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En los primeros cuarenta de Eduardo

Se ha armado un verdadero zaperoco en la comunidad artística de la capital del país. Y, todo ello, por cuenta de las declaraciones de Eduardo Serrano a un periódico local, con ocasión de cumplir 40 años de actividades trajinando en ese mismo espacio de nuestra escena cultural. En medio de ese alegato virtual se puede percibir tanto un exceso de susceptibilidad como el deseo de ocasionales contestatarios de hacerse visibles a través de la red. Afirmar –como lo hace serrano en la entrevista del cuento- que hay más curadores que artistas, puede ser una consideración que riñe con la racionalidad de la estadística. Pero, al mismo tiempo, los curadores – en ejercicio declarado o encubierto- parecen estar tan omnipresentes en salones, museos, concursos  y galerías, que un espectador desapercibido podría pensar que se cuentan por decenas. Sin hablar de aquellos que, al mismo tiempo, fungen como artistas. En consecuencia, entre una cosa y otra, se ha perdido el necesario distanciamiento conceptual que es, al fín y al cabo, lo que otorga credibilidad y permanencia al ejercicio de la crítica, tan necesaria por demás, para despejar el limbo en que transcurre nuestro competido espectro audiovisual.

De otra parte, desde el propio núcleo de la crítica, Eduardo Serrano ha sido un incómodo observador del trabajo de sus colegas. En los apartes de la entrevista que aquí se transcribe publicada en 1982 *, Serrano se refiere a la nefasta influencia de la literatura en los ensayos que hace más de dos décadas se publicaban en el país a manera de crítica de arte. Ahora, las cosas han cambiado. Esa influencia –también, nefasta?- corre por cuenta de la filosofía, la sociología o la antropología a través de un bien conocido repertorio de autores, citas y publicaciones en un esforzado trámite de valoración intelectual. Después de leer lo que pensaba Serrano acerca de la crítica a medio camino de sus primeros cuatro décadas en esa ingrata tarea, segutrán sonando timbres?

Carlos Barreiro Ortiz

Bogotá, junio/2009.

* Se publicó primero en el semanario “Estravagario” del periódico El pueblo de Cali.; luego se incluyó en el libro Conversaciones de CBO, editado por el centro Colomboamericano de Bogotá.

(…)

Carlos Barreiro Ortiz: ¿Cree usted que el oficio de crítico debe tener como requisito el entrenamiento previo en varios campos en esa dirección, al contrario de lo que ocurre en el país, en donde la mayoría de los críticos son producto de la improvisación?

Eduardo Serrano: La afirmación de que están improvisando es suya, no mía. Por otra parte, en algún momento se tiene que empezar a escribir. Nadie nace escribiendo. Yo insisto en que el ingrediente principal de un crítico de arte debe ser la saturación. La persona tiene que saturarse de las obras de arte, tiene que saturarse del medio. Una persona que sea capaz de escribir claramente, sin pretensiones de tipo literario –que es precisamente el gran daño que na hecho cierta crítica del arte en Colombia- si está saturada del ambiente artístico, si sabe cuales son sus valores, si empieza a comprender lo que hacen los artistas, si se acerca al arte con modestia, estaría en capacidad de hacer crítica.

C.B.O.: Entonces, cuál debería ser la labor específica de un crítico de arte?

E.S.: Ante todo, mirar. Pero mirar cuidadosamente. Tratar de percibir qué es lo que han dicho los artistas, lo que tratan de decir en sus obras. Tratar de sacarse de la cabeza todo tipo de prejuicios políticos, económicos e intelectuales. Todo aquello que no tenga que ver directamente con los valores del arte. Naturalmente, todo está relacionado, pero es necesario hacerlo para acercarse sin prejuicios, sin teorías previas a la obra de una persona. Cuando un crítico ha decidido de antemano cómo debe ser el arte moderno, o cómo deber ser el arte en América Latina, o cómo deben comportarse los artistas de Taiwán –cualquier tipo de teoría anterior a la apreciación de la obra- podemos estar seguros de que ese crítico no podrá captarla, porque tratará de ajustarla a sus valores premeditados; a sus esperanzas, digamos más bien. La crítica nunca puede ser a priori. Debe ser una respuesta directa y coherente a una afirmación que es visual. Y la respuesta debe tratar de captar lo más posible la obra , es  decir, debe tratar de definir cuáles son las consideraciones del pintor que la produce. De otra manera, estaríamos tratando de traer al pintor a nuestros pensamientos sobre el arte y eso no puede ser posible. Porque el crítico no define el arte, el arte lo definen los artistas. El crítico lo capta, lo explica, lo sitúa, lo clarifica, lo ordena, lo discute, en fin, lo hace funcionar y llegar a un número más grande de personas, de una forma más clara, si es posible.

C.B.O.: Alrededor de esta muy personal definición del oficio de crítico, cree usted que en América Latina la crítica debe trabajar en la investigación de las carencias y problemas que se afirma, tiene el arte en nuestros países?

E.S.: Bueno, es imposible sustraerse al medio y uno no puede actuar de ninguna manera como si estuviera en otro lugar, o com o si viviera en otras circunstancias porque estas condicionan nuestra manera de pensar. Yo diría entonces que, de todas maneras, al crítico de arte en América Latina tiene un papel diferente al de un crítico en los Estados Unidos o en Europa. Lógicamente,  al critico  también le interesan otra clase de problemas, pero no puede dedicarse a solucionarlos profesionalmente porque ese no es su oficio. Ante todo, debe tratar de solucionar los problemas pertinentes a la critica que se le presentan.

C.B.: En la introducción al libro “Un lustro visual”, usted afirma que entre 1970 y 1975 se ha revitalizado no solamente el movimiento¡ plástico del país, sino también las instituciones aledañas al arte. Ha ocurrido lo mismo en el campo de la crítica?

E.S.: Yo pienso que el papel de la crítica de arte no se ha comprendido muy claramente en Colombia. Me parece –y los ejemplos durante estos cinco años son muy variados- que la crítica en Colombia se dedicó a pelearse entre sí. es decir, que su definición de crítica es sencillamente una pelea de personalidades y no la comprensión de las obras que se presentan a su consideración. Yo creo que ninguna persona en su sano juicio, debe pelear con nadie por la pintura de los demás. Simplemente, debe tratar de comprenderla, de disfrutarla o no disfrutarla, pero eso ya es un problema personal. Por otra parte, es necesario subrayar que la influencia de la literatura en el trabajo de la crítica en el país ha sido nefasto. Cada vez que se trata de hacer una investigación sobre la obra de un pintor de una época pretérita, digamos, uno se encuentra con poemas a su obra; pero nunca con descripciones, con características, con detalle, con una discusión sobre los planteamientos del artista. Sobre nada importante. Siempre con consideraciones sumamente subjetivas tratando de poner en el raciocinio de las palabras un raciocinio que es visual, lo que lógicamente es una ridiculez.

C:B.: Entonces, de qué depende el que en un país haya un número dado de personas dedicadas a la crítica de arte?

E.S.. En la seriedad de la crítica para acercarse a los problemas de la plástica, no con las razones de la novela, ni con las razones de la ficción, de la poesía o de la música. simplemente, con las razones de la plàstica.

(…)

C-.B.:De acuerdo con su experiencia, cómo reaccionan los artistas en Colombia frente a los comentarios que se hacen sobre su obra?

E.S.. De la manera más inmadura que el público pueda tener idea. si se habla bien de la obra de un artista, entonces uno es un gran crítico. Y, si uno ignora o habla mal de esa obra, entonces, el crítico no sirve para nada. Pero yo no creo que, de todas maneras, esto sea un problema exclusivamente de Colombia. Yo creo que el ego de la inmensa mayoría de los artistas es tan grande que en todas partes se dejan obsesionar por lo que dice la crítica, y en lugar de reaccionar racionalmente como persona inteligente, reaccionan sentimentalmente. reaccionan románticamente y de allí  esas actitudes tan agitadas y tan fanáticas frente a los comentarios de la crítica de arte.

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