Quantcast

“De manera incesante” (Parte 1)

“De manera incesante” Trixi Alina (ed.), Cuarta cohorte Maestría en Artes Plásticas y Visuales, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2008.

Resulta interesante ver este documento como el promocional de una Maestría de estudios en artes que a lo largo de 140 páginas decae poco a poco en la reflexión teórica: inicia con textos que comentan algunas ideas de investigadores, filósofos, dramaturgos, etc. y termina con una presentación de su pensum. Además, este extraño producto editorial posee la cualidad de subrayar una de las fórmulas retóricas más aprovechadas por profesores y estudiantes de las Maestrías de Arte y de Teoría de Arte de la Universidad Nacional: la posibilidad argumentativa de que algo es y no es al mismo tiempo. Entonces, no es ni un compilatorio de los mejores trabajos de tesis de sus estudiantes, ni un catálogo de los mejores textos producidos por la planta docente de esa Maestría, ni un formato de lanzamiento de algún proyecto de investigación, ni la plataforma de socialización de los resultados de sus líneas de investigación. Es nada de esto por separado y, por lo mismo, se destaca como una pieza bastante particular en el panorama de las publicaciones universitarias en artes de las facultades del país.

Al tratar de descifrar su criterio editoral, la estructura de su índice y su apariencia gráfica, hay que comenzar diciendo que este librillo de 2008 tiene los eternos problemas del programa de publicaciones de la Universidad Nacional que también han perjudicado al libro de Silvia Suárez sobre la obra de José Hernán Aguilar o la última edición de la revista Tesis (colores de portada mal seleccionados, manejo inadecuado de imágenes e ilustraciones, incomodidad en la escogencia de las fuentes tipográficas y un alto sentido de la experimentación en el manejo de las notas a pie de página). Al buscar la peor decisión de diseño de este librillo, la nota a pie de la página 22 resulta siendo una demostración de vanguardismo tipográfico extremo, tan adelantado para los pobres cánones de nuestra atribulada época que resulta casi imposible de definir (Fig. 1.).

Fig. 1. Nota a pie de vanguardismo editorial extremo

De otro lado, al seguir el orden de presentación de los 13 artículos divididos en cinco capítulos, se refuerza el hecho de que estamos ante un documento que busca evidenciar rabiosamente el apego de los discursos y proyectos artísticos presentados  con las líneas de investigación que orientan el programa de estudios de la Maestría en Artes autopromocionada. En este sentido, estamos ante un compilado dirigido explícitamente al Consejo Superior Universitario de la Universidad Nacional. Y a consecuencia de esto las fotógrafías y textos que se refieren a los proyectos de los estudiantes de esa Maestría son mostrados de forma tan esquemática que parecen incompletos.

El capítulo “Teorías estéticas” demuestra ser, a pesar de algunos desaciertos,  el más sólido de toda la edición. En tres ensayos de cinco en total se manifiesta la preocupación que hacia 2008 había en la Maestría en Artes Visuales de la Universidad Nacional, respecto a la práctica escritural y la producción artística. Al parecer, los estudiantes de esa época no querían escribir, o no lo hacían tan seguido o tan bien como querían sus maestros. Una expresión del interés que despertaba ese problema en la Maestría y, en parte, también, de la exasperación que generaba su abordaje puede verse en el apresuramiento con que Juan Carlos Arias concluye  su participación en ese librillo. Sin embargo, esa no es una tendencia general; por ejemplo, al referirse al mismo tema,  Juan Alberto Conde se limitó a dejar en claro los elementos que trabajó con el grupo de estudiantes de la Maestría, describiendo la metodología que siguió en su proceso particular. Como una buena declaración de principios, no hizo necesario añadir nada más.

Finalmente, vale la pena volver sobre la descripción que hace Juan Fernando Mejía Mosquera sobre el especial trabajo pedagógico que se hacía en esa Maestría. Inicialmente reconoce la existencia de niveles jerárquicos entre profesores y estudiantes evitando la idealización de cada actor y resaltando la presencia del conflicto y la tensión, como elementos previsibles y no por ello inmanejables del funcionamiento de un proyecto como ese. De igual forma, no descuida hablar del procedimiento de evaluación que se aplicaba sobre los estudiantes, declarando con una sinceridad que termina por ser inquietante:

“la concepción del proyecto y la exploración de sus posibilidades dan lugar a un trabajo pedagógico que comienza con un cuestionamiento de las actividades y las obras que el estudiante ha realizado hasta su entrada en la Maestría (… este) no es un proceso exclusivamente conceptual, no se realiza sólo en el ámbito discursivo, sino que tiene lugar en los ejercicios de producción que se desarrollan en el taller y se orienta por las preguntas sobre lugares, estrategias y representaciones que los maestros plantean de manera incesante (…) cada ‘entrega’ se convierte así en un ejercicio de exploración sobre esta cuestión, diferentes conjeturas se ensayan para comprender lo que el estudiante ‘ofrece’ o ‘propone’ (…) la discusión y cuestionamiento pueden llegar a tomar aquí, en sentido amplio, un carácter terapéutico.”

 

Tras releer esta afirmación queda un sinsabor respecto a la unidireccionalidad de la mirada en ese proceso de cualificación, a la manera en que los inscritos a este programa quedaron sometidos “de manera incesante” a la curiosidad de sus profesores. Faltaría pensar cómo respondieron los estudiantes frente a este planteamiento, pues de la manera como queda expuesto en este librillo, no revela la forma en que quedaban incluidos los profesores dentro de esa estructura o si en algún momento ese gremio estuvo dispuesto a aceptar un auscultamiento similar por parte de sus inscritos. A lo largo del artículo, la cuestión queda irresuelta, dejando en el aire la idea que la división intelectual que se daba en esa Maestría demostraba la asunción de un espíritu aperturista que jamás se aplicó y, por el contario terminó convertido en un rígido mecanismo de normalización.

De ahí que pueda decirse que, hacia 2008, la Maestría de artes de la Universidad Nacional funcionaba más o menos como un colegio de sacerdotes-terapeutas, donde sus inscritos estaban en bajo interrogatorio permanente, revaluando a cada momento su trayectoria anterior y cuyos proyectos de grado no ofrecieron más que unas pocas fotografías. Lo bueno de esto, es que ese cultivo de neurosis de postgrado sucedía en Bogotá en 2008; tal vez ahora no.

 

Guillermo Vanegas

 

Una opinión sobre “De manera incesante” (Parte 1)

  1. Carolina Rodriguez 2011/04/27 at 11:57 pm

    Interesante análisis, ya había oído algo así antes de fuentes bastante fidedignas acerca de la jerarquía prehistórica del profesorado de Artes y Teoría del Arte de las Maestrías de la Nacional. Y como usted espero que tanto hoy en día como en un futuro próximo, la visión y el enfoque de estas Maestrías se siga revaluando para formar mentes críticas capaces de contribuir de manera subjetiva al análisis teórico de las practicas contemporáneas.