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Galería Santa Fe: nueva sede

¿Adonde trasladan la galería Santa Fe?, ¿qué sucederá con el Premio Luis Caballero?, ¿habrá apoyo para los espacios independientes?

El pasado viernes 4 de julio tuvo lugar una reunión donde el Idartes informó sobre las propuestas que han elaborado para darle continuidad -a partir de enero de 2012- a los programas y actividades que se venian realizando en la Galeria Santa Fe.

La reunión inició con un resumen del proceso de búsqueda de sedes para la galería Santa Fe (a cargo de Santiago Trujillo, Bertha Quintero, Marta Bustos -director, subdirectora y gerente de artes plásticas, respectivamente) y una síntesis de los encuentros sostenidos con distintos sectores del medio artístico -cuyas relatorias puede leer aquí.

Luego de la presentación hubo participaciones de Ricardo Arcos-Palma, Jaime Iregui, Jorge Peñuela, Ivan Ordoñez y Lucas Ospina.

 

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comentarios

Una opinión sobre Galería Santa Fe: nueva sede

  1. Jorge Peñuela 2011/11/06 at 10:10 am

    Aire de familia. Existe un aire de familia liberal entre María Fernanda Campo y Santiago Trujillo: ambos desconocen el campo que administran. Respectivamente, ni la ministra sabe de educación, ni el director del Idartes sabe de arte.  Esto no es una paradoja como creen algunos de sus críticos, pues, para administrar sólo se necesita saber un poco de matemáticas y estadística. La ideología liberal considera que las empresas sólo requieren gerentes para su buen desempeño. En efecto, ama a estos funcionarios, porque los gerentes desprecian visceralmente el campo de las ideas. Los mencionados administradores son buenos gerentes porque presentan locuazmente informes estadísticos envidiables, pero, para desgracia del sector que administran, desconocen las ideas que vitalizan las prácticas en sus respectivos campos. Es lamentable que en el proyecto estético para Bogotá que se presentó el pasado viernes, sólo hayan tenido cabida las recomendaciones de algunos gestores culturales y no se haya escuchado a quienes piensan las ideas del sector. No digo que la gestión cultural  sea un campo deleznable. Afirmo que las políticas culturales son un asunto de deliberación amplía y democrática de ideas que propugnan por lo común de cualquier campo, y no la simple administración de una población descerebrada.
     
    Entre bambalinas, se comenta que un distinguido curador internacional colombiano y un gestor cultural nacional, asesoraron al Ideartes en esta propuesta que ejecuta el puntillazo final al premio Luis Caballero. En medio de la palabrería con que se embauca a la galería, este entuerto lo ha dejado a 2.800 metros más cerca de las estrellas. Ahora bien, tal y como lo ha manifestado Lucas Ospina en muchas ocasiones sin ser escuchado, existe también un aire de familia gerencial, entre un curador y un gestor cultural: no apreciamos una diferencia cualitativa entre ellos. Considero que esta es la razón del postramiento del arte colombiano: nuestros artistas fueron trepanados por políticas gerenciales. No digo que los artistas no estén trabajando, pues, las recientes ferias desmentirían esta afirmación. Al contrario, es sorprendente la gran cantidad de propuestas que se presenta cada día en todo tipo de “espacios de circulación” inéditos. Afirmo que el postramiento del arte colombiano se debe a que los gestores y los curadores consideran que las obras “circulan” en espacios físicos, o como suelen plantear algunos artistas, en la vida. ¡No pueden ser más ingenuos! Las obras de arte sólo “circulan” en el lenguaje, en el ejercicio crítico del pensamiento. Sólo mediante esta práctica el arte cobra vida. El arte como promesa de emancipación, adquiere sentido sólo mediante las ideas que se despliegan en el lenguaje. Con su peculiar intelección de que el arte creativo circula como circula el arte mecánico de las Galerías de Arte comerciales, el Idartes entierra el pensamiento artístico colombiano y no se diferencia de cualquier otro gestor empírico. 
      
    Las ideas de la academia no fueron atendidas, pues, los gestores solo se pueden entender entre ellos mismos; su comunicación es fácil porque sólo tienen que intercambiar cifras. El estímulo más importante a las artes plásticas y visuales de Colombia,  se lo volatizó; quedó sin sede, quizá como estrategia para que tenga una muerte “más natural”. Los incautos están babeando. Están felices porque ahora tendremos ocho bolsas de trabajo de $30.000.000 para realizar propuestas in situ en cualquier parte de esta ciudad descomunal.  Ya no habrá un premio a la mejor ejecución de unas ideas estéticas que estimulen la imaginación y el entendimiento de los bogotanos. Sólo tendremos puestas en escena aisladas entre sí, sin ningún aliciente para aquellos que están comprometidos con la idea de que el arte sólo puede “circular” en el lenguaje. Estos mismos gestores, no tardarán en solicitar una “regionalización” del Luis Caballero. Muy a corto plazo, cada Alcaldía Menor de Bogotá reclamará el derecho a una exposición de arte contemporáneo. Sin duda alguna, este proyecto es bueno para los artistas que buscan recursos para financiar sus ideas, pero es lesivo  para una ciudad que necesita construir un interés común más allá de las necesidades personales de cada artista. Ya no tendremos  artistas comprometidos con el entendimiento de los espectadores, ya que estarán hablando desde sí mismos y no desde un lugar común a todos como sucede en la actualidad. Afirmar que la sede del Luis Caballero es la ciudad en su totalidad es una banalidad, pues, ya lo es.

    Ahora bien, la mano del curador internacional de marras,  se siente en el retoñito de orangután que contiene el proyecto del Idartes: un seminario de curaduría internacional acompañará el sin-futuro Luis Caballero. Cuando los artistas colombianos  quieren liberarse de las curadurías del Salón Nacional de Artistas y miran con buenos ojos lo que acontece con el actual Luis Caballero, los gestores culturales empoderados de tiempo atrás en las dinámicas del arte contemporáneo y que asesoraron al Idartes, se las arreglaron para migrar del Salón Nacional de Artistas al premio Luis Caballero. Ni Santiago Trujillo ni Marta Bustos informaron sobre el monto de este rubro. ¿Para qué metieron los curadores este miquito? ¿Los curadores se comprometen a sacar el arte colombiano hacia otros países o solo vienen a viaticar por cuenta del bolsillo de los colombianos, como sucede con una gran cantidad de estímulos nacionales?

    En general, el gerente del Idartes reunió a algunos protagonistas del arte contemporáneo que se piensa en Bogotá, con el propósito de informarles sus decisiones. Al igual que María Fernando Campo, se justifica en que “consultó” al sector, lo cual es un ardid político que da buenos resultados. Santiago Trujillo dividió al sector para poder salir del cargo sin mayores sobresaltos y mostrar indicadores de gestión envidiables para sus colegas. No obstante, de la misma manera que los estudiantes colombianos están exigiendo al gobierno nacional que retire del parlamento el proyecto de Reforma a la Ley 30 de 1992 y lo regrese a la universidad colombiana para un debate más amplio, nuestra “Mane” también debería exigirle lo mismo al alcalde electo de Bogotá. Tenemos varias razones: el Idartes no tuvo en cuenta a la Academia, el lugar en donde se piensan las ideas que pueden transformar la sociedad. Tampoco se tuvo en cuenta a los artistas críticos, desadaptados en el modelo liberal de pensamiento. La inquietud que ha planteado Lucas Ospina respecto a la negligencia administrativa de quienes han administrado los recursos de la Galería Santa Fe, no ha sido atendida. Pregunta Ospina: ¿por qué no se realizaron estudios del espacio que actualmente ocupa la cafetería del Planetario Distrital para proyectar la Galería Santa Fe en este sector? Lucas Ospina se ha caracterizado por la persistencia y consistencia en sus ideas. Ojalá esta última no sea la excepción.

    Las medidas provisionales que  ha tomado el Idartes son un irrespeto con el campo del arte. Si la Mane –Mesa Amplia Nacional Estudiantil– tiene el recurso de pedir la renuncia de la Ministra de Educación Nacional; La Otra Mane –Mesa Amplia Nacional Estética– no tiene esta posibilidad, porque Santiago Trujillo ya está haciendo el empalme con la próxima administración. ¿Qué hacer entonces? Salomónicamente, el Idartes propone, que el próximo año planteemos a la nueva administración los ajustes necesarios a este proyecto improvisado. Pero, ¿por qué no hacer los ajustes desde ya?

    Dejo claro que Santiago Trujillo y Marta Bustos son quienes ahora deben enfrentar estas críticas. No obstante, todos los sabemos, ellos deben responder por la negligencia de aquellos administradores que el pasado no fueron capaces de articular un proyecto digno para el campo del arte plástico visual. Por supuesto, uno y otra sabían en qué berenjenal se estaban metiendo.  Por lo tanto, a ellos les corresponde pensar los ajustes que con seguridad reclamará este sector de pensamiento.