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Philagrafika, una exposición curada por Jose Roca

Luego de cuatro años de trabajo, el curador José Roca por fin está a punto de inaugurar el proyecto más ambicioso de su carrera: Philagrafika 2010. La muestra de grabado de más de 40 artistas de 18 países, en la que Roca participa como director artístico, se tomará las calles y los principales museos de Filadelfia, Estados Unidos, y contará con la participación de 75 instituciones culturales de esa ciudad, cada una de las cuales a su vez realizará proyectos independientes relacionados con el tema de la exposición: los usos más contemporáneos de la técnica del grabado.

Roca (1962), arquitecto, museógrafo, curador y hasta hace poco jefe de exposiciones temporales del Banco de la República, se ha ido colando en la escena internacional desde hace ya varios años, razón por la cual no resulta sorprendente su nuevo papel. Fue cocurador de la Trienal Poligráfica de San Juan de Puerto Rico en 2004, de la 27ª Bienal de San Pablo en 2006 y del Encuentro de Medellín MDE 2007, así como jurado de la 52ª Bienal de Venecia de 2007. Sin ánimo chauvinista, ha logrado mostrar en escenarios internacionales la complejidad de artistas colombianos como Óscar Muñoz y Alberto Baraya, y durante su paso por el Banco de la República organizó importantes proyectos como la individual de Carlos Garaicoa (La ruina, la utopía, 2000),  la de José Alejandro Restrepo (TransHistorias: historia y mito en la obra de José Alejandro Restrepo, 2001), o Fantasmagoría (2007), una colectiva con figuras de la talla de William Kentridge, Rosángela Rennó y Christian Boltansky, entre otros.

Desde 2001, año en que hizo un sabático de estudios curatoriales en el Museo Whitney de Nueva York -que lo propuso dentro de una terna como becario para hacer un proyecto para el Instituto de Arte Contemporáneo de Filadelfia-, viene interesándose en el grabado como forma expresiva. La exposición que hizo en ese entonces, Traces of Friday (2002), creaba una asociación libre de dos fotografías: la de una huella en la Luna y la de una familia. “En ambas había una intención de marcar el territorio”, explica el curador.

Y es que él refleja con su trabajo el interés de muchos artistas de empujar el significado de lo que es el grabado. Para ello, en 2004, participó en la Trienal Poligráfica de San Juan, la muestra más importante del género en el continente, y en ese mismo año invitó al reconocido teórico chileno Justo Pastor Mellado a dictar la cátedra de Arte de la Biblioteca Luis Ángel Arango para que hablara justamente sobre el tema.

Más que una técnica

El grabado, en efecto, puede ser mucho más que transferir información de una matriz a una tela por medio de la tinta. Por ejemplo, para el colombiano Óscar Muñoz el medio puede ser polvo de carbón y el soporte agua, o para la brasileña Regina Silveira la matriz es un archivo digital, la tinta es el plotter y el vinilo es el soporte.

Pero, más allá de las sofisticaciones técnicas, para Roca el grabado es la necesidad primigenia de marcar y de crear la posibilidad de repetir indefinidamente un gesto, así sea inconscientemente. “Uno piensa que el primer grabado puede ser la impronta de una mano mojada en pigmento sobre la pared de una cueva, y la primera impronta es seguramente la huella de alguien en la arena, o en la literatura, a partir de la huella de Robinson Crusoe, la idea de una Europa que se veía a sí misma como civilizada frente al mito del salvaje”, explica el curador. El grabado representa el medio que permite una de las actividades más importantes de los tiempos modernos: copiar. La historia de Occidente fue otra cuando pudo imprimir sus ideas, sus imágenes. La historia del arte del siglo XX no sería la misma si no se hubiera explotado la serigrafía. La obra de Warhol sería incomprensible, pues se basa en la imagen reproducible y en la apropiación de otras imágenes.

Y no es fortuito que Philagrafika 2010 tenga como base Filadelfia. Allí fue impresa la Declaración de Independencia, allí reposa la prensa de Benjamin Franklyn y allí se imprimieron los primeros ejemplares de la prensa en donde las mujeres empezaron a exigir voz propia.

En un tiempo en el que se abren archivos y se rastrean huellas del pasado, de seguro la exposición dará de qué hablar y permitirá dar respuesta a muchas de las preguntas expuestas por el equipo. Anotan los curadores: “Así como los materiales impresos se hacen tan ubicuos en nuestra diaria cultura visual al punto de pasar inad-vertidos, los procesos gráficos también se han convertido en una parte integral del arte sin que sean reconocidos. ¿Puede el ethos de la impresión gráfica servir como marco para entender la producción artística actual? ¿Puede una lectura juiciosa del mundo del arte contemporáneo desde la perspectiva de la gráfica iluminar, de alguna forma, nuestra comprensión del mundo?”.

Los artistas en Filadelfia tendrán la palabra.
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