quintana más alto y Gaviria abajo como una cenicienta acompañada por sus dos hermanastras. Cerca a las “tres señoras” de Artbo están los directores de tres galerías: Arte Consultores (por supuesto, luego del chasco con la pasada dirección en el 2007), El Museo y la Cometa. Estos espacios, sobre todo los dos últimos, tienen un perfil similar al que tenía la Galería Quintana en su tiempo: además de exponer “arte contemporáneo” manejan con propiedad y en grandes cifras el flujo del mercado secundario (Boteros, Graus, Obregones et al). Es diciente que en esta foto estén ausentes los representantes de la Galería Nueveochenta y de la Galería Casas Riegner. Los tres galeristas restantes, que aparecen relegados en segundo plano y atrás, tienen espacios con perfiles algo diferentes al de las galerías “tipo quintana”.

4. El revolcón

El noticiero CM&, cercano al Partido Liberal, ha servido como caja de resonancia para dar a conocer la conclusión del caso Artbo y darle cierre a la noticia que comenzaron a cocinar sus colegas de La W. Ahí, en la sección “1, 2 y 3”, mezcla de show de burlesque con periodismo, las señoritas que muestran sus dedos como indicio de que saben contar, encabezaron una nota titulada Dos noticias bomba en la Cámara de Comercio:

“La junta directiva de la cámara se reunió este miércoles 2 de octubre y acordó: 1. Confirmar que María Paz Gaviria tiene, como directora de ArtBO, respaldo y apoyo total de la junta directiva de la cámara. 2. Reclamar a la administración de la cámara, encarnada en su presidenta, doña Consuelo Caldas, y recriminarle por haber actuado no solo equivocadamente, sino sin autorización de la junta y, lo que es peor, sin ningún tipo de consulta a la misma junta. «Nos enteramos de los errores de la presidencia por las denuncias de los medios de comunicación», dijeron miembros de la junta. Tirón de orejas a doña Consuelo, en la junta. Y advertencia perentoria: «Esto no puede volver a pasar». Y para que no vuelva a pasar, se decidió el revolcón. ArtBO será en adelante una filial de la cámara, con junta directiva propia, gerencia propia, dirección propia y presupuesto propio. Los errores, al ser enmendados, muchas veces conducen a buenas decisiones.”

En otra emisión, las mismas comadres coquetonas habían hecho una nota con la misma agenda y daban cuenta de algo fundamental para comprender la dimensión política de este asunto: “una delegación de la Cámara de Comercio, encabezada por Enrique Vargas Lleras y el presidente de Fenalco, Guillermo Botero, visitaron al expresidente y le pidieron reconsiderar su decisión. Gaviria mantuvo su determinación y su galería no va a la feria.”

En otras palabras, el expresidente Gaviria fue visitado por los dos representantes del poder en la junta directiva de la Cámara de Comercio: por el lado de los “políticos” fue Vargas Lleras y por el lado de los “comerciantes” asistió Botero.

En un artículo titulado Lo que hay detrás de la pelea por la junta directiva de la Cámara de Comercio, Juan Esteban Lewin de La Silla Vacía da cuenta de pugnas intestinas de poder entre las dos facciones y señala que en algo ha contribuido la actual presidente ejecutiva, Consuelo Caldas, a bajarle tensión a la situación haciendo que “la mayoría de las decisiones se tomen por unanimidad”. Pero La Silla Vacía afirma que estos embates se recrudecen “cuando hay elecciones de mesas directivas de la junta y cuando se votan por las juntas directivas de las filiales de la Cámara  —es decir, cuando se reparte internamente el poder.” Ahora, con el “tirón de orejas” que le hizo la junta directiva a Caldas, que llegó al cargo luego de ser tesorera del Partido de la U, la directora deberá ser más flexible y, tras la paliza mediática que le dieron a tan encumbrada y bien asalariada dama, su primera prueba de docilidad es elocuente: el “revolcón” de Artbo.

El maridaje entre arte y política propiciado por la actuación de un expresidente galerista pone en evidencia una pugna entres personajes del mundo del arte criollo por tener ascendencia en el control de esta feria de arte. Pero el apoyo y solidaridad despertados a raíz de una situación arbitraria, incluso la supuesta “indignación en el medio artístico nacional” que generó la exclusión de una galería o el veto a un artista, se transformaron pronto en una jugada a tres bandas que parece haberle traído a algunos, incluidos los Gaviria, grandes beneficios. El arte solo ha sido el caballito de batalla, un “bobo útil” en un combate político de largo aliento. Por algo Jasper Johns, un artista muy cotizado, decía: “Los artistas son la élite de la servidumbre”.

5. El nuevo traje del emperador

Luego de la tormenta mediática, las ventajas para algunos son dicientes:

Gaviria hija se quitó de encima a las doctoras Caldas y Quintana y con un “presupuesto propio” Artbo tendrá autonomía para funcionar bajo las “reglas” del mundo del arte. Con ella a la cabeza gana la fórmula “academia, galería, bienal, feria, colección, empresa, museo, institución = arte contemporáneo”.

Ganaron Gaviría padre y Gaviría hijo. Su partido, el Liberal, aliado con Cambio Radical, tiene a un Varguitas dentro de la junta directiva de la Cámara de Comercio y junto a otros “políticos” de la onda de la Unidad Nacional velaran por sus intereses; dado el caso, presionarán mediáticamente a la debilitada Caldas para que su uribismo no se interponga en los casos donde la “unanimidad” no sea conveniente. Se prepara el terreno para que la Cámara de Comercio apoye a un candidato liberal para la Alcaldía de Bogotá, ¿será un delfín?

Por último, vuelve y gana Gaviria padre. Su galería, con la dignidad de “autoexcluirse” de la feria, fue promocionada en está “polémica” como una de las “dos más famosas del América Latina” y el expresidente coleccionista seguro mantendrá los dos eventos que más lo destacan en la semana de Artbo: una fiesta muy concurrida y un ágape exclusivo.

Toda una lección de “real-politik”.

La fábula de Artbo muestra los patrones, piezas y costuras del mundo del arte, su conclusión es semejante a la escena final del relato de un famoso fabulista: el emperador está desnudo*.

* “Los estafadores hicieron como que le ayudaban a ponerse la inexistente prenda y el emperador salió con ella en un desfile sin admitir que era demasiado inepto o estúpido como para poder verla. Toda la gente del pueblo alabó enfáticamente el traje temerosos de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo, hasta que un niño dijo: «¡Pero si va desnudo!». La gente empezó a cuchichear la frase hasta que toda la multitud gritó que el emperador iba desnudo. El emperador lo escuchó y supo que tenían razón, pero levantó la cabeza y terminó el desfile.”

—El nuevo traje del emperador

Hans Christian Andersen

comentarios

Una opinión sobre La fábula de ArtBo: arte en la feria del poder

  1. Marta García-Höhn 2012/10/10 at 6:58 am

    Como dijo una amiga mia cuando le pregunte de que se trataba el desmesurado escándalo: …de cualquier forma, no es sino una pelea de viejas mediocres. Unimportant!!!