El Efecto Tarazona

La bomba estalló hace más de una década, la ciudad de Bilbao, en España, construyó una sede del Museo Guggenheim, de la mano del arquitecto Frank Gehry, y de la noche a la mañana se convirtió en la ciudad de moda en Europa. Bilbao era reconocida entre los propios españoles por fea; por ser una ciudad industrial y aburrida y ni siquiera su gastronomía ocupaba un lugar de honor en las guías Michellin (su vecina, San Sebastián, se llevaba todos los comensales y los aplausos de la comida vasca).

Hoy en día, Bilbao es uno de los principales destinos turísticos de España, miles de personas hacen una especie de peregrinación artística para ver las paredes de titanio del museo y quedar con la boca abierta. ‘El efecto Bilbao’ se ha extendido por medio mundo y en este momento hay 100 ciudades que quieren su propio Guggenheim, y los arquitectos -como no ocurría desde hace mucho tiempo- se convirtieron en superestrellas. Los nombres de Gehry, Niemeyer, Renzo Piano o Rem Koolhaas se pronuncian con la veneración con la que hace solo unas décadas se hablaba de Picasso o de Warhol.

La exposición de Jaime Tarazona en la Galería Nueveochenta explora esa fascinación contemporánea por la arquitectura. La muestra es una serie de proyectos de futuros edificios -creados por él- en ciudades como Bogotá, Londres, Beijing o São Paulo. En la pared de bienvenida hay una serie de planos que indican los lugares donde estarían ubicados. En San Victorino, o en Puerto Madero, en Buenos Aires, o en el City Hall, de Londres. Su propuesta es desconcertante; se trata de edificios sin ventanas, de tamaños descomunales, que tienen la forma de esculturas modernas. Tienen colores vivos: amarillo, azul rey y verde limón. Su presencia, en un mundo real, produciría el asombro y el desasosiego del aterrizaje de una nave espacial en la plaza de una ciudad.

Ese atrevimiento hace que cada escultura se mire de una manera diferente y que, en medio de todo, el espectador empiece a soñar con una construcción similar en el centro de Bogotá. Tarazona no inventa nada en el término clásico de la palabra (sus diseños no son más asombrosos que un edificio real de Renzo, Niemeyer o Koolhas), pero deja sueltas varias preguntas alrededor de la validez de una arquitectura internacional capaz de invadir todas las ciudades del planeta y, por otro lado, hace que todo a nuestro alrededor se convierta en un posible reto, ¿por qué nuestras ciudades son tan feas?, ¿por qué no podemos soñar con un Guggenheim en el puerto de Buenaventura o en Ibagué?, ¿por qué no siguió vivo -para todo el país- el impulso que le dieron a la arquitectura -de manera visible- Enrique Peñalosa y Sergio Fajardo con las bibliotecas públicas de Bogotá y Medellín? Tal vez todos los alcaldes de Colombia deberían ver esta exposición y contagiarse del ‘efecto Tarazona’.

Fernando Gómez Echeverry

 

publicado en El Tiempo

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