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Desencuentros comunes

En esta edición de Salón fui testigo de diferentes desencuentros. Ahora, recuperado de la insolación producto de la exposición playera y de 24 horas montado en un bus enunciare algunos de ellos, algo así, como una caza de gazapos.

Lucas Ospina nos refiere al iniciar su conversatorio que ha publicado un texto en esfera pública donde indica una serie de observaciones las cuales nos transmite en su intervención, una de esas observaciones es porque el Asesor de Artes del Ministerio es moderador y no ponente. Curiosa observación o por lo menos de destino errático siendo que, a mi parecer,  debía ser dirigida a Javier Gil, el salón era producto de su labor como asesor, no de Jaime Cerón. Es decir, quería explicaciones de un proceso que el nuevo asesor recibe ya en sus últimas, seguramente era más redituable en términos de irreverencia dirigir la pregunta a Cerón que a Gil, pero es aun más curioso que antes de entrar al auditorio, dialoga Ospina con Gil criticando que se leyeran textos largos y saltaran eso llamado conversatorio, que procrastinaran. Gil hace gesto de aprobación a su observación y entra al auditorio acompañado de Barbero.

Porque digo que es curioso el gesto de aprobación de Gil, porque en su periodo no hubo nunca intercambios, ni diálogos, ni conversatorios; es más, nos dio una prueba de sus modos conversacionales en su moderación del primer conversatorio donde argullo como siempre que no había tiempo y que la agenda estaba apretada, no permitiendo así preguntas o intervenciones por parte del auditorio.

En otra aparición de Gil, el dialogo con Barbero, es de lo más aburrido y no me refiero a Barbero, por supuesto, sino a la parte de Gil quien cae en los lugares comunes empleando la misma jerga de siempre  en su permanente, inmutable e invariable texto, palabras como rizoma y otras de la colección de “términos artísticos contemporáneos” acuñados durante su gestión.  Dice en algún punto Gil refiriéndose a las intervenciones urbanas del grafiti, que se asombra un poco; me pregunto cómo es eso posible, quien se asombra solo un poco, a quien se le eriza solo un vello o a quien la piel de gallina es referida a un solo pelo de un solo poro exaltado, asombrosa esta capacidad de asombro controlada, graduable, con timer.

¿Aburrido? Sí, por los lugares comunes de Gil, donde su estrategia se limita a cambiar el sujeto pasivo por el activo, ejemplo.

Dice Barbero: las comunicaciones afectan el arte

Y responde Gil: porque no pensamos como el arte afecta las comunicaciones.

Que tonto juego dialógico el de Gil quién cae en lugares comunes como decir que estamos en una época de saturación de imágenes, lo siento por Gil, pero esa saturación no existe, lo que hay es cerebros que se saturan, cerebros calcificados, cerebros con sistema operativo D.O.S. Los individuos contemporáneos, los que pertenecen a esta época, ellos, los nacidos en la era digital son nativos digitales; mi generación y las anteriores no. Nosotros tenemos que traducir, tenemos que adecuarnos, tenemos que aprender los nuevos modos, es que decir nuevos medios es una frase de viejos, para los cuales eso es nuevo, para un nativo digital no lo es, es parte de su naturaleza.

En el ultimo conversatorio interpela Mariangela a Ortiz, le corrige sobre la obligatoriedad de los regionales en el salón nacional mencionando que el contrato no lo obliga, asegurando que las obligaciones del curador regional terminan con el salón regional, que si no leyó esa parte; pero no se da cuenta que ella habla de su contrato, no sabe como es el de Ortiz, no sabe como es el contrato de los curadores nacionales, menciona 3 contratos yo solo recuerdo 2 en la versión anterior de los salones regionales y nunca espere el segundo contrato, en ningún lado decía que me harían uno nuevo. Ella está segura de lo que dice, pero debería recordar que la convocatoria señala “En el caso de que el proyecto fuese seleccionado para participar en el 42 Salón de Artistas deberá atenderse a los requerimientos y recomendaciones que presenten los organizadores de este evento.” Y en el primer contrato -por lo menos el que yo firme- decía que era obligación presentar una adecuación de la curaduría en caso de ser seleccionada para el Salón Nacional, es decir, no se extingue la obligación del contrato con la puesta en escena del salón regional en la región pero ella dio su punto con tal convicción que Ortiz no se atrevió a contradecirla y con su equipo curatorial buscaron salidas a su propio despiste como la consideración a las regiones, además es lógica esa respuesta. Cali como Cartagena son provincias y no quieren devaluar a las otras provincias, no son el centro, no pueden operar de esa forma, atentarían contra la resistencia que ondean como región.

En otra latitud y otro clima, Albarracín protesta por no saber nada del salón, pero quien lo vive es quien lo goza o lo padece, vivir para contarla dijo García Márquez. En cambio Albarracín estuvo en el salón de Cali con una ponencia, no lo oí pero me dijeron que descresto calentanos presentando su charla en ingles, no sé si es cierto y no sé que diria, yo estaba ocupado con el montaje y apertura de la regional Orinoquia, pero tuvo experiencia del Salón en Cali y ahora no se que pretendía de este salón, acaso un informe detallado quizás o una invitación con tiquete aéreo incluido y viáticos. Había un bus, si le interesaba el salón debió tomarlo.

Debo decirlo, extrañe el salón caleño, sus montajes en el Colegio de la Sagrada Familia fueron por no decir más, perfectos y cuidadosos a  pesar de las demoras, con artistas increíbles y a pesar que los montajes regionales tuvieron que ser realizados por los curadores regionales en solo 3 días, tuvimos los espacios, contamos con apoyo, con arquitectos, con electricistas, con auxiliares y resulto bien a pesar de no ser protagonistas ni haber contado con la producción destinada a los artistas internacionales y nacionales pero estuvimos allí, no valorados con el mismo rasero de nacionales e internacionales pero éramos imprescindibles, porque a pesar del punto de vista de Mariangela, los regionales son la base del nacional que es un solo programa  y un solo proyecto, pero a ese programa le han colgado arandelas que reducen su presupuesto, arandelas como los laboratorios de investigación-creación, como los talleres de curaduría, los talleres de enguacalado, talleres de montaje, viáticos ministeriales y de talleristas y laboratoristas, coordinadores, tutores, etc.

En cambio el montaje del presente salón deja mucho que desear, que se yo, tal vez haya sido por carencias presupuestales pero fue muy curioso ver la obra de Rolf en un cubículo diminuto y no en una sala completa y sola para el cómo es habito en sus muestras, donde el único toque cucú de montaje era dejar a la vista las estructuras de los paneles pero tampoco cuidaron cosas tan básicas como iluminar de alguna forma las fichas técnicas en las salas oscurecidas para los videos. También fue desafortunada la canoa con poltrona que me recordó las obras de primeros semestres en la universidad donde íbamos al basurero detrás del estadio buscando piezas que ensamblábamos sin articulación alguna. Éramos estudiantes, se perdona o se disculpa, pero la canoa no era de un estudiante, que paso, conceptualmente se entiende pero formalmente no alcanza, no articula.

Tampoco entendí porque se trajeron “muestras” de los salones expuestos en las otras ciudades, ni porque la Orinoquia presento obras solo hasta el encuentro de lugares, antes solo había un video. Y si la razón para tomar esa desafortunada decisión de trasladar obras a última hora fue  por los asistentes al encuentro que mas daba sumar un día a la programación para que los asistentes se desplazaran a las otras 2 ciudades.

Queda en el tintero, para dentro de dos años, devolver la pregunta que Ospina -ahora curador regional centro- le hace a Ortiz sobre su cambio de posición de un salón a otro, de crítico regional a criticado nacional y también a Mariangela que como jurado regional aspirara a ser tutora de Ospina.

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Libardo Archila

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