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Analfabetismo y piratería

El Programa Antipiratería de Obras Cinematográficas está enviando cartas a algunas universidades privadas en las que manifiestan que ellos representan los intereses del Estado y los derechos de los productores y distribuidores del material audiovisual que reposa en sus bibliotecas y advierten sobre un uso delictivo: señalan que los discos de películas no se pueden prestar para uso externo y aseveran, sin adjuntar prueba alguna, que las instituciones están haciendo circular copias “no autorizadas” o “piratas”; aclaran que esta práctica de préstamo no puede continuar en las actuales condiciones.

Como las bibliotecas de las instituciones privadas permiten el acceso a su material como un servicio implícito en el pago de una matrícula, el Programa Antipiratería de Obras Cinematográficas parece considerar que esto involucra una transacción monetaria que las pone al mismo nivel de una tienda de alquiler tipo Blockbuster. Sin importar que el propósito de las bibliotecas es de enseñanza, la “reproducción, exhibición, venta o alquiler” son señaladas como acciones prohibidas sin la debida autorización (por ejemplo, a los jardines infantiles de Irlanda se les cobró por mostrarle a sus párvulos películas de Disney).

El Programa Antipiratería de Obras Cinematográficas no discrimina entre la práctica pirata del que copia películas y las vende en un agáchese en la calle, o en los alrededores de la misma universidad, y la universidad privada —sin ánimo de lucro— que compra este material de forma legal y lo proyecta o presta a los usuarios de sus bibliotecas para que lo lleven a sus casas, se asume que ambos actos se desprenden de la misma raíz criminal y deben ser fiscalizados.

El problema para las bibliotecas de las instituciones educativas privadas está en que no hay figura legal para cancelar el tributo o adquirir la licencia que se les exige. Algunas universidades han hecho caso omiso de la advertencia del Programa Antipiratería de Obras Cinematográficas y ante un posible caso legal están listas a defender su posición justificando el uso académico de las películas como “material para la enseñanza”; otras, después de consultarlo con sus plantillas de abogados, se han reunido con los miembros del Programa Antipiratería de Obras Cinematográficas y con la Dirección Nacional de Derechos de Autor para llegar a un acuerdo local que los exonere a ellos y a todos los otros sistemas de bibliotecas de hacer pago alguno —pues donde pague uno, pagan todos—.

El posible acuerdo a que se llegue, luego de ser revisado y perfeccionado por las plantilla de abogados de los diferentes estamentos criollos, será traducido para ser presentado a las casas matrices de los intermediarios que tienen los derechos internacionales de comercialización del material audiovisual, tal vez ellos antepongan sus intereses —y los intereses de los tratados de libre comercio o acuerdos de comercio de sus estados—, y comprendan lo que es la educación; tal vez estos consorcios que viven del lucro de la intermediación consideren que este caso merece una excepción que beneficie a los usuarios de las bibliotecas de las universidades privadas de una lejana república africana, perdón, suramericana. Al menos, cierta porosidad a estas ideas ya se ha visto en altas instancias, así lo demuestra —aunque con cierta ambigüedad— Francis Gurry, el Director General de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, en la conferencia El futuro del derecho de copia que dio a comienzos de este año: “necesitamos hablar menos en términos de piratería y más en términos de la amenaza financiera que se cierne sobre la cultura en el siglo XXI, porque es esto lo que está en riesgo si no somos capaces de tener una política del derecho de copia efectiva y balanceada”. Sin embargo, una cosa es lo que dice este funcionario y otra cosa es lo que piensan los representantes directos de los dueños del negocio, por ejemplo, Greg Frazier, vicepresidente de la MPAA (Motion Picture Association of America), al ser interrogado sobre iniciativas de código abierto para la producción intelectual, afirmó: “si estamos hablando de democratizar la cultura, eso no está en nuestros intereses. En verdad no me interesa”.

Mientras ese trámite incierto cumple su proceso algunas instituciones educativas han tomado la medida cautelar de cancelar el préstamo del material fílmico y darle acceso solo a los profesores que lo necesiten por unas cuantas horas para sus clases (se advierte que el Programa Antipiratería de Obras Cinematográficas tomará nota del uso de este material en clase y puede contemplar que este tipo de uso es el mismo que hacían muchos cineclubes que fueron perseguidos, suspendidos y finalmente clausurados en las universidades).

Es de esperar que ante esta orfandad fílmica algunos miembros de las universidades privadas se impacienten y recurran a otras vías de hecho para suplir lo que parecía garantizado pero ahora se les niega (y que además ninguna plataforma digital legal ofrece de forma “efectiva y balanceada”).  Desde aquí les hacemos un llamado:

Estudiantes, su educación audiovisual no es algo primordial, confórmense con leer libros y fotocopias y siéntanse afortunados, por ley ustedes no pueden sacar libros de las bibliotecas o fotocopiar material alguno (pero ese reclamo legal queda para más tarde, primero está el tanteo con las películas, luego, cuando sea el momento, vendrán otras acciones jurídicas). Estudiantes,  por ahora limítense a lo que ofrece la cartelera de cines de su multiplex más cercano o a los “estrenos exclusivos” que los productores y distribuidores autorizados harán en los centros culturales universitarios como una estrategia de mercadeo para promocionar las películas de temporada ante el target juvenil de público cautivo. Estudiantes, vayan a los supermercados e intenten pescar algún título entre las góndolas de ofertas (Buscando a Nemo es una gran película), busquen películas en discotiendas, hagan la inversión, paguen  un  precio que supera en decenas de miles el del mercado negro. Estudiantes, exploren la oferta televisiva nacional y vean con juicio lo que ofrece, o adquieran paquetes de televisión por cable y encuéntrenle el arte al Discovery Channel y caigan encantados ante el virtuosismo de Cesar Millán, el encantador de perros. Estudiantes, confíen en las autoridades, ellas ya está tomando cartas en el asunto, por ejemplo, han expedido un proyecto de ley que busca penalizar con cárcel y multas el uso y tráfico de cualquier archivo que genere reclamos de derechos de autor, esto es por el bien de todos (incluso podrá ser beneficioso para uno que otro autor); también, desde el Estado se ha propuesto una reforma educativa que busca fomentar que haya universidades con ánimo de lucro para que en un futuro no solo sea la razón la que funde la universidad sino que sean la oferta y la demanda las que depuren el sistema educativo, sobre todo hay que librar la carga académica de todo eso que ofrecen las artes, las humanidades, la filosofía, algunas ciencias sociales y el cine visto como arte, estos devaneos son un lujo que solo pueden ser ofrecidos por una educación de élite.

Coda

La comunidad educativa que pretenda eclipsar su analfabetismo audiovisual y todo el que desee ejercitar su mirada e intente tener acceso a este material por otras vías, NO debe hacer lo siguiente:

1. NO tenga un computador a la mano con conexión a banda ancha.

2. NO descargue e instale un programa de descarga de ficheros o “torrents” para intercambio de archivos por internet, puede ser cualquiera de los 28 que aparecen en esta página:

http://www.softonic.com/s/programas-para-descargar-torrents

NO se sugiere usar utorrent:

http://utorrent.softonic.com/

3. NO abra su navegador y NO acceda a páginas donde se pueden acceder a “Torrents” de lo que usted está buscando, puede ser cualquiera de los 21 que aparecen en esta página:

http://www.comodescargar.com/programas/torrent/como-buscar.php

NO se sugiere usar The pirate bay:

http://thepiratebay.org/

4. En el cuadro del buscador de alguno de estos programas NO escriba el nombre de lo que usted está buscando; por ejemplo, algo raro, como la película If de Lindsay Anderson:

5. NO haga clic en el enlace y NO haga clic en “download this torrent”:

6. Si hizo caso omiso a lo anterior el “torrent” quedará en su carpeta de descargas, NO vaya al programa de descarga de ficheros, por ejemplo Utorrent, y en archivo o “file” NO seleccione “abrir” ni “open torrent”.

7. NO contemple como se descarga el archivo en su computador. NO se recomienda verlo en un programa de reproducción como lo puede ser VLC placer:

http://www.videolan.org/vlc/

NO lo descargue ni lo instale y si lo hace NO abra archivo o “file” ni seleccione “abrir” para ver lo que descargó.

9. En caso de que quiera ver la película con subtítulos, pues muchas se consiguen en DVD legal pero sin la opción del subtitulaje en español, puede encontrarlos gracias a la labor de anónima y no remunerada de algunos usuarios, NO vaya a una página de búsqueda de subtítulos como puede ser

http://www.solosubtitulos.com/

NO descargue el archivo, usualmente con terminación “.rtf”, NO le cambie el nombre para que coincida con el nombre del archivo de video que descargó (pero dejando la terminación” .srt”; por ejemplo, si se trata de la película If, los archivos serían “if.avi” de video y “if.srt” de subtítulos). NO ponga ambos archivos en la misma carpeta. NO abra VLC, ni archivo, ni seleccione abrir el archivo de video, tampoco vaya al menú “video” y en “subtítulos” active los subtítulos.

10. Finalmente: NO vea la película.

Estudiantes, NO pirateen y menos aun pirateen a los piratas; por ejemplo, NO se les ocurra descargar en su computador la película IF y copiar e interpretar el famoso final alegórico que marcó a algunos de sus padres y abuelos en el tumultuoso y antiautoritario 1968.

NO, NO, NO lo hagan…

http://www.youtube.com/watch?v=GJ1LG08ssaM

13 Opiniones sobre Analfabetismo y piratería

  1. Alejandro Martín 2011/05/15 at 9:46 pm

    Esto que escribe me lleva a la primera conversación que tuve con el anterior director de cinematografía, David Melo. Estando en la antesala de la oficina, para una cita por allá en el año 2003, me encontré con una guía para cineclubes. Con cierta alegría, recordando mis tiempos de cineclubista, decidí mirarla. Cuál no sería mi decepción al encontrar que la primera página no tenía listas ni sugerencias, sino que imponía restricciones: allí se señalaba que era la exigencia básica de todo cineclub era que desde comienzos de semestre debía pasar al Ministerio una lista de las películas a proyectar y que el ministerio diría si se aprobaba o no según la regulación de derechos de autor.

    Indignado y pensando que era lo más absurdo que había leído, entré a mi cita en la dirección. Cuando le conté lo que estaba pensando, David Melo me llamó pirata y me explicó de manera sensata y paciente en qué consistían los derechos de autor y por qué debían respetarse y el Ministerio, encabezado por él, debía defender ese respeto. Hablamos, por ejemplo, del mal que le hacían los dvd de semáforo a los estrenos nacionales y de la iniciativa “pacífica” de los piratas de posponer el estreno de semáforo a que pasara el estreno en salas. Teníamos que hablar de otras cosas y dejamos así el tema, pero éste no ha dejado de cruzarse cada vez que nos encontramos.

    Pero un cine-club es muy distinto que un negocio de semáforo y de sanandresitos.

    Pensé que si, en mis tiempos de cineclubista, hubiera dado con esa guía, me habrían quedado dos opciones:
    1. Tirar la guía a la caneca
    2. Cerrar el cineclub
    En el cineclub teníamos, con suerte, programación con dos meses de antelación. Si vimos películas, fue en gran medida gracias a un misterioso y milagroso, y siempre sorprendente e imprevisible, mercado pirata que existía en la capital. Y, en particular, a un agente que conocía a todos los interesados y que cuando cada uno adquiría una lista, él le comunicaba a los demás las nuevas adquisiciones generales. En realidad no era tan abierto todo, él le decía a quién quería lo que quería, y así conseguía tener las que todos por nuestro lado conseguíamos.

    Eran mediados de los noventa y todavía no había Cinemanía ni las nuevas distribuidoras (cuya desmejora en calidad se hace evidente en el hecho de que Eurocine vuelve a ser el éxito de entonces), así que en el cineclub se estrenaron películas como la trilogía de Kieslowski o Trainspotting o Reservoir Dogs. Películas que hoy nadie entendería que no se estrenen masivamente, pero que en el caso de las primeras llegaron a festivales locales 5 años después, o la segunda, de masiva espectativa, casi 3 años después, o la última que nunca se estrenó.

    Nos encontramos con el cine oriental (Wong Kar Wai nos deslumbró entonces, con una Chunking Express que nunca ha estado en salas), iraní (Dónde está la casa de mi amigo tampoco pasó por cines), danés (El festín de Babette tampoco llamó la atención de distribuidores) y nos descrestábamos con cosas como El cocinero, el ladrón, la mujer y su amante. Todas estas las recuerdo porque salíamos de cine convertidos, cambiados, felices, trastornados. Son películas míticas para mi generación que nunca llegaron a cine y que sólo han llegado a alquileres que no tienen el derecho de alquilarlas (No me olvido de que el único alquiler con una oferta decente en películas originales en la ciudad, Art DVD, fue saqueado por la policía por una demanda de Derechos de autor).

    Mientras tanto veíamos los clásicos que los libros obligan. Quizás la experiencia más emocionante fue cuando pusimos Las fresas salvajes y al final de la película nadie se paró. Y duramos unos minutos en silencio con las luces apagadas.

    Después de Reservoir dogs, que se llenó a rabiar de un público que ya se había enterado de la existencia de Pulp Fiction, hubo tanto admiración como indignación, y los que aguantaron hasta el final, muchos se fueron caminando en medio de buenas discusiones.

    Si yo llegué a programar en el cine club, y a entrar en la red bogotana de cinefilia, fue gracias a que era de origen caleño, y en mis vacaciones iba a La ventana indiscreta, alquiler mítico de la ciudad, y podía traer copias y descubrir para otros películas como La película del sur, de Sorín. Y a que mis padres una vez me trajeron unas películas rarísimas que un cineclubista de una universidad norteamericana me copió y que usé estratégicamente para conseguir más tesoros.

    En gran medida, soy quien soy gracias al cine club, a las películas, y sobre todo, a los amigos con los que lo hicimos, que todavía son mis mejores amigos y con los que hago casi todos los proyectos en los que me embarco. Mis compañeros universitarios no fueron los del salón de clase (si bien desde las clases de matemáticas y filosofía se formó una buena solidariadad cineclubista), sino los del cine-club.

    Nada eso habría sucedido si hubiera leído la cartilla y la hubiera obedecido. Nada de eso habría sucedido si las autoridades de la Universidad de los Andes hubieran leído la cartilla y hubieran decidido hacerla cumplir.

    Cuando fui a hablar con David Melo ya habían pasado varios años desde entonces, eran mediados de los dosmiles y la oficina de Cinematografía compartía espacio con Proimágenes, y compartía también su misma preocupación por la defensa de los derechos de autor.

    Yo creo que esa llavería entre Cinematografía y Proimágenes fue muy saludable y hoy podemos ver los frutos. Se llevó adelante la ley del cine, y de una nula producción y un casi nulo debate, se tiene ahora una producción y un interesante debate. Una página web decente donde se puede consultar la historia del cine colombiano, y un interesantísimo festival de cortometrajes y un inmejorable festival de documentales.

    Pero creo que ahora será sano que se corten cobijas así como se separaron los espacios. Que el ministerio no se ocupe sólo de los productores sino que piense en los millones de espectadores abandonados. La nueva cara del ministerio podría encarar un nuevo espíritu para el cine colombiano.

    Ojalá se redacte una cartilla donde las recomendaciones de derechos de autor estén al final para que las lea el que quiera. Y que incluyan no sólo la idea de la protección y de la propiedad, sino también el espíritu del compartir y de comunidad.

    Pero que se comience por el principio.
    Por dar guías de qué películas ver, por dar indicaciones de cómo conseguirlas, por enseñar a verlas y a discutirlas.

    Puedo dar unas ideas a partir de lo que nosotros hicimos:
    Nunca hablamos en las sesiones ni antes ni después de las películas. El ritual era sagrado. Pero la mayoría de veces salimos después a tomar cerveza juntos y allí inevitablemente hablamos de cine. El hecho de que Lucas Maldonado fuera desde el comienzo el espíritu del cineclub hizo que la realización siempre estuviese en mente cuando veíamos las películas. Ver haciendo y pensando hacer fue determinante.

    Hicimos una revista, talleres con realizadores, hicimos cortos, experimientos, etc.

    Hacer cine club era hacer los afiches y a Lucas siempre le gustó hacerlos a mano, y eso le daba un caracter muy peculiar al cine club. El hecho de que Blas Jaramillo nos acompañara tanto como actor como guía de actores, nos hizo pensar también siempre en esa faceta del cine.

    La Universidad nunca nos pregutó qué pasábamos, y eso permitió que cuando le pedimos a Andrés Barragán un ciclo de la maravillosa colección de su casa, él pudiera hacer uno con las películas que consideró más asquerosas. No fueron masas de público (casi nunca fueron), pero los que fueron, pudieron ver Waters y Makavejev (que en nuestro medio casi nadie conocía). Yo no las disfruté, creo que Lucas menos que yo, pero igual las pasamos. Y considero formativo haber visto a Waters, y aunque me pareció tan asqueroso como se pretendía, la disfruto en el recuerdo, y sobre todo disfruto la anécdota de haberla pasado (y de cómo Margarita me obligó a verla para reírse de mí al verme a mí en la silla que yo había puesto a muchos al obligarlos a ver películas que odiaron).

    La guía quizás debería decir que hay que tener cuidado de no prohibir.

    Vuelvo a Cinematografía. Ojalá se tomen en serio la división de espacios. Ojalá llegue un nuevo espíritu más parecido al de Lucas Maldonado. Al de compartir la pasión por las películas, por verlas, por hacerlas, por comentarlas, por adornarlas con afiches y pensarlas con revistas. Y, sobre todo, por compartirlas y disfrutarlas compartidas.

    Que se inventen maneras de hacer cineclubes en todas las ciudades y pueblos. En todas las universidades y colegios.
    En vez de llenar a la gente de miedo, transmitirles el gusto y de pasión. De ganas de disfrutar (y sufrir) y discutir juntos.
    Ahora muchos comienzan proyectos de llevar pantallas y películas por el país. Ojalá que las instituciones los apoyen en lugar de perseguirlos.

    Por ejemplo, las películas colombianas han sido en buena parte financiadas por el estado colombiano con dinero de todos los colombianos. Sin embargo, luego los dueños son exclusivamente las productoras. En los contratos que firman los productores debería poner que después del ciclo de estrenos, se deberían pasar libremente en cine-clubes, universidades, colegios, bibliotecas y centros culturales de todo el país de manera gratuita (incluso comprometer al estado con hacerlo). Nadie se lucraría, pero todos las verían. Y que el estado mantenga siempre un derecho a pasar las películas cuando y donde quiera sin tener que pedir permiso a los productores. Y también de hacer las cesiones que considere prudentes y convenientes para que las pelícluas sean vistas, no sólo en el pais sino fuera.

    ¿No habría sido increíble un estreno realmente nacional de Los viajes del viento? ¿De sumas y restas?
    Cinematografía tiene que considerar seriamente que las pantallas hoy pueden ser la mayoría de videobeam. Y que la mejor manera de justificar las enormes inversiones en el cine colombiano, es haciendo que los colombianos lo vean.

    Que bueno que ese par de películas Ciro Guerra y Victor Gaviria se hubieran podido ver en todo el país, en salas oscuras y llenas de espectadores espectantes. Qué interesantes han debido ser las discusiones a la salida del cine en ciudades como Envigado o Riohacha, que no tienen cines, pero sí conocen bien las historias que allí se cuentan. Y en los muchos otros sitios donde todo eso se vivió, o dónde no se vivió y sería bueno que se conociera el país que allí se muestra.

    Yo todavía sueño en proyecciones comunes en salas oscuras. Eso quedaría del cine. Para mí fue determinante y no quisiera que se terminara. Puedo ser nostálgico, no sé.
    Pero también hay que considerar lo que se puede hacer desde la web. Y lo que la visión de cada uno desde su casa puede aportar, por ejemplo, al mundo de los cortometrajes. ¿Por qué no ponen en internet los cortos?

    Cinépata, http://www.cinepata.com/category/peliculas/, el proyecto de Fuguet, es un muy buen ejemplos de lo que se puede hacer. Todas las películas tienen licencia de Creative Commons que permiten que se pasen y distribuyan en todo tipo de cine-clubes sin ánimo de lucro.

    Enseñar a compartir, puede ser otra cosa que se enseñe en esa guía. Cuando hicimos videos en el cine club los hicimos para que otros los vieran. Nunca para hacer dinero. Y habríamos sido dichosos de tener youtube para distribuirlos más lejos. Para que Fuguet desde Chile hubiera podido verlos y pasarlos en su cine club.

    Yo admiro muchísimo la gestión de Cinematografía y de Proimágenes y de Black Velvet, y en particular de David Melo como cabeza de la oficina, y comenzamos a ver los frutos en las películas que se hicieron, pero creo que todavía está coja la otra pata de la mesa. Que todavía falta mucho para hacer llegar las películas a la gente y que mucha más gente sienta que las películas son cosa suya.

    La Muestra Documental es un ejemplo de lo que se debe hacer y de qué esa línea no ha estado abandonada. Pero es mucho más lo que se puede pensar y llevar a cabo en materia de llevar las películas al público y de que el público se interese por las películas. Sobre todo si asumimos que estamos ya en tiempos digitales, de internet y de video y proyecciones de videobeam.

    Para terminar, cierro con otra anécdota, con otro encuentro con David Melo. Nos cruzamos en medio de ese elefante blanco que fue el I Congreso Iberoamericano de Cultura, dedicado al cine, en México. Allí los latinoamericanos se quejaban una y otra vez de la opresión de Hollywood y de que no pudiéramos ver unos las películas de otros. Yo veía todo como un gran absurdo cuando era un problema que los que estaban allí podían solucionar, pero no parecían querer hacerlo de verdad.

    Al encontrármelo a la salida de la inauguración, David Melo me recordó con burla nuestro primer encuentro y volvió a llamarme pirata (algo que yo considero casi un orgullo). Y yo, un poco torpe, intenté defenderme una vez más y proponer lo que aquí propongo. Justo en ese momento pasó por delante Sergio Cabrera, y Melo me lo presentó, y me presentó a mi como potencial pirata de sus creaciones. Antes de que yo siquiera alcanzara a defenderme o avergonzarme, el mismo Cabrera salió en mi defensa celebrando la distribución pirata de La estrategia del caracol. Él mismo se quejó del sistema de propiedad de la película, que en realidad no era suya sino de unos productores extranjeros, y que no había hecho posible, que aún siendo la película más popular en Colombia de los últimos tiempos, que se hubiera podido sacar en DVD (salió apenas el año pasado, más de 15 años después de su estreno). Celebró habérsela encontrado en un puesto de dvds piratas peruano, que parece que es lugar de peregrinación no sólo de cinéfilos sino de cineastas, que llevan sus películas para que desde allí se copien y distribuyan.

    Osea que existen realizadores que piensan de otras maneras, ojalá los escuchemos y entren en el debate.
    Yo no entendía que se armara un evento tan enorme como es I Congreso de Cultura, y no hubiera dinero para repartir copias en dvd de las películas latinoamericanas para todos los países. O por lo menos para que las compraran todos los países y las permitieran pasar en cineclubes y bibliotecas. Pero los derechos de autor no dejan. Y el temor a los derechos de autor paraliza. Y los contratos y los sistemas de propiedad hacen todo imposible. Y se pueden seguir quejando los políticos, los directores, los cineclubistas, los críticos y demás, y las películas no se ponen en portales como Cinepata.

    ¿En lugar de más elefantes blancos por qué no invierten el dinero en poner un portal análogo con las mejores películas latinoamericanas (para ese congreso se hizo una guía buenísima con las mejores películas de cada país) y poner todas las películas con cláusula Creative Commons que permita proyectarlas de forma gratuita sin ánimo de lucro?
    Y que cada país se encargue de poner pantallas para que las películas se proyecten y se vean. Pero la inversión más grande del cine iberoamericano de los últimos tiempos (después del congreso) se dedicó a una enorme enciclopedia en papel, sí ¡en papel! que costará un dineral (¿A quién se le ocurre hacer hoy una enciclopedia en papel?). Y si se saca en digital, seguro será con algún sistema de pago, porque quién la armó fue la empresa encargada de controlar y lucrarse de los derechos de autor: la SGAE.

    Si la gente en nuestros países cree que el cine es en inglés es porque no conoce películas latinoamericanas. Pero yo sí creo que hay mucho público para películas hechas en español y en nuestros países.

    Así que queda mucho por hacer. Retos grandes para la nueva oficina. Se podría empezar por redactar una nueva guía. Podrían invitar a los dos Lucas a ayudar a redactarla.

  2. Álvaro 2011/05/16 at 6:02 am

    Buena introducción las malas prácticas implementadas por parte de la Oficina de Antipiratería de obras cinematográficas.
    Lo mejor de todo es la CODA donde aparece la parte educativa y formativa. Felicito al autor por la detallada y muy instructiva guía al NO DEBES.
    Humor a torrentes.

  3. Javalee Gracia 2011/05/16 at 6:28 am

    Aquí en Montreal (Canadá), como también donde vivía antes (en Estrasburgo, Francia) casi en cada barrio de la ciudad hay una biblioteca pública con cientos de películas que se pueden llevar a la casa. Y muchas incluso son de las más recientes. Igual pasa con la música.
    Tuve la ocasión de trabajar unos meses en una mediateca en la que el piso de música para sacar en  C.D.s  era un potrero, (incluso más grande que un piso de estantes de una tienda de música grande).
    Aunque no sé como resolverán eso a nivel de los derechos de autor, los que discuten sobre esas leyes en Colombia deberían informarse. Solo en una ocasión en Estrasburgo me amonestaron al estar grabando los C.D.s en el portátil adentro de la biblioteca. Me dijeron que afuera hiciera lo que quisiera con el material, pero que adentro de la biblioteca tocaba ser discretos.

  4. Carolina Cerón 2011/05/16 at 8:43 am

    *e d u c a c i ó n

    “[069] Solo un conflicto intelectual tiene una relación real sobre el tema de clases para los hackers: la pregunta sobre la propiedad. ¿De quién es propiedad el conocimiento? ¿Es papel del conocimiento autorizar sujetos que no son reconocidos solo por su función dentro de la economía? O ¿Es función del conocimiento producir un fenómeno diferente, el de hackear, en donde el sujeto aprende a convertirse en otro más allá de si mismo y descubre que el mundo objetivo contiene otros potenciales mas allá de los que han sido dados? Esta es la lucha por el conocimiento de nuestra época. ‘El momento en que el filosofo proclama propiedad sobre sus ideas, se esta aliando con aquellos poderes que critica’”.

    McKenzie Wark, A HACKER MANIFESTO, (Cambridge: Harvard University Press) 2005

    Para que NO lea el libro: http://ifile.it/vxdamw/ebooksclub.org__A_Hacker_Manifesto.l_2x0xtox46.pdf

    • Javalee Gracia 2011/05/16 at 10:44 am

      Sobre la última frase de esta cita me parece que es bueno que haya personas que piensen cosas así, pues lo mismo  contribuye a difundir una información que sirve para confundir a artistas, filósofos, etc, y de esa forma se disminuye la competencia entre  los que si le damos valor a lo que hacemos. $$$

  5. Luis Alejandro Bernal Romero 2011/05/16 at 12:09 pm

    Toda esta situación me recuerda mucho a Fehrenheit 451 de Ray Bradbury. ¿Será que en un futuro cercano nos tocará para ver buen cine hacerlo subrepticiamente?

  6. Antonio José Díez 2011/05/16 at 2:10 pm

    ¡Bah! ¿De qué preocuparnos..?

    En últimas es una batalla perdida de antemano de parte de los defensores de los derechos de autor [los que negocian con la creación de otro, que habitualmente no necesita vivir de parasitarse a sí mismo]; porque el peso de la vida y la sed de saber de quienes se sienten así inflamados por esa llama, es matemáticamente inmensa, mayor que esa minucia descabellada y perezosa.

    Ese monstruo, solo existe en la medida en que mi mente le preste atención.

    Y uno obtiene su lucro personal sin necesidad de tanto escándalo, de manera sobria; pero esta época de hackers grandilocuentes, tampoco escapa al antiguo deseo de figurar.

    Finalmente, no pueden crear una ley [o si la crean no pueden hacerla cumplir] que prohiba regalar lo que uno hace, y, el conocimiento, lo hacemos todos: Las ideas son obra de Dios, dice Platón.

  7. Libardo Archila 2011/05/17 at 9:51 am

    La normativa impide muchas cosas y lastimosamente persigue a quien va en contravia. Estan las gestoras colectivas de derechos de autor como Sayco que cobran “impuestos” por la reproducción de musica y persiguen a quienes tratan de asociarse y salir de su tirania asociativa y fungen como si fueran una entidad oficial confundiendo al autor y al público.
    Ayer en la noche me contaba un amigo de teatro, que hace unos dias estaba dando una función gratuita en un barrio deprimido de Villavicencio y la policia lo arresto por no pagar los consabidos impuestos a espectaculos públicos.

  8. Goyo Disiente 2011/05/17 at 11:22 am

    Debes leer.
    Debes hacer.
    Debes darte cuenta que es un principio de represión e ignorancia.
    Debes notarlo a lo largo del tiempo, que solo te dará la razón.
     
    http://thepiratebay.org/torrent/4741944/powr.broccoli-kopimi

  9. Antonio José Díez 2011/05/17 at 11:03 pm

    Satisfacer la sed de conocimiento, de cualquier manera es algo que implica un esfuerzo, es algo que jamás ha sido gratuito.

    Se puede dar la pelea contra los poderes, cierto; o contra la cadena de normas sociales que están en contra de este deseo de avance; y, salirse del molde, trae conflicto.

    Éste es el verdadero precio, que pocos están dispuestos a pagar; tan pocos lo desean realmente, que aquellos que fastidian la vida con impuestos y multas al quien osa pedir algo de tal libertad, nunca cobran por esta clase de excentricidades. Ir a la Universidad puede ser útil, pero es mejor ver X película por iniciativa propia y no a fuerza de deber académico.

    ¡Vivan los grupos secretos!

  10. Goyo Disiente 2011/05/19 at 4:23 pm

    Los Originales Piratas del Caribe
    Pirate Bay
    Open subtitles
     
     
     

  11. Claudiautista 2011/05/21 at 10:09 am

    Triste historia la del derecho de autor.
    En efecto, beneficia a un amplio espectro de mercachifles (abogados, gerentes, contadores, etc.) y priva de la posibilidad del contacto con una gran cantidad de seres humanos a los creadores.
    Supongo que la única solución posible es liberar los derechos de las obras desde el momento en que se publica… para ello, los autores tendrán que vivir de las rentas o cualquier otra cosa y luchar duramente contra el ego del “artista”.
    Muy buena columna… voy a replicarla.