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Al oído del próximo Alcalde Mayor de Bogotá : crónica de un desmembramiento anunciado

El Instituto Distrital de las Artes –Idartes– programó tres reuniones para presentar los adelantos que sus directivas han realizado para ejecutar el desahucio de la Galería Santa Fe. Conformó unas mesas de trabajo con algunos protagonistas del arte contemporáneo capitalino, al parecer según los siguientes criterios: 1) curadores y gestores culturales vinculados en el pasado a la administración de la Galería. 2) Jurados de los estímulos distritales, directores de espacios de crítica y divulgadores del pensamiento artístico contemporáneo. 3) Artistas. Las dos primeras reuniones ya se realizaron, queda pendiente la última. La primera mesa fue poco asistida y parece que no fue mucho lo que aportó al debate; la segunda, a la cual fui invitado, fue más concurrida. Marta Bustos, gerente de artes plásticas, fue la responsable de hacer la presentación del contexto histórico de la Galería, pero no explicó el porqué de la necesidad de dividir la opinión de quienes estamos interesados en el destino de la Galería y del arte contemporáneo en Colombia. Estoy obligado a presumir la buena fe de la gerente, pero no puedo dejar de pensar en la oprobiosa máxima administrativa: “divide y vencerás”.

Independientemente de las estrategias que esté implementando Santiago Trujillo, director del Idartes, para paliar el malestar de las/los artistas bogotanos ante la inminente desaparición del concepto que orienta a la Galería Santa Fe, o por lo menos su desmembramiento, la segunda mesa de trabajo tuvo varios méritos. En primer lugar, los actuales administradores finalmente pusieron sus cartas marcadas sobre la mesa, y ya sabemos a qué atenernos. Los asistentes manifestamos con cautela algunas opiniones con sus respectivas reservas, pues, percibimos que la dirección del Idartes quiere una solución rápida, fácil, o como ellos dicen eufemísticamente: “temporal”. Le urge al director solucionar en poco tiempo lo que la anterior administración no pudo realizar en tres años, pues está conminado a entregar el espacio de la galería en diciembre de 2011, con o sin el consentimiento de los artistas que piensan artísticamente en Colombia.

Con nuestras intervenciones no dimos ningún aval, no podíamos hacerlo, ni siquiera a título personal, pues, después de la presentación, quedó claro que sólo existe un espacio viable e inapropiado para el traslado de la Galería: la Ludoteca del Parque Nacional, la cual hace parte del conjunto del Teatro el Parque, un espacio diseñado para albergar un proyecto del Ministerio de Cultura para la juventud y la infancia, parece que fallido y abandonado. Después de escuchar a Santiago Trujillo, Bertha Quintero y Marta Bustos, pienso que las directivas del Idartes no han comprendido que el problema del desalojo de la Galería Santa Fe tiene poco que ver con buscar un espacio de exposición para que “circulen las obras de arte”, como manifestó ingenuamente Santiago Trujillo, quizá replicando clisés recogidos de nuestro campo. Tengo dudas respecto a que un espacio concebido para hacer ejercicios recreativos con niños y niñas pueda convertirse en un espacio para pensar e intervenir por parte de unos artistas que se atreven a pensar diferente porque aspiran a ser mayores de edad, como es el caso de los nominados al premio Luis Caballero.

El encuentro tiene otro mérito. Los administradores quedaron enterados de que se requiere un espacio específico que rete la imaginación y el pensamiento de los artistas contemporáneos, pues, son muy pocos los que hoy se conforman con colgar cuadros en espacios abstractos en los cuales por más que se llame a la puerta, nadie responde. Este es el caso de la Ludoteca del Parque Nacional, una mole de cemento, vidrio y metal sin mayor interés cultural, excepto por los bellos árboles que la circundan. Es cierto que en la naturaleza podemos reencontrarnos con Dios, como creían los románticos del siglo XIX, pero en el estado actual del arte contemporáneo, estas ideas no logran sustentar ni siquiera un centro de arte tipo Barbizón. La dirección del Idartes deberá comprender que el espectador contemporáneo sabe que es necesario comprender las obras en un espacio específico, porque en éste encontramos signos que develar y que el artista ha de tener en cuenta en la construcción de su propuesta. El espectador juzga las obras principalmente con base en el ejercicio de reflexión que hace el artista sobre el espacio en el cual decide instalar sus obras. Las obras cambian permanentemente, no son autónomas, están obligadas a una interacción con el espectador y a una interlocución espacial.

A pesar de las reservas que muchos hemos manifestado con respecto a la manera de construir legitimidad en torno a los proyectos de interés público en las artes de Bogotá, la segunda mesa de trabajo programada por el Idartes para el día 9 de agosto, fue diversa en opinión y por lo tanto tiene su legitimidad, aunque no sobra decir que es necesario ampliarla: Jaime Iregui, Ricardo Arcos, Jorge Jaramillo, Guillermo Villamizar, Lucas Ospina, Ana María Lozano, Manuel Kalmanovitz, Gustavo Ortiz, Fernando Pertuz, Iván Ordoñez, entre otros, aportaron ideas. Desde diferentes construcciones de mundo, todos ellos son defensores del proyecto que las/los artistas colombianos han pensado en torno a la Galería Santa Fe, desde que fue sede del Museo de Arte Moderno de Bogotá.

La estrategia comunicativa del Idartes fue la siguiente. En primer lugar, se presentó como opción para la sede de la Galería el Monumento a los Héroes, ubicado en Avenida Caracas con calle 80. La adecuación costaría entre $5.000.000 y $ 6.000.000, y tardaría en realizarse unos cuatro años, pues, ni siquiera tiene registro catastral para que pueda tener acceso a servicios públicos. Ana María Lozano considera que este espacio es inadecuado por diversas razones de carácter logístico. Manuel Kalmanovitz objeta la simbólica bolivariana y arquitectónica con la cual tendrían que interactuar los artistas, pues, como nos expresó la presentadora de este espacio, el interés de la nación debe prevalecer por encima de cualquier interés particular.

La Plaza de la Concordia es el segundo espacio propuesto, en la calle 14 con carrera 1, a una cuadra del tradicional y popular  Chorro de Quevedo. Manuel Kalmanovitz comenta que habilitar un Centro de Arte Contemporáneo en el conjunto de una Plaza de Mercado puede ser exitoso en Europa pero no en Colombia. La adecuación puede costar $5.000.000. Tiene  el agravante que la recuperación de la plaza de mercado es para que siga prestando su función social. Para la Galería se diseñaría un espacio específico. Contrario a Kalmanovitz, Ricardo Arcos insistió hasta el último momento en que este proyecto estimularía no sólo al arte contemporáneo en Colombia, sino a todo este sector colonial deprimido que está siendo recuperado mediante diferentes estrategias; una de ellas es esta coyuntura desgraciada por la cual pasa la Galería Santa Fe.

En mi opinión, la dificultad que lastran estos dos proyectos consiste en su compromiso arquitectónico y patrimonial. Pienso que el interés de sus promotores no está orientado a estimular y potenciar el pensamiento de los artistas contemporáneos. Fundamentalmente, busca reivindicar un patrimonio que es necesario recuperar, a costa del arte. En ellos, los artistas seguirían siendo visitas incómodas, o, como decimos coloquialmente, unos arrimados, a quienes en cualquier momento se les puede condicionar o restringir el uso del espacio, o exigírseles en cualquier momento dejarlo, bajo el pretexto de que el patrimonio y la arquitectura icónica prima sobre los intereses creativos de cualquier artista. Esto, precisamente es lo que hoy ocurre en la Galería Santa Fe.

El último globo de esta presentación del Idartes lo soltó un arquitecto que llevó un proyecto de construcción en Corferias que será presentado a la Cámara de Comercio y en el cual habría un espacio para las artes. Esta idea no gustó. Dentro de este contexto, propuse en la mesa de trabajo mirar espacios no comprometidos con una arquitectura o con un patrimonio denso simbólicamente, pero tampoco  en grado cero, como es el caso de la Ludoteca del Teatro El Parque. Puse de ejemplo, el edificio en el cual Jairo Valenzuela realizó con éxito La Otra, hace dos años, en la calle 26 con Avenida Caracas.

Jaime Iregui y Lucas Ospina propusieron considerar espacios más pequeños, pues son más fáciles de sostener y son viables a corto, mediano y largo plazo. Y tienen razón. Temen que a mediano plazo un espacio grande no pueda ser manejado. No obstante, me parece que están replicando un prejuicio. Me dio la impresión de que prefieren seguir la tradición de adecuar espacios pequeños dado que se presupone que  no hay muchos artistas talentosos con los cuales sostener una programación de calidad. Esto también se ha argumentado para mantener el premio Luis Caballero estancado en el lugar en donde está en la actualidad. Pienso que deberíamos analizar qué grado de verdad tiene este mito, según el cual sólo unos pocos son los llamados a pensar con éxito la época que les correspondió habitar. No sería extraño encontrar que este criterio surgió del comercio de arte. Debemos considerar que la Bogotá de hoy desborda ya los ocho millones de habitantes y que son muchos los artistas que semestre tras semestre se gradúan y entran a las universidades a realizar estudios profesionales en artes. El Estado debe pensar políticas que ayuden a estos jóvenes a iniciar el camino hacia este campo tan difícil que es el arte contemporáneo. Las universidades públicas invierten muchos recursos en la formación de profesionales en artes como para qe una vez graduados estos artistas tengan que dedicarse a otros menesteres.

Ana María Lozano propone hablar con los dueños de La Residencia, espacio exitoso que parece estar en venta, no adujo las razones. Iregui sugiere hablar con los dueños del antiguo TPB en la carrera 5 con Avenida Jiménez, que como el edificio de la Calle 26, también está en venta. En fin, el consenso entre los artistas es buscar espacios que garanticen autonomía a los directivos de la Galería y a quienes  expongan allí en el futuro, idea que propuso Fernando Pertuz, quien padeció las trabas que implica montar una obra para un espacio específico cuado éste está cargado simbólicamente, como fue su experiencia en el Luis Caballero. Expuestas todas estas ideas y sugerencias, Marta Bustos concluyó que por el momento no hay posibilidad de comprar predios. Entonces, ¿a qué jugamos? ¿A cumplir con algunos protocolos que exigen concertar con el campo artístico y posteriormente tomar decisiones que perjudican un campo frágil y muy difícil de sostener por el voluntarismo que caracteriza a la mayoría de sus protagonistas? Por supuesto, el nuestro es un campo que también cuenta con entusiastas que contribuyen desinteresadamente a pensar el concepto detrás de lo contemporáneo que reivindica la Galería Santa Fe, sólo “ por amor al arte”, dicho sin socarronería.

Son muchas las dudas que nos dejó este encuentro que venía exigiendo el campo del arte en Bogotá, pues, parece que la urgencia del traslado de la Galería Santa Fe está obligando a las directivas del Idartes a proponer decisiones que otras personas con más experiencia que ellos en el campo del arte contemporáneo no pudieron tomar, dicho con todo el respeto hacia ellos, y en correspondencia con el trato amable que recibimos en la reunión.

Planteo a continuación a los amigos de este espacio de multilocución algunas preguntas: ¿por qué no resistirnos al desalojo de nuestro hábitat hasta no tener garantizado un espacio adecuado y definitivo? ¿Por qué conformarnos con un espacio “temporal” que puede ser un eufemismo para sacarnos sin mayores dificultades administrativas y políticas? ¿A qué se debe la falta de carácter en nuestro medio? ¿Por qué no podemos mostrar que las/los artistas bogotanos no pueden seguir siendo considerados como los arrimados de la casa de los ciudadanos de primera clase comercial? ¿Por qué no hemos recibido apoyo para realizar un evento que oriente la necesidad de arte que debe tener cualquier sociedad para que sea considerada y respetada como tal, y no quede reducida solamente a ser  un conjunto de autómatas felices que producen utilidades a sus señores? Si cualquiera de las adecuaciones presentadas puede tardar entre dos y cuatros años, ¿por qué no exigirle al nuevo Alcalde Mayor de Bogotá esperar ese tiempo para el traslado definitivo de la Galería? ¿No es irresponsable por parte del Idartes someternos a un traslado “temporal” que puede volverse definitivo, pues, esta administración concluye en diciembre de 2011, y es altamente probable que tengamos otros administradores el próximo año? A este respecto, Lucas Ospina propuso confeccionar un documento en el cual el Idartes se comprometa a mantener los acuerdos a los que finalmente lleguemos; si es que finalmente tienen en cuenta nuestras observaciones. Por otro lado, ¿no es irresponsable el silencio de muchos agentes artísticos que dicen comprender el arte contemporáneo? A mí me hubiera gustado ver en esta reunión a otros protagonistas que se han beneficiado económica y estéticamente de los recursos de la Galería Santa Fe. Ahora, ¿no es el momento de hablar con los candidatos a la Alcaldía Mayor? ¿No es una ideología obsoleta marginarse de la política y conformarse con el puesto de “arrimados” en la sociedad de consumidores compulsivos y ególatras que nos tocó padecer?

En conclusión, parece que el único espacio concreto con que cuenta el Idartes y que podría habilitarse para el 1 de Enero de 2012, es la Ludoteca del Parque Nacional, pero este es un espacio que no puede acoger todos los proyectos actuales de la Galería. Trasladar a este espacio el premio Luis Caballero, así sea temporalmente, es volverlo otra cosa, es pordebajiarlo. Creo que esto lo tienen claro las directivas. Sospecho que el proyecto por debajo de la manga por parte del Idartes, consiste en tomar la Ludoteca para que funcione la parte administrativa de la Galería Santa Fe, un centro de documentación e investigación que le hace falta, y la programación de la actual Sala Alterna. No sería extraño que comprometiera el premio Luis Caballero con sus nuevos aliados: el Museo de Arte Contemporáneo y el Museo de Arte Moderno. No es que estas instituciones, o cualesquiera otra Galería, no sean idóneas. El punto es que a los artistas se les debe garantizar el mismo concepto que hoy está operando en la Galería Santa Fe: un espacio con unas especificidades que reta la imaginación y el entendimiento de los artistas. Quienes trabajamos dentro de las dinámicas del arte contemporáneo no podemos aceptar este outsourcing que parece estar abriéndose camino en esta administración. Si salimos del Planetario Distrital, debemos exigir una gerencia de artes fuerte políticamente, que se niegue a improvisar, así sea presionada administrativamente; que nos garantice que no vamos a errar y a continuar con las mismas penurias que han marginado a nuestro campo. La gerencia de artes del Ideartes, debe representar más al campo del arte, que ser instrumento burocrático para implementar programas impopulares y agresivos  en nuestro medio, como el que estamos analizando.

Sin duda alguna, en esta coyuntura política de la ciudad, es el momento de crear un Centro de Arte Contemporáneo en Bogotá. Marta Bustos tiene competencias para liderar este proyecto, no creo que sea bueno para el campo del arte que ella se conforme sólo con buscar un lugar de exposiciones más, cuando puede liderar un proyecto más ambicioso, animando a Santiago Trujillo a que se una a nuestro colectivo.

Finalmente, por qué no pensar en un espacio como el citado edificio de la calle 26 con Avenida Caracas. Allí puede funcionar la gerencia de artes, la administración de la Galería Santa Fe, el programa del premio Luis Caballero potenciado, las exposiciones de la Sala Alterna y alguno de los programas de residencias artísticas, entre otros. Lucas Ospina comentó que fue jurado de la última convocatoria de la Sala Alterna. Nos contó que se presentaron por lo menos ochenta proyectos de artistas que muestran vivo interés por mostrar obra en este espacio reducido y hasta hostil. Por su alta calidad, todos estos proyectos, dijo Ospina, deberían haberse acogido, pero la tacañería espacial y económica para con las artes por parte del Distrito Capital, hace que sean unos pocos los elegidos. Este es un argumento en contra de los espacios más manejables financieramente que propone Iregui. Son muchos los artistas de talento que están esperando una oportunidad para mostrar su trabajo. Otro tanto, podemos decir del Luis Caballero, pues para la versión en curso se descartaron proyectos que los bogotanos merecíamos ver realizados. Un edificio como el acabado de mencionar puede hacer mucho por las artes y por Bogotá. Por supuesto, puede ser otro, con la condición de que no lastre historia o simbólicas que comprometan a los artistas.

La idea de un Centro de Arte Contemporáneo en Bogotá, exige una evaluación de todos los estímulos que otorga en la actualidad el Distrito Capital, y, si es el caso, desfeudalizar algunos de ellos. Esta es la tarea que le dejamos a Marta Bustos: evaluar todo aquello que quiera el Idartes mantener el año entrante. Entre otras cosas, debe garantizarles a los bogotanos que los jurados que evalúan todos los estímulos obren sin partidismos sociales, estéticos o empresariales. Los bogotanos tenemos el derecho a saber oportunamente quién está evaluando qué. Exigimos más transparencia.

Sobre la pertinencia de los premios, pongo un solo ejemplo: el premio de Ensayo histórico, teórico o crítico sobre el campo del arte colombiano. Con respecto al premio que se le otorgó a Álvaro Barrios, le oí decir lo siguiente a Víctor Albarracín en el primer encuentro de Historias Emergentes que organizó la ASAB a comienzos de año: “no es ensayo, ni historia, ni teoría, ni crítica”. Y no lo puede ser porque el nombre de este estímulo es muy pomposo y mezcla tantos intereses académicos que es imposible realizar una evaluación que haga justicia a todas las propuestas. Es probable que los jurados de este premio no fueran ni historiadores, ni críticos, ni teóricos. Once años sin pensar ni evaluar el concepto de este estímulo es un pésimo indicador de gestión.

Marta Bustos deberá considerar qué es lo que le interesa al Idartes estimular, si la crítica, la historia o la teoría. Pero no todos estos intereses a la vez en el mismo estímulo. Es hora de crear un estímulo a la crítica y un estímulo a la historia, de manera independiente, y si se quiere estimular la teoría, pues, crear el respectivo estímulo. Ahora, si hay que decidir entre historia y crítica, es necesario estimular la historia, ya que el Ministerio de Cultura tiene un estímulo a la crítica, así se haya negado a reestructurarlo, a ponerlo a tono con el aquí y ahora.

Nuestra ciudad exige puentes de signos, avenidas conceptuales para que fluyan ideas, parques simbólicos en los cuales los hombres y las mujeres seamos más libres. Todo esto es lo que piensan los artistas plásticos y visuales contemporáneos, y así debemos hacérselo saber al futuro Alcalde Mayor. Insisto: sólo mediante un activismo político podremos conseguir los recursos que reclama la alta población de artistas residentes en nuestra ciudad. ¿No es el momento de pensar en que el campo del arte tenga un concejal para que defienda nuestros intereses y no dependamos de las migajas que nos ofrecen? ¿Quién podría conseguir el aval de algún partido político? ¿Lucas Ospina? ¿Jaime Iregui? ¿Ricardo Arcos-Palma? ¿Guillermo Villamizar? Finalmente, ¿quién nos pone en contacto con los candidatos a la Alcaldía Mayor? A propósito de Arcos-Palma: parece que esta coyuntura en la cual está participando lo obliga a regresar al debate en Esfera Pública. ¿Jaime Iregui hará la invitación ya que comparten el mismo interés por la Galería Santa Fe? Por mi parte, los invito a los dos a que sigan animando la discusión del destino de la Galería.

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Jorge Peñuela

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Publicado originalmente en liberatorio.org, Otra Esfera para pensar el arte contemporáneo que pensamos en Bogotá.

comentarios

8 Opiniones sobre Al oído del próximo Alcalde Mayor de Bogotá : crónica de un desmembramiento anunciado

  1. Manuel Kalmanovitz 2011/07/15 at 4:04 pm

    El éxito de público de la Santa Fe (lo dijo Lucas en la reunión y me parece fundamental) es que mucha de la gente que iba al planetario llegaba a destiempo. Entonces, mientras esperaba a que llegara la función, se metía a curiosear a la galería. Es decir, llegaban no con el plan de ver la exposición, sino por casualidad. Eran encuentros azarosos, digamos. 
    Y me parece nuestra época tan especializada y atomizada tiene problemas para generar esa clase de encuentros, no sabemos cómo hacer que la gente encuentre cosas que no tiene planeado encontrar.
    Y aunque esa me parece una cuestión, como ya dije, fundamental de nuestra época, no sé cómo se podría resolver desde lo oficial, que está estructuralmente dividido, atomizado y especializado.
    Quizás la respuesta sí sea el palacio de las artes. Donde la gente va a un concierto o a una película o a una función de danza y se encuentra con todas estas otras cosas. Pensando que, al llegar temprano o tarde, pueden encontrar lo que no se les ha perdido. Que es, además, lo que les hacía falta.

  2. Jaime Iregui 2011/07/15 at 5:10 pm

    El Palacio de las Artes puede ser la solución a largo plazo (podría estar listo dentro de tres o seis años). El problema de fondo -y ese era uno de los puntos centrales de la reunión- es dónde tendrán lugar las exposiciones de la Galería Santa Fe una vez se cierre el Planetario en diciembre próximo.

    En mi opinión, en el corto plazo la opción viable sería aquella que no implique ni grandes presupuestos, ni la construcción o adecuación de grandes espacios. Es decir, pensar en un espacio más discreto -y por tanto, más pequeño- en relación con dos grandes proyectos que el IDARTES presentó en dicha reunión amanera de referencia, como fue el caso del mega auditorio que se está proyectando construir en Corferias (US130 millones) y que estaría listo en seis años, o El Matadero en Madrid, un enorme espacio (era, como su nombre lo dice, un matadero) para cuya adecuación se destinaron grandes cantidades de dinero y una vez concluido no ha logrado funcionar plenamente porque no hay el suficiente presupuesto para programarlo.

    Por ello creo que lo mejor es adecuar lo antes posible la ludoteca del Parque Nacional. Más aún cuando hay cambio de administración en la ciudad a partir de enero próximo y, en caso de no quedar llevar adelante los procesos para que desde enero o febrero exista un espacio para la Galería Santa Fe, el asunto se puede dilatar hasta disolverse en el tiempo.

    Lo que no puede suceder es que por dedicarnos a pensar en el espacio ideal, pase el tiempo, llegue la nueva administración e iniciemos otra vez el proceso de búsqueda de un espacio para la Galería Santa Fe, proceso que se inició hace tres años con la FGAA y que ahora retoma el recién estrenado IDARTES, al que posiblemente llegue en enero un nuevo equipo de funcionarios.

    ***

    Aquí las participaciones de los distintos invitados a esta reunión, que intervinieron en el siguiente orden: Ricardo Arcos Palma, Gustavo Adolfo Ortíz, Jaime Iregui, Fernando Pertuz, Marta Bustos, Iván Ordoñez, Jorge Peñuela, Andrés Matute, Ana María Lozano, Santiago Trujillo, Manuel Kalmanovitz, Lucas Ospina.

    para escuchar, pulse aquí >
    http://esferapublica.org/nfblog/?p=17855

  3. Nadia Moreno 2011/07/15 at 9:58 pm

    Participé en la primera reunión realizada el pasado 29 de junio, como parte del equipo de la gerencia de artes plásticas en administraciones anteriores. No se porqué Jorge percibe que esa primera reunión tuvo poca asistencia y pocos aportes… Tampoco es que fueran muy cuantioso el número de invitados. No creo que la intención de estas mesas sea la de “divide y vencerás”. Es apenas lógico que para tener tiempo de discusión y de opinión se haya organizado la retroalimentación por “mesas” y no por el mecanismo de “asamblea”.

    A pesar de que el tiempo se quedó corto para todo lo que esta coyuntura demanda, se dejaron sobre el tapete varias preocupaciones y opiniones en caminos no muy disímiles a los que se tocaron en la segunda mesa. En el caso de la primera mesa, la sede del Parque Nacional no se expuso como alternativa posible…Seguramente para esa fecha no había información suficiente al respecto.  Sólo se habló de la posibilidad del proyecto de la Concordia y el del Monumento de los Héroes. Siguiendo esta ruta, los asistentes también expusimos preocupaciones de sostenibilidad, planteamos que la solución debía ser a corto y largo plazo y no solo algo “temporal”… Insistimos sobre la necesidad de implementar remodelaciones serias que solventen las condiciones necesarias para la exhibición, resguardo y documentación de las prácticas artísticas contemporáneas, algo que la Galería Santa Fe actualmente no satisface a cabalidad.  

    Un Centro de Arte Contemporáneo para Bogotá, que cumpla con todas las características ideales e idóneas, por supuesto que es algo deseable para todos. Pero tampoco podemos caer en una suerte de sueño desarrollista, creyendo que con un proyecto arquitectónico digno de las grandes metrópolis del arte internacional la política de fomento a la circulación por parte del Distrito (es decir, la exhibición pública) de la práctica artística en Bogotá esté solucionada.  Mucho menos la de fomento a la creación, investigación o la de la circulación de los discursos del arte. La gerencia de artes plásticas del Distrito no puede ni debe concentrar toda su política y sus programas a satisfacer las demandas de un espacio de exhibición.  

    Tema aparte es el premio de Ensayo.  Creo que Jorge está confundiendo un malestar personal con este premio y todas las sospechas que sobre éste tiene, con una “ausencia” de definición y la supuesta falta de revisión y actualización de los criterios de dicho premio. El premio sí ha cambiado, siguiendo justamente la dinámica de las prácticas discursivas que circulan en Bogotá. La segunda modalidad (ensayo corto) desapareció para darle paso a la beca para publicaciones periódicas, ante dos años consecutivos de premios desiertos en dicha modalidad y recogiendo los aportes de los jurados en distintas versiones. 

    Afortunadamente, hay cada vez más hay discursos histórico-críticos, o teórico-críticos, de tal suerte que la idea no es abrir una brecha entre uno y otro, sino la posibilidad de que existan puentes. ¿O será necesario también pensar en estimular y evaluar de acuerdo a los “géneros” de las prácticas artísticas (pintura, instalación) y esto también lo tiene que decidir la gerente de artes plásticas? 

  4. Jorge Peñuela 2011/07/16 at 3:33 pm

    Nadia: Su intervención es oportuna porque usted tiene conocimiento de primera mano respecto a nuestro problema. Por eso mismo pienso que una reflexión autocrítica aportaría más a la discusión. No se trata de saber si los aportes que hacemos cada uno de nosotros son personales o son respuestas institucionalizantes. El punto es hacer una evaluación de aquello que la gerencia de artes ha hecho para establecer las bondades o dificultades de los estímulos, por lo menos en el último quinquenio; ¿nunca se han hecho estas evaluaciones? ¿Existen documentos a este respecto  que se puedan consultar y evaluar?

    Ahora, no he dicho que la gerente de artes deba decidir caprichosamente qué estímulos debemos sostener los bogotanos con nuestros impuestos, o cuáles se deben reorientar. Al contrario. He planeado que se evalúe cada uno de los estímulos y se estudie cuál ha sido el aporte de cada uno a nuestro campo. Esta evaluación es la que debe  orientar la pertinencia de seguir sosteniéndolos. He solicitado más transparencia con base en las quejas que se han ventilado en Esfera Pública respecto a los feudos estéticos de nuestra ciudad. Recuerdo ahora la queja de Andrés Matute, respecto a sus observaciones a este respecto.

    Considero que no es legítimo comparar la producción y evaluación de obra plástica, con la producción de discurso. La historia es una ciencia que cuenta con protocolos diferentes a los de las otras ciencias; la crítica de arte tiene sus propias características. Por su parte, la teoría puede prescindir tanto de la historia como de las obras de arte. Cada uno de estos discursos tiene sus propias lógicas.

    Nadia: el informe que recibimos el día que trabajamos en la segunda mesa, fue tan sucinto que no recuerdo ya cuáles fueron los aportes de la primera. El informe se limitó a siete u ocho líneas en una diapositiva. No recuerdo si se leyeron, porque la mayoría de las diapositivas no fueron leídas. Queda pendiente la promesa de la gerente de artes de enviarlas a los correos de los participantes ya que por la premura no pudieron ser leídas. Su acotación respecto a que la información respecto a la Ludoteca del Parque Nacional es algo nuevo para usted, muestra las dificultades que tiene el Idartes para concretar sus ideas.

    Le creo. Con seguridad fue más interesante el trabajo de la primera mesa, pero  lo que llegó a la segunda fue muy poco. A mí personalmente, me hubiera gustado escucharla y hasta hacerle algunas preguntas. Considero que estas mediaciones eficientísimas entre mesa y mesa pueden distorsionar las ideas que hemos planteado, y, lo más grave, es que  pueden dar paso a  conclusiones ilegítimas que nos perjudiquen. Reconozco que se puede dialogar mejor en mesas pequeñas, pero bajo la condición de que al final todos nos reunamos para socializar los resultados finales y no dejar esta tarea delicada a los funcionarios del Instituto.

    Sobre el traslado de la Galería pienso que el desplazamiento “temporal” es una artimaña para sacarnos sin mayor conflicto. Los proyectos presentados a las mesas de trabajo son un endulzamiento de la oreja para hacernos creer que por fin los artistas van a tener un reconocimiento completo. Yo prefiero hacer resistencia en el Planetario Distrital hasta que haya una solución definitiva. No comparto la idea de un espacio pequeño, así Jaime Iregui tenga razón cuando afirma que es mejor eso de manera permanente a no tener nada. Para mí el desahucio de que es víctima la Galería Santa Fe y los artistas contemporáneos de Colombia, es un Florero de Llorente. Pienso que es el momento de pensar nuestro lugar en esta ciudad. Es el momento para convocar a los artistas a que intervengan con sus ideas esta realidad abyecta que padecemos.

    Nadia: no sobra recordar el escenario en el cual vivimos. Una ciudad que se convirtió en el coto de caza de la clase dirigente. El Polo sólo es el chivo expiatorio. Vivimos en una  ciudad en la cual pululan los mendigos y los atracadores porque los robos a lo público no dejan recursos para mejorar la ciudad desde su interior, y los administradores se conforman con embellecerla externamente. La nuestra es una ciudad en la cual los individuos más peligrosos no son aquellos que nos atracan o nos acosan por un par de monedas. Los más riesgosos para la vida de la ciudad, son los millones de seres indiferentes que perdieron su posibilidad de pensar, aquellos que cuando observan un atraco, se paran a mirarlo sin poder determinar si eso que ven sus ojos es real o una es una ficción. Con este diagnóstico, los artistas deben proponerse transformar este estado de cosas, deben estimular nuestro pensamiento con sus ideas. Por eso la reunión con los candidatos a la Alcaldía Mayor es vital. Los artistas quieren  contribuir a la resocialización de esta ciudad venida a menos, pero necesitan recursos. Y esto lo debe saber el futuro Alcalde. Él debe comprender que los artistas son unos aliados para propiciar transformaciones. No se trata de solucionar problemas empíricos pues no somos sociólogos o antropólogos. El punto es recobrar nuestra facultad de pensar y juzgar, para sentir vergüenza, indignación y resentimiento por todo lo que pasa en esta bella ciudad. Estos sentimientos son los que los artistas pueden contribuir a modelar. Esta es la parte interna de la que hablé arriba. Hablo de ética, aquello de lo que nadie en nuestro país quiere oír hablar, porque la única manera de sobrevivir en esta ciudad es mediante la corrupción. 

    Saludos y gracias por sus observaciones.

  5. Nadia Moreno 2011/07/21 at 1:59 am

    Mi conocimiento más que de primera mano es más bien como histórico en este caso. Han pasado ya 3 años y algo más desde que dejé de trabajar en la gerencia de Artes Plásticas. Para aquel entonces, no se vislumbraba una posibilidad medianamente real de que la galería saliera del Planetario, a pesar de la continua incomodidad que manifestaban distintos sectores frente a la idea de que existiera un espacio para el arte contemporáneo en un planetario (astrónomos… y hasta astrólogos).  El caso claro fue con una exposición como “Un caballero no se sienta así”. 

    Frente a todas sus dudas/recomendaciones/sospechas referentes al programa de estímulos, yo le recomendaría que se pusiera en contacto con el Consejo Distrital de Artes Plásticas y socializara con ellos su inquietud. Ese es el mecanismo de participación idóneo para ello. Creo que hablar de este tema en este escenario de debate (Galería Santa Fe en Esferapublica) desvía la atención.

    Una propuesta posible para la gerencia de artes plásticas es que socialicen en una presentación/mesa el resultado de las tres mesas.  Pero eso hay que decírselo a la gerencia, proponerlo al Consejo de Artes Plásticas… No se puede quedar aquí sólo como una sospecha sobre el “divide y vencerás” o en afirmaciones  basadas en percepciones más que en certezas. Yo le propondría eso a Jorge y con eso salimos varios de distintas inquietudes.
     

  6. Jorge Peñuela 2011/07/21 at 1:00 pm

     
    Resistencia activa y creativa para que sea pacífica
     
    Nadia: celebro que mantenga la interlocución y que tengamos la oportunidad de continuar este diálogo, el cual, de prosperar, puede abrir horizontes inéditos para las prácticas artísticas y estéticas que se ponen en obra en Bogotá. Usted tiene razón en cuanto a que debemos participar aprovechando los mecanismos que han sido creados para tal fin. Sin duda, en condiciones ideales estos mecanismos burocráticos son útiles. No obstante, pienso que estamos inmersos en una crisis de confianza nacional que el único mecanismo de participación en que confiamos es la acción directa. El expediente Nule es sólo la punta del iceberg. La malicia indígena es sabia y nos aconseja no escuchar  los cantos de las sirenas que nos convocan a participar dentro de estas estructuras duramente jerarquizadas y por ello mismo cuestionadas por su inoperatividad. Siguiendo el protocolo que usted nos recomienda,  nuestra participación no es vinculante. La acción directa que estamos proponiendo como estrategia paralela a la propuesta del Ideartes, sí lo es, pues con ella tenemos la posibilidad de comprometer al próximo Alcalde Mayor. En la actual coyuntura política por la que atraviesa nuestra ciudad, el cambio de horizonte es posible. Usted tiene mucha confianza en estos mecanismos como el Consejo Distrital de Artes Plásticas, y respecto su opinión. Pero me pregunto a propósito: ¿quiénes son? ¿a quién representan? ¿Por qué no sabemos nada de ellos? ¿No es esto un indicador de que se están representando a sí mismos? Creo que si esperamos a que nos den la voz para participar, dentro del protocolo burocrático actual, el cambio que esperamos no se dará. Los cientos de artistas plásticos y visuales que residen en nuestra ciudad y que no han tenido oportunidad de desplegar sus talentos por la ausencia de políticas que empoderen su pensamiento como una alternativa de libertad y progreso, seguirán en el anonimato infame al que están condenados por el sistema liberal.
     
    Nadia: permítame insistir. Usted tiene información de primera mano que nos puede dar herramientas no sólo históricas para visibilizar nuestros problemas, y buscarles una solución que satisfaga al mayor número de artistas. No creo que la participación amarrada a protocolos controlados institucionalmente pueda  aportar algo para trasformar nuestras costumbres feudales. La acción directa que estamos proponiendo desde Esfera Pública SÍ. Usted que trabajó con ahínco por la Galería Santa Fe, ojalá se anime a conformar un grupo de acción crítico como el que estamos construyendo, que se gane la confianza de los artistas y que inicie una trasformación de nuestro campo. Todo esto con el propósito de que no se vuelvan a presentar los episodios que tanto nos han molestado. Vuelvo a mencionar el más conocido de ellos: el expediente que abrió Andrés Matute y quedó cerrado definitivamente por consideraciones aristocráticas. Con seguridad existen muchos más que no se han hecho visibles, debido principalmente a que nuestro escepticismo tradicional inhibe la necesidad que tenemos de escribir para denunciar los abusos del poder burocrático.
     
    Nadia: también tiene razón en que en este momento lo urgente es la Galería Santa Fe y el premio Luis Caballero. Celebro que lo considere así.  Pero, ¿por qué no aprovechar este Florero de Llorente en que se convirtió este  desahucio innoble, para que de una vez por todas revisemos todas las quejas que ha hecho el campo del arte en Bogotá acerca del manejo que se ha dado a todos los estímulos que se financian con sus impuestos? Usted que conoce bien nuestro campo, ¿por qué no contribuye al balance autocrítico que estamos promoviendo para que los estímulos del Distrito Capital, entre ellos la Galería Santa Fe, lleguen a más artistas y no queden  feudalizados en manos de una aristocracia estética y comercial? 
     
    Finalmente, la invito a liderar esta acción que estamos proponiendo.  Nuestro campo requiere líderes que conozcan los intríngulis que afectan la credibilidad de las instituciones responsables de incentivar la creatividad y el pensamiento artístico en Bogotá y Colombia.
     
    Saludos y gracias por su respuesta.

  7. Guillermo Villamizar 2011/07/21 at 10:23 pm

    La reunión del lunes 11 de julio entre IDARTES y diferentes representantes del medio de las artes plásticas, deja ver la fisura que existe al momento de negociar las necesidades del sector con las instituciones.

    Los tres lugares señalados no cuentan con estudios serios tanto de presupuesto como de cronogramas frente al imperativo que obliga a desalojar la sala del planetario. Ha pasado suficiente tiempo sin que la FGAA y ahora el IDARTES hayan investigado con responsabilidad este tema.

    Pero si las instituciones no saben muy bien qué hacer al respecto, el sector apenas responde a la pobreza de las iniciativas planteadas mediante pronunciamientos individuales.

    La incertidumbre no sólo ronda a la galería Santa Fe o a los funcionarios de IDARTES sino a toda la galería de actores que conforman el sector.

    ¿Resulta imposible que el gremio desarrolle políticas conjuntas y concertadas antes de formular sus observaciones en estas mesas de trabajo?

    Porque el problema no es sólo la galería Santa Fe, sino todo un conjunto de necesidades que afectan al sector y frente a las cuales no hay una estrategia sectorial, en la medida que los vacíos de las políticas institucionales tienen repercusiones unos sobre otros.

    No existe una política pública de subsidios para talleres con destino a los artistas jóvenes, la investigación histórica/teórica en artes depende mayoritariamente de un sistema de concursos y premios obsoleto y discriminante ¿La red de circulación de las producciones se ajusta a la oferta que existe? ¿Cuál es la política de estímulos financieros para que las galerías de la ciudad participen en ferias y muestras de orden internacional?

    Frente a un tema puntual como es el de la galería Santa Fe ¿cómo actúa el sector?
    Pues sencillo: acepta las reglas de juego que pone la institución y formula cuestionamientos desde instancias individuales, para que la discrecionalidad de los funcionarios de turno decida si tramita o no las sugerencias.

    El ejercicio que cita Guillermo Vanegas titulado Diagrama de relaciones de la crítica en el sistema de arte sirve como ejemplo de identificación de un subsector dentro del campo del arte argentino en este caso.

    Caracterizaciones de este tipo (probablemente menos risueñas) hacen falta en el medio Bogotano, no con el propósito de alimentar la ironía chic que tanto gusta en la localidad, sino como herramientas para conocer mejor el funcionamiento interno de la red artística de la ciudad y su capacidad de negociación a la hora de exigir políticas justas a sus necesidades internas como esfera cultural.

    Ahora bien, la pregunta importante es saber si al propio medio le interesa desarrollar estas dinámicas sobre el funcionamiento interno de la red artística y la relación que crea a nivel intersectorial o probablemente prefiera mantener su política micro empresarial, en donde cada uno actúa a sabiendas de que es mejor proceder de esta manera y evitar su ubicación en un organigrama funcional que probablemente detecte y afecte su red de relaciones tanto públicas como económicas.

    En el fondo se trata de dos viejos modelos conocidos: capitalismo vs socialismo. Aunque huyamos de las ideologías, persisten soterradamente en nuestros comportamientos. La teoría dominante y que parece ser la que funciona actualmente, privilegia un accionar inspirado en la libertad empresarial, es decir, cada subsector desarrolla individualmente sus propias políticas y maneras de acrecentar su actividad al interior del campo, creando competencias a nivel de pequeñas redes que fortalecen los intereses de los agremiados que tienen el privilegio de pertenecer a la micro célula de gestión cultural.

    Las políticas sectoriales afectan a la micro célula en la medida que ésta prefiere actuar y obtener ventaja económica de las prebendas que ofrecen las directrices de apoyos públicos (presupuestos) distribuido por las instituciones, sin que sus objetivos se tengan que plegar a intereses que contemplen el bienestar público y con preferencia mejor al bienestar de la célula.

    Una política sectorial con agenda conjunta recrea un modelo comunitario, donde el interés general persiste por encima del interés privado. Es decir, iniciativas privadas versus iniciativas públicas.

    El sentido común diría que frente al tema de la Galería Santa Fe es preferible actuar de manera conjunta, en la medida que una decisión de carácter público (qué hará IDARTES con la galería y todo lo que ella representa) afectará al sector en general, convirtiendo el tema de la galería en una preocupación mayor para el medio que para los propios funcionarios de la institución mencionada. 

    El sector debería adelantar una reunión con las personas que han asistido a las mesas de trabajo, para que se analice la posibilidad de suscribir una estrategia común frente al tema de la galería, con una agenda precisa y en donde se pueda estudiar detenidamente las alternativas que existen y así elaborar una declaración que se le comunique al IDARTES e incluso, recogiendo la propuesta de Jorge Peñuela, se convierta en una petición que se les transmita a los candidatos a la Alcaldía de Bogotá.

    Guillermo Villamizar