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Urgente!

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Noviembre 26, 2009.

Compañeros aguayuyeros:

Desperté con extremada claridad esta mañana bien temprano. No sale aún el sol cuando me siento a escribirles. Ya sé qué necesitamos hacer. El silencio que trae esta hora me lo dijo todo. Necesito desesperadamente que hablemos antes de que se acabe el tiempo y sea violada nuestra mascarada que no es mas que una desenmascarada. Por la emoción que significa hacer lo que estamos haciendo, es posible que no hayamos dimensionado qué significaría el dar papaya. Me siento a escribir este mensaje que puede ser interceptado fácilmente, por lo cual aunque va a ser interceptado, solo lo entenderán ustedes. No hay código que descifrar. Solo palabras, tinta, firmas, miradas cruzadas y cuerpos que hacen lo necesario.

En ningún momento, ni siquiera cerca del momento inaugural, nosotros seremos visibles. Mientras más invisibles seamos, más visible será nuestro mensaje. Testaferrato no puede ser visible tampoco. Su presencia es nuestra ausencia. Demandar atención en un país como el nuestro es ser silencio, es aprovechar la invisibilidad, es decir que lo otro no existe, que el otro siempre es quien no está en el poder, por pequeño que este poder sea. No habrá viaje, no habrá coctel, no habrán luces para nosotros. Dejar que se desenrede el tiempo es necesario. El espacio está tomado. La sencillez acabará con toda la burocracia porque a lo contundente no se llega solamente con cuchillos. Penetraremos la indiferencia como quien parte un pedazo de mantequilla húmeda en nuestro calor caribe. No se preocupen más, ya todo está planeado. Nuestra obra como va, está en el camino a encontrar su propia resolución. Dejémosla que haga su trabajo, confiemos en su proceso, ya que nadie, sino nosotros, le ha dado movimiento. Desentramamos, desciframos y desplegamos una práctica artística que involucró más que nuestros propios cuerpos.  Participaremos como colectivo que ayudará a visualizar los diferentes niveles, concepciones y representaciones en que se manifiesta el caribe colombiano. Por descontado se da que ya somos alternativos, efímeros, excéntricos, marginales, híbridos, rebuscadores, móviles, volátiles, contradictorios. Al final qué importa quién está hablando, como diría Beckett, como parafrasearía Foucault. Los autores no existimos: lo que importa es esta acción que lleva  seis meses en ejecución y que no se limita a una  afirmación de una realidad que en su ruptura, en su técnica, en su concepto, exhibirá al espectador, que digo al curador que no cura, sino que diagnostica nuestro cuerpo que ya definitivamente expone sus órganos. Cada órgano de este cuerpo ahora vacío porque ya se hizo, se ha apropiado de ese espacio público y privado ajeno a la galería, al museo, que es una plataforma  polideportiva urbana.  La realización de nuestra obra es ya un  mecanismo mutable que no generará una, sino muchas lecturas. Nuestra estrategia de reubicación, posproducción, registro y documentación ha sido llevada a cabo con la perfección que solo trae el apasionamiento.  Por eso no hay que apresurarse porque se puede destapar el hecho de lo que somos antes de que la impresión deseada se lleve a  efecto y afecte lo necesario. La mirada se ha configurado. Hemos dado forma a ese cuerpo caribe fragmentado, deformado, canonizado. Hemos subvertido el paradigma de esa armonía rebasando lo biológico, ese límite anatómico que permite la memoria. Sin órganos ya no importa la genética que define. No nos importa formar, sino deformar para denunciar formas. Por eso es que somos como somos, no se preocupen: un producto del sincretismo, de la diáspora, del mestizaje. Nos encontramos suturando la otredad experimentando con nuestra fisicidad y eso, compañeros aguayuyeros, es suficiente. Ya nuestro cuerpo es difícil de discernir y solo vislumbrarán el visaje de lo que ha sido sublimado. Somos asombrosamente poéticos, sensuales, desbordantes. Nuestra falta de autoridad solo puede ser geopolíticamente demostrada de manera especulativa a través de este ejercicio que requiere plasticidad, lenguaje oral y una corporalidad que se hará manifiesta cuando se ponga patas pa rriba la itinerancia de lo posible. La tijera de palo cortó nuestro cuerpo travestido que ahora sin traje carnavalero sale del fetiche andando del timbo al tambo como gitanos miscegenados, palenqueros escapados, indígenas refugiados. Con nuestros cuerpos desplazados y migratorios podremos declarar que somos caribe como si un mar hiciera la diferencia y nos predestinara a una hamaca como símbolo de nuestra pereza que así mismo deconstruyera virtualmente  nuestros ritos ancestrales. De este lado para arriba hacemos de nuestro cuerpo un cliché paródico que propone una constante ruptura histórica, una invasión metafórica mediada por la mirada ajena.

Atentamente, sinceramente, apasionadamente,

MC Klon

www.testaferrato.blogspot.com