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Quien le teme a las camisas negras?


“No hay actividad humana de la que se pueda excluir toda intervención intelectual, no se puede separar el ‘homo faber’ del ‘homo sapiens’.”

Antonio Gramsci

El Arte y todo lo que a él se relaciona, está vinculado a un contexto, a una historia, a una época. Toda acción u omisión que se produzca dentro de su marco vital, sea personal o institucional, es el resultado de un pensamiento y una reflexión cuya puesta en práctica genera consecuencias éticas, estéticas, políticas y sociales. La putrefacción histórica que vive Colombia, que parece defecar de manera incontenible sobre cada uno de nosotros, nos alerta sobre la responsabilidad que debemos asumir como parte sustancial de este proceso de nación, accionando frente el discurrir de los hechos. Es allí donde nuestras decisiones éticas cobran un papel importante en la construcción de sentido, por ser el arte el lugar de los acontecimientos y la esfera pública, el espacio en donde se ejercen las políticas institucionales, sociales, culturales y económicas.

Sin embargo, y como es costumbre, lo público sigue siendo reflejo del poder privado. Hoy como ayer, los Elegidos por la autoridad de turno operan desde la institucionalidad, organizando los derechos colectivos según sus propios intereses. De manera pausada pero constante, limpian, lavan, restriegan, enjuagan y perfuman hechos y personajes oscuros de nuestra historia, para otorgarles una nueva licencia de funcionamiento con la ayuda del poder  vigente. Es así como el nombre de Gilberto Alzate Avendaño (1910-1960), un “hombre peligroso”, como diría Juan Lozano y Lozano en su momento, ha sido reactivado y puesto a funcionar culturalmente como pensador y humanista. Alzate, político manizaleño de extrema derecha, falangista, nazista, fascista, líder de la juventud de las camisas negras, y defensor de Heriberto Shawartau Eskildsen, el principal espía nazi en Colombia durante la segunda guerra mundial, es ahora el caudillo de las políticas artísticas y culturales de Bogotá. Hernando Téllez, en su artículo “Historia de una camisa”, escribió: Su inmediato porvenir político, en ese entonces, y el de Adolfo Hitler, se hallaban, según asegura, ligados en el tiempo y en el espacio, al éxito de las armas del Eje. Las Naciones Unidas estaban luchando, sin saberlo, también contra Alzate. El triunfo de Alemania habría sido el triunfo de las derechas en el mundo. Y en el mundo estaba Colombia. Y en Colombia estaba Alzate. Ese es su sencillo y modesto razonamiento”.1 A su vez, Gerardo Molina, describe algunos aspectos de su personalidad, en su texto “Recuerdos desde la Izquierda”: “Todavía recuerdo aquella reunión en un café de Bogotá, la mañana del día de 1941 en que se conocieron los detalles del fulminante golpe inflingido por el Japón a la marina norteamericana en Pearl Harbor, y que trajo como resultado el ingreso de los Estados Unidos a la conflagración. Alzate estaba en plena exaltación. Al fin vendría lo que Napoleón no había logrado. El orden alemán reinaría por doquiera. Era tan persuasiva su explicación, que en esos momentos sentí miedo: miedo por la civilización a la que pertenecíamos, miedo por la planta hombre, miedo por nuestro pequeño planeta”2 Y en un  reciente artículo titulado “Significados que patinan” publicado por El Espectador el pasado mes de diciembre, la filósofa Carolina Sanín, agregaba: “Crucé la Plaza de Bolívar en dirección a la Fundación Gilberto Alzate Avendaño —la que entrega los premios distritales de literatura—, que lleva el nombre de un ilustre político fascista y admirador de Hitler, y cuya sede, adornada con impresionantes retratos mussolinianos, es financiada por la Alcaldía de Bogotá.” 3

Desde hace algunos años, la Fundación Gilberto Alzate Avendaño (FGAA), “con el fin de fomentar y fortalecer las prácticas artísticas que posibiliten la realización de proyectos de creación, circulación e investigación”, ha venido  convocando y administrando programas, becas, premios y concursos en el área de artes, literatura y audiovisuales; pero a partir del 9 de junio de 2010 y luego de un largo debate en el Concejo de Bogotá, fue aprobado el Instituto Distrital de las Artes, un nuevo proyecto cuya tarea será “la ejecución de políticas, planes y programas relacionados con la formación, creación, investigación, circulación y apropiación de las áreas artísticas de literatura, artes plásticas, artes audiovisuales, arte dramático, danza y música, a excepción de la música sinfónica, académica y el canto lírico”. La FGAA  junto con el nuevo Instituto Distrital de las Artes, será una de las cinco entidades adscritas a la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, y estará encargada de formular las políticas que serán ejecutadas en las diferentes áreas artísticas. La institucional promesa entrará en vigencia a más tardar a partir del segundo semestre de este año. Sin embargo, según lo acordado en la nueva norma, y después de unos mínimos cambios administrativos, las principales funciones de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, seguirán intactas: la entidad podrá definir políticas, ejecutar planes, programas y proyectos relacionados con las artes plásticas y visuales, tales como concursos y salones de convocatoria pública nacional. También se dispuso ubicar dentro de sus instalaciones, una biblioteca pública, una sala de exposiciones, una sala de conciertos de música de cámara, una sala de conferencia y un museo con piezas que pertenecieran al doctor Alzate. En resumidas cuentas, la Gilberto Alzate Avendaño saldrá ilesa del problema: se mantendrá como espacio de creación y conservará el manejo de las convocatorias, exposiciones y concursos. Hasta el momento su página web sigue intacta, convocando a programas y eventos, que por simples razones éticas no deberían estar amparados bajo su nombre. Así que todo sigue igual. Sin embargo, aquí no pasa nada. ¿Dónde está la disidencia?, ¿Qué hacer con un premio que lleva su nombre?, ¿dónde se esconde, a quién se le muestra? Peligroso liderazgo, peligrosos tiempos. Me rehuso a pensar que este accionar de tanta actualidad en Colombia, sea inodoro e indoloro para el pensamiento. Claro está: siempre habrá quienes por una corona y unos reales lo defiendan.

Gilberto Alzate Avendaño nació el 10 de octubre de 1910, en Manizales, Colombia y murió el 26 de noviembre de 1960. La segunda muestra del premio Bienal de Artes Plásticas de la FGAA, se inauguró el 8 de octubre de 2010, y conmemoraba, según anunciaba la invitación, el 40 aniversario de la Fundación…..¿pura casualidad? no lo se, pero por pocos días también quedamos festejando desde el Arte colombiano, el 50 aniversario de su muerte y casi, casi, los cien años de su nacimiento. Seguramente habrá otras casualidades que se me escapan.

“Mephisto”, la magistral película del director húngaro István Szabó, recibió el Oscar a la mejor película extranjera y el premio al mejor guión en el Festival Internacional de Cine de Cannes en 1981. Su relato transcurre durante la Alemania nazi de los años 30, y narra la historia de un actor de teatro, cuyo personaje, basado en la vida del famoso actor alemán Gustaf Gründgens, se jactaba de no prestarle interés a la situación política que se gestaba ante sus ojos. Su silencio cómplice era la estrategia que utilizaba para ganarse la fama y la gloria en la misma medida en que crecían el poder y la influencia del Imperio nazi. Sin embargo, su influencia dentro de la política no lo eximió de ser utilizado como marioneta por los mismos que un día lo adularon.

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Muriel Angulo

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1. Hernando Téllez. Historia de una camisa. Alzate, Variaciones en torno a un hombre. Biblioteca de Escritores Caldenses. Manizales, Colombia. 1980, p. 75

2. Gerardo Molina. Recuerdos desde la Izquierda. Alzate, Variaciones en torno a un hombre. Biblioteca de Escritores Caldenses. Manizales, Colombia. 1980, p. 225

3. http://www.elespectador.com/columna-238687-significados-patinan

Bibliografía

Varios Autores. Alzate, Variaciones en torno a un hombre. Biblioteca de Escritores Caldenses. Manizales, Colombia. 1980.

Silvia Galviz  Alberto Donadío. Colombia Nazi 1939-1945. Espionaje alemán. La cacería del FBI. Santos, López y los pactos secretos. Hombre Nuevo Editores Colección Historia. 1986.

Biblioteca Virtual del Banco de la República

http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/revistas/credencial/enero1999/109gilbertoalzate.htm

Fundación Gilberto Alzate Avendaño

http://www.fgaa.gov.co/

Instituto Distrital de las Artes IDARTES Proyecto de Acuerdo 427 de 2009

http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=37787

12 Opiniones sobre Quien le teme a las camisas negras?

  1. Lucas Ospina 2011/02/16 at 11:50 am

    Que bueno que otra gente escriba por acá, que no sean los mismos de siempre, y que además lo hagan hablando fuerte y trayendo a colación a los que también hablaron fuerte —Téllez y Molina—. Y cómo no hablar fuerte en contra del fascismo y en este caso del uso que se hace de la cultura como lavandería para limpiarle la caspa a la camisa negra y bien planchada del calvo Alzate Avendaño, nuestro Mussolini grecocaldense. Que la Fundación Gilberto Alzate Avendaño tiene cosas buenas es innegable: que tiene una actividad constante de conciertos, teatro, conferencias y festivales y que en su biblioteca se puede consultar la edición completa de la Revista Alternativa, que hasta cierto punto usa bien los recursos públicos y por lo públicos se tiene el derecho a participar de sus actividades. Y que tiene cosas regulares es notorio como que en sus crujientes salas y desabridos corredores se hagan exposiciones que deberían estar —por simple estética— en otro lado —por ejemplo, en la Galería Santa Fe—. Pero, por más que la fundación cumpla con su cometido social no deja de ser inquietante que la imagen del político que lleva su nombre se despercuda cada semana bajo la acción del “blancox” cultural y todo patrocinado por la nación, es como si el estado Alemán le diera plata a una fundación para el arte llamada Adolfo Hitler, hecha por la familia del susodicho y en honor a que este infame personaje alguna vez tuvo ínfulas de ser artista y luego, en efecto, se convirtió en el Führer de la estética de una nación; y así, una vez refundada la noción, la gente dijera en la calle, “vamos a la Hitler”, y desmemoriados dispararan ese nombre de forma automática; tal vez por eso las oleadas de fascismo son recurrentes, acabamos de pasar por una y todavía, empapados por el tsunamí uribista, hay incredulidad a pensar que la fascinación por la tromba autoritaria ya pasó. ¿Quien le teme a las camisas negras? Muriel Angulo no.

  2. Lucas 2011/02/16 at 6:50 pm

    Eso solo puede suceder en Colombia. Si el eje hubiese pasado delante de la peninsula de la Guajira para invadir EEUU (1), depronto nuestra percepción de la historia sería otra. La II guerra mundial es muchos de nosotros como Titanic, como una pelicula de domingo en RCN. En cambio nunca habrá en Colombia una avenida o un parque que se llame Av. Raul Reyes o parque Manuel Marulanda Velez.

    (1) Plan Four is the much-discussed invasion by way of Gibraltar-Dakar-Natal-Trinidad, which President Roosevelt’s Good Neighbour policy has tried to defend against. It is based on combining the Jap, German, Italian and Vichy navies, freed by the capture of Gibraltar and Suez. They must fight the Allied fleets somewhere. Invasion pours up the Mississippi Valley :

  3. Antonio José Díez 2011/02/17 at 2:20 pm

    Muriel:

    Es bienvenida tu reflexión acerca del nombre de esta institución.

    Si recordar nombres es una manera quijotesca de evitar nuestra muerte más allá de la biología; el honor de bautizar instituciones con nombres que seguirán siendo pronunciados por las generaciones subsiguientes, haciendo así permanecer en la memoria a alguien ya biológicamente muerto; tal honor, debería recaer sólo en las personas que hicieron cosas realmente buenas por otros. Aunque terminen muertas por la indiferencia de todos, que no sabemos a quién correspondía en vida este o aquel nombre.

    Fundación Gerardo Molina, sería un buen nombre para una fundación cultural.

    Definitivamente me parece errada la idea de Fundación Manuel Marulanda Velez, porque no es precísamente su vida un modelo de entrega abnegada, desinteresada y beneficiosa para la generalidad de la sociedad; esos nombres pueden quedarle a grupos de Punk, y tiene más sentido.

    Vale el esfuerzo, de pensar acaso una convocatoria para cambiar el nombre de instituciones públicas o privadas enfocadas en los ideales democráticos, que estén -como en este caso-, bautizadas contra la lógica propia de la democracia. No importa si se fracasa en el intento; al fin y al cabo, los gobernantes de Halicarnaso, fracasaron en su intento de matar el nombre del criminal megalómano Eróstrato.

    • Muriel Angulo 2011/02/17 at 6:58 pm

      Me parece muy interesante tu propuesta de organizar una convocatoria para cambiar el nombre de aquellas instituciones públicas o privadas, que “limpian, lavan, restriegan, enjuagan y perfuman hechos y personajes oscuros de nuestra historia”, sencillamente porque estamos en todo nuestro derecho artístico y político de exigir la revocatoria de esa grecoquimbaya representación. Sería algo así como una gran acción colectiva de empoderamiento de un derecho que se nos había olvidado que era nuestro. Una revocatoria a la marcha sobre Roma, a los Mussolinis de todos los tiempos, que gracias a la acción del reciclaje perpetuo y a las divinas jaculatorias del eterno retorno se han transformado en Berlusconis, Alzates, Uribes, Mancusos et ál, Vaticanos y cia. con sus Sagrados Corazones y sus hermanitos del Opus Dei, la Misión Juanes-Camisa negra, las pulseritas tricolores y toda la parafernalia de nuestra Apasionada Colombia.

      • Antonio José Díez 2011/02/18 at 10:15 pm

        Si dejara de ser tan sólo una idea que se nos cruza así nada mas por la cabeza en un momento de no se qué arranque, creo que un gesto colectivo o individual de tal naturaleza; debería operar como una medicina para la memoria.

        Yo no soy de lo mejor para llevar a cabo una colecta de firmas en este sentido y recorrer luego todo el camino [viacrucis] que ello implica; menos, si tenemos en cuenta el ejemplo que dieron con todo el lío que se armó cuando intentaron cambiar el nombre al aeropuerto El Dorado por el de Luis Carlos Galán, para homenajear al político asesinado.
        Los costos por asuntos de papelería y otros asuntos que involucraba, acabaron por tumbar algo que no recuerdo si era ya decreto, ley o cosa semejante; mejor dicho: eran más que una mera idea de un artista cualquiera [yo]: era una fuerza política que caía de nuevo derrotada esta vez, por el arsenal de los argumentos monetarios.

        Como idea la defiendo a capa y espada, porque las ideas no tienen precio; pero se que no vivimos en La República de Platón.

  4. jorge franco 2011/02/18 at 9:15 am

    Sra. Muriel, no basta con el nombre! La putrefaction viene de adentro. Jorgefrancos

    • Antonio José Díez 2011/02/18 at 9:57 pm

      Es cierto lo que dice, pero un cambio de nombre, necesariamente sería un gesto que no pasaría desapercibido.

  5. juliana villate 2011/02/18 at 8:33 pm

    Muy interesante tu propuesta Muriel. El cambio de un nombre es un acto simbòlico que constituye un ritual de cambio para todos los que aun confiamos en esa posibilidad a nivel general. Del mismo modo, y sobre todo para las generaciones en proceso de formaciòn, el nombre de nuestras instituciones debe tener un trasfondo que facilite la identificaciòn con figuras adecuadas a nivel de liderazgo positivo social y cultural.

  6. Jorge Sarmiento 2011/02/20 at 10:40 am

    ¡¿Acaso la solución a una problemática tan grave está en algo tan aparentemente simple como el cambio de nombre para la Fundación Gilberto Alzate Avendaño por uno “Políticamente Correcto”?! Contrariamente a lo supuesto por esta ingenua sugerencia el efecto de aquel cambio superficial se vería en la cosmética de una Buena Imagen Institucional, manteniendo intacta, y de hecho, reforzando las posibilidades de perpetuación para la estructura interna de la FGAA caracterizada por sus políticas retardatarias, el manejo corrupto de los dineros públicos, la negligencia administrativa y los malos tratos a la comunidad artística. Con el tiempo, usando el buen nombre de un líder político “positivo para el pueblo”, pasaría al olvido su origen de derecha radical y quedaría enmascarado el continuismo de aquellas tendencias políticas en la administración pública que actualmente allí se comete.

    Un presunto cambio de los nombres y apellidos de este “Templo de la Cultura”, tampoco rompería la cadena de sucesión para las generaciones de la familia Alzate, en otras palabras, que cambie el aviso no quiere decir que los “dueños del aviso” serían otros. A costa de los impuestos de todos los contribuyentes bogotanos su capital seguiría creciendo, como lo logró grandiosa e impunemente en la administración pasada por la inyección del tesoro público a sus bienes heredados. Gracias relaciones de parentescos y convenios de poder resultó manejando la totalidad del presupuesto del distrito para las Artes. Dejando para la historia reciente del arte local poco más que una serie de proyectos que convenientemente evitaron la “carga política negativa” de este lugar, y la responsabilidad sobre la emergencia del momento; los “artistas e investigadores” cayeron en una complicidad directa con la institución que los patrocinó, dedicándose a hacer revisiones de “artistas modernos” con la manida excusa de que el arte colombiano no tiene historia, etc. se invistieron de rescatistas y redescubridores de toda una lista de maestros de antaño que, para la gravedad del momento, su importancia es más cercana a lo que se hace en los talleres de artesanía hippie de una casa en la Candelaria que a una respuesta artística, profesional, seria, frente al perjuicio generado al sistema artístico por los manejos de esta institución. Se sobrepuso la suma de un ítem en la hoja de vida de los particulares a la participación en la defensa de lo común.

    En fin, importante lo que nos recuerda Muriel Angulo, habrían muchas cosas que decir y hacer respecto a lo ocurrido en la Alzate aún después de creado el nuevo instituto IDARTES. Sin embargo, hay que tener mas cuidado cuando se llega al terreno propositivo, es necesario el análisis previo a una sugerencia que de lo contrario puede tener más de contraproducente que de beneficioso, en este caso el problema tiene unas dimensiones mayores que las culpas históricas o reparación simbólica por el cambio de un nombre.

    • Antonio José Díez 2011/02/21 at 8:26 pm

      Señor Sarmiento:

      Yo opino en éste medio, simbólicamente, aunque le pueda parecer algo ingenuo.
      Para “meterme” con el mundo concreto, tengo dos opciones: o actúo como un burro y satisfago a la audiencia ávida de morbo y asumo las consecuencias de encarnar a un héroe ávido de protagonismo; o me hago al margen y no la apoyo al participar en las convocatorias y demás dineros que la institución en mención circula, así: anónimamente, una vez que me entero de sus sucias prácticas.

      Personalmente:

      Tras el caso de las “residencias” en Brasil, donde se sospechó de corrupción; fue constatado que se manipuló de manera muy grosera el concurso y que no se trataba de una sospecha infundada.

      En lo personal: no necesito tener favores de ese talante, y me hago al margen y no participo de ninguna convocatoria o concurso que salga de allí, mientras se sigan implementando tales prácticas. No se si ello implique decir: hasta que cambien los funcionarios, pero si eso trae la transparencia, será entonces esperar hasta ese día.

      Mientras tanto, es inútil creer que una manzana limpia, va a transformar un barril de manzanas podridas en buenas, y como yo no se hacer esa clase de milagros: me margino y no ayudo a enlucir una imagen que me consta no está limpia.

      Esa es mi actuación en concreto; pero no olvido la importancia de los gestos simbólicos, que en últimas son más determinantes para un artista, que el ordinario y eterno mundo corruptible.

  7. Muriel Angulo 2011/02/21 at 6:31 pm

    La propuesta del cambio de nombre de una institución que perpetúa en el imaginario nuestra criminalidad, cinismo e indiferencia, no es tan inocente como lo pintan; así como ustedes lo ven, sería como vender el sofá y mi texto no apunta a eso. Mi comentario va a la situación que este hecho genera, y a aquellos que con su silencio la eternizan -, el asunto no es el nombre en si, –y ahí está el detalle- la cuestión está en lo que ese NOMBRE nombra -valga la redundancia-. Por eso insisto en las funciones, que con el aval del estado sigue gozando dicha institución aún después de las reformas. Ahora bien, el problema en este caso no podría pensarse en abstracto, porque existe además un importante corpus artístico que conoce la situación, le da forma y pasa de agache, tal como amante vergonzoso: no hay crítica, no hay independencia, no hay disidencia; hablando en plata blanca, les importa un comino lo que sucede: ese mismo artista que se jacta de hablar políticamente desde su obra, termina aceptando lo inaceptable, porque actuar en deber y en derecho lo pondría en el insoportable riesgo de perder los avales, las becas, los premios, los aplausos que lo posicionan. De esa manera, la autocensura les cae como anillo al dedo porque al autoinvisibilizarse se indemnizan contra el debate: no supe, no leí, no me di cuenta. Tendríamos entonces que precisar cuál debería ser la función del artista o del intelectual dentro de la sociedad, y de qué manera utilizan su conocimiento, ¿es un instrumento para posicionarse, o por el contrario, para enjuiciar críticamente la realidad? Mirándolo de esa manera, este no sería sólo el caso del cambio de nombre de una institución, sino algo todavía mas escabroso: la aceptación monda y lironda de que estamos durmiendo con el enemigo, porque son esas relaciones sospechosas las que por su alto grado de permisividad, y de consenso, lo han mantenido vigente.

  8. Alberto Bejarano 2011/03/02 at 1:16 pm

    Muriel:

    La propuesta tiene ecos diversos. Me sumo a la idea sugerida por varios: repensar los nombres de las instituciones y agregaría, yo, de ciertas calles, de ciertas esquinas.

    Un escenario para tener en cuenta es la Francia de la posguerra. Durante el Régimen de Vichy, colaboracionista nazi, se había llegado incluso a poner las calles de París con nombres alemanes!

    Tal vez sería interesante como co-existencia de Memorias, que las calles tuvieran dos nombres, como la Calle 14/Calle María Mercedes Carranza/Calle de la Fatiga (?) en La Candelaria (frente a la Casa Silva.

    Otro caso ejemplar es la singular Calle del Sol, en la Calle 12 con carrera 3, escenario del macabro SIC, antiguo DAS