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De tanto lanzar piedritas buscando establecer contacto de la vitrina hacia afuera, el vidrio se rompió. El espectador desprevenido voltea a ver entonces si el objeto ‘de arte’ está ahora al alcance de su mano. Sin embargo, la imagen ruidosa del vidrio estallado lo lleva a pensar simplemente que lo que ha sucedido no es otra cosa que un acto más de vulgar vandalismo.

Mauricio Cruz

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