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Carta Abierta A La Persona Que Asuma El Cargo De Javier Gil, Ex–asesor De Artes Visuales Del Ministerio De Cultura

Estimado Maestro

Desconozco su nombramiento oficial, de ahí que asuma ignorar públicamente de quién se trata. Sin embargo, he oído algunos rumores sobre el destinatario de ese cargo que han traído paz y sosiego a mi vida. El asunto me preocupaba muchísimo: hubo momentos terribles en los que quedaba paralizado al imaginar que ponían en ese cargo a Víctor Manuel Rodríguez (¿dónde andará?), y tras de un año de organizar encuentros teóricos terminaba por imponer una reforma para dejar el Área de Artes Visuales del Ministerio de Cultura bajo la administración del Ministerio de Defensa. En otras ocasiones pensaba que María Belén Sáez retornaría a esa oficina, pero inmediatamente me corregía diciéndome  que ella está usando su cargo como Directora Cultural de la Universidad Nacional  para grabar a fuego un recuerdo indeleble en la memoria de los otros en la era global, a costa de iniciativas más humildes pero significativas como el Salón Cano. “Lastima –recuerdo que también pensé-, porque cuando lanzó el Programa Salón Nacional de Artistas nunca la dejaron ponerlo a prueba.”

En fin, doy crédito a esos rumores y le expreso mi satisfacción. Ojala lo nombren rápido, se posesione y lo haga bien. Y, como soy una persona crítica pero propositiva (el obvio producto de una Maestría en Historia y Teoría del arte que ahora anda sin pies ni cabeza), me atrevo a hacerle unas pequeñas sugerencias, que quizá le dificulten su trabajo, pero que a la larga le reportarían unos buenos dividendos al campo artístico del país –el mismo que, aunque para muchos no exista, es la única razón de su nombramiento. Es más, hago pública esta carta a través de esferapublica porque creo que usted sigue este blog –aunque supongo que hace (o hará) caso omiso cuando alguien lo cuestione aquí-, e imagino que, de pronto, el que otras personas sepan de esta humilde aportación sirva de algo.

Actualmente estoy replicando una exposición que hice a finales del año pasado. Le ofrezco disculpas por el autobombo, pero debo decirle que ese producto fue resultado de una investigación curatorial patrocinada por el Ministerio de Cultura con –aprovecho para decirlo-, todas las garantías de control creativo. En otras palabras, desde esa entidad nunca se metieron con el contenido de lo que hice. Y ese, precisamente, es el punto por el que quiero empezar. Según las noticias que comentaban el nombramiento de Mariana Garcés como Ministra de Cultura, esta abogada uniandina hizo una especialización en Mercadeo y Negocios Internacionales. Eso está muy bien. Da pie a pensar que el emprendimiento será uno de los puntales de su cartera. Sin embargo, lo que me parece necesario analizar es la relación que podría plantearse entre las iniciativas de emprendimiento, la obtención de patrocinios que adelantaría en algún momento ese Ministerio y los procesos artísticos que no necesariamente impliquen algún tipo de favorecimiento simbólico o económico. Me explico. ¿Qué pasaría si, por ejemplo, algunas de las gestiones del Área de Artes buscaran  obtener la “colaboración” “desinteresada” del sector privado para organizar un evento con mayor holgura presupuestal y allí se presentara la obra de un artista que manipule los loguitos de la empresa que aparezca como aportante principal? ¿Cómo se articularían en ese caso dos nociones aparentemente antagónicas como financiación y censura? ¿Bajo qué parámetros se podrá esperar que actuará el Ministerio en esos casos? ¿Se garantizará la integridad de los procesos impulsados por curadores, artistas, investigadores o críticos si usan una beca patrocinada por una empresa generosa para atacar abiertamente alguna de las políticas de esa misma empresa generosa? ¿Se redactará y publicará un documento donde se hable sobre ese tema y los procedimientos que se seguirían en caso de que sucediera algo parecido?

Los procedimientos. Otra cosita que hace falta regular en la materialización de muchas de las acciones de esa área. De hecho, este elemento no tiene que ver con falta de voluntad por parte de sus actuales integrantes, es algo que va mucho más atrás. Por ejemplo, y ante la proliferación de exposiciones que se organizan bajo su iniciativa, ¿por qué aun no se ha institucionalizado una oficina alterna de producción que esté en capacidad de prestarle apoyo a curadores con poca pericia –entre quienes me incluyo-, frente a cuestiones tan mundanas como colgar un cuadro? En realidad, la cuestión empieza por la ausencia de esa oficina, pero extiende sus efectos incluso hasta la realización misma de una muestra de arte. En otras palabras, si un curador presenta un proyecto para una beca de investigación curatorial, ¿por qué debe asumir la labor de productor de la exposición que desarrolle? En algunas ocasiones el cumplimiento de las labores museográficas excederá su experticia. Aunque los curadores silvestres hayamos proliferado últimamente, no sucede lo mismo con los museógrafos. Es más, qué mejor que a ese curador ganador se le diera la beca solamente para hacer eso por lo que participó: curar; mientras otra persona, el productor, le ayudara a aterrizar sus increíbles vuelos creativos. Hubo quienes en ocasiones anteriores, reconocimos nuestra rusticidad ante las dificultades que tiene la producción de una exposición y le pedimos al Ministerio de Cultura que contratara alguien para sacar adelante todo aquello que constituyera nuestras becas curatoriales. El problema aquí es que debimos hacer esa solicitud, pues ése no es un procedimiento del Área de artes. Piense en las consecuencias de un caso contrario: un curador olvida pedir la ayuda de un productor, de pronto porque está más concentrado en entender un libro malito de algún filósofo contemporáneo para ver cómo lo referencia de cualquier manera en su texto curatorial y olvida planear tareas banales como coordinar lugares y fechas de acopio de obras, impresión de material editorial, preparación de las salas que albergarán la muestra, etc, etc.  Imagine a un curador que lea mal dedicándose a esas tareas. ¡Hay que darle garantías a los artistas!

Es más, me atrevo a sugerirle que ese productor integre el comité de selección de las propuestas que configurarán los Salones Regionales de Artistas. Quizá su espíritu, si es lo bastante pragmático y realista, pueda analizar la viabilidad de un proyecto de investigación curatorial, bien escrito como ciencia ficción, pero desprovisto de cálculos reales sobre su materialización. Y para que esto sea mucho más claro, le sugiero que en el documento de convocatoria de las becas de investigación curatorial –si las han de seguir lanzando-, se indique el presupuesto con que contará el ganador para hacer lo que propuso. Sería una buena síntesis de ficción y realismo, dos términos aparentemente opuestos, pero que juntos resultan bastante atractivos (o explosivos, quién sabe).

Otro procedimiento que le pido contemplar es la creación de una base institucional lo suficientemente sólida como para respaldar estas becas de investigación. No sabe la cantidad de preguntas sin responder que deja un curador cuando, por ejemplo, desea exponer la obra de un artista que hace parte del acervo de una institución museal y, ante cuestiones básicas como su representatividad institucional debe decir que no posee un vínculo claro con el Ministerio de Cultura. Es decir que, a pesar de que pague una póliza de cumplimiento al inicio de la beca, ¿bajo qué figura aparece ese investigador curatorial si  solamente está respaldado por un acta donde apenas se indica que ganó algo? ¿Cómo demostrarle a la entidad donde se hace la solicitud que las obras pedidas van a estar bajo responsabilidad de quién?

Se ha visto que el coleccionismo tiene cada vez más y más presencia en el campo artístico local. Incluso, algunos optimistas se equivocan en postular a ArtBo como “el nuevo Salón ”, sin notar que esa feria no es el Nuevo Salón, sino su hijita menor: Artecámara (un espacio no sometido al criterio de ningún comité de nada (y que quizá por eso termina siempre tan mal montado)). En fin, para fortuna de algunos, los coleccionistas ponen sus ojos con mayor fruición en el arte contemporáneo. Lo cual indica que no hay crisis, que atravesamos una época auspiciosa . Sin embargo, cada vez se nota más que la simple emisión de una póliza de seguro no garantiza la representatividad de las pretensiones de un curador. ¿Sabe del caso de un galerista colombiano que sufrió el robo de unas obras a pesar de haber contemplado algunas normas básicas de seguridad en su transporte? Según declara el pobre, le robaron unos boteros y la empresa transportadora no le responde. Bueno, eso le pasa por coleccionar arte malo y caro. Pero, ese no es el punto, la pregunta apunta al hecho de que una entidad que alberga una obra en su colección y contempla su préstamo para un Salón Regional de Artistas debe conocer los mecanismos de protección que tendrá el objeto bajo su custodia. Y que la existencia de instrumentos como el concepto de un conservador de obras de arte que certifique las condiciones de exhibición de la obra, de un equipo de montaje que permita pensar que la obra será adecuadamente manipulada, etc, no son cuestiones accesorias. La representatividad institucional va más allá de tener pólizas de seguro y de cumplimiento.

Bueno, ¿y los artistas? Por favor, utilice sus dotes como relacionista público para encontrar la financiación de un premio que esté dirigido exclusivamente a ellos. Si quiere, puede desmantelar las becas de investigación –muchos nos entristeceríamos, otros harían fiesta-, y darles de nuevo ese dinero. Si no quiere, trate de que se obtengan recursos para añadirle carbón a esa locomotora del campo artístico que está tan maltrecha. No sólo hay que financiar la investigación, hay que extender esa figura hacia la producción de obra. Quizá pueda hacer contacto con empresas ávidas de legitimidad filantrópica o con excedente de recursos, para que lo puedan ayudar en esta difícil tarea de darle varios  millones de premio a una persona que hace arte. Viéndolo bien, todos saldrán ganando y un premio es algo fácil de instituir, a pesar de quienes crean que es algo que sucede por arte de magia .

Otro asunto, si se va mantener la convocatoria de becas de investigación, ¿puede pensarse que la curaduría del Salón Nacional de Artistas también sea resultado de una convocatoria pública, para que no parezca asignada a discreción?  Hay grupos de investigación en teoría del arte, historia del arte, crítica de arte, literatura del arte, por todo el país. Muy pocos cuentan con recursos. Los menos, hacen una que otra cosita al año. ¿Por qué no pedirle a esa veta de talento humano que le dé forma –alguna forma-, al Salón Nacional de Artistas? De pronto así ese Salón despierte interés. De pronto no parezca que los mails extensos e iracundos son la ruta de entrada a ese proceso.

Ahora bien, en una exposición que tuvo más despliegue teórico que análisis sobre sus obras, había una cartelera con una línea de tiempo sobre la emergencia de las Bienales en los centros hegemónicos del arte contemporáneo tercer mundista. Al verla recordé -algo paranoicamente, para ser sincero-, que el ejército de Brasil había reiniciado sus maniobras en la favelas de Rio como parte de un costoso proceso de limpieza que mostrará sus resultados en el Mundial de 2014 y las Olimpiadas de 2016. También recordaba un artículo de Markéta Stará donde se preguntaba por la razón de la existencia de un mega-evento en Praga. Tras traducir mentalmente el artículo donde Stará hablaba de un gasto desproporcionado de recursos y energía en eventos como bienales, trienales y eventos de escala similar, una frase suya me arrebató de repente (en inglés): “… it is reasonable to ask what purpose they serve”. Bueno, en el caso local, ni siquiera puede hacerse esa pregunta, pues no hay ningún mega-evento de artes visuales que despierte interés. ¿O si? ¿Puede pensarse que el Salón Nacional de Artistas es un mega-evento, al contar con una difusión tan pobre? Por fortuna no hay ni Mundial ni Olimpiadas a la vista de Colombia (se harían mal). Por fortuna no hay que esperar espectaculares labores de limpieza estilo Comuna 13 hace unos años (volverían a hacerse con toda la sevicia posible). Pero, ¿es afortunado un campo artístico sin un evento que convoque masivamente a los artistas, que lo respeten –o ataquen-, pero que logre llamar su atención?

Volviendo a los medios de comunicación, ¿sabe si alguien más, aparte de los artistas, de quien a veces lee esferapublica y los curadores de los salones regionales, conoce ese evento? ¿Sabe si existe un plan de medios para una exposición que vale bastante? Algunas personas manifestaron su alegría por el jingle en modo champeta que publicitaba este Salón, pero independientemente de la sabrosura que destila, ¿cómo se articula la existencia de este evento con su difusión en medios masivos de información? ¿A cuánto asciende el rubro por este ítem? ¿Existe un rubro de comunicaciones?

En algún momento de 2009, alguien publicó un post en un site de arte contemporáneo colombiano, cuestionando a su moderador por no difundir información relacionada con todos los salones regionales que se estuvieran presentando durante ese año. En un ir y venir de respuestas, además de fatigarnos, los lectores nos enteramos consternados que la persona que preguntaba no sabía dónde encontrar información sobre cada una de las investigaciones curatoriales que se estaban realizando. ¿Cómo orientar aquella alma inquieta hacia el lugar correcto y cómo evitar que pareciera que sólo unos pocos –dos, según el alma inquieta-, ocupaban el poco espacio del único site dedicado al arte contemporáneo del país? ¿Por qué no sistematizar toda esta información en un lugar permanentemente actualizado? Así como hay que pensar en las personas interesadas en saber más de ese evento, también se debe pensar en quienes les interesa poco, pero deben reseñarlo. Podría pensarse en una brújula para columnistas culturales.

Ya para concluir con este texto “tan flojo [con] una lectura tan chata [que no es] una colaboración intempestiva, sino […] algo programado y trabajado”, hablaré de la internacionalización del Salón Nacional de Artistas. Hay un artista que fue declarado “ganador absoluto” del IV Premio Luís Caballero. Su obra viajó fuera del país y se presentó en una Bienal reconocida.¿Cuál es la utilidad de ese procedimiento? ¿Por qué mostrar artistas colombianos por fuera del país? Más personas que quienes fuimos a ver la obra que le dio el galardón absoluto a este artista en la Galería Santa Fe, pudo llegar a conocerla. De pronto puso en tela de juicio las razones de su premiación. Pero, lo mejor de todo, es que eso sucedió en otro país, no en Colombia en una ciudad distinta. Y lo que resta preguntar es por la manera en que se ha definido la internacionalización en el Salón Nacional de Artistas: ¿por qué se internacionaliza hacia adentro? ¿Por qué no se internacionaliza al contrario?  ¿Por qué siempre que se habla de participación internacional es de artistas que viajan a Colombia, pero no de artistas colombianos que muestran fuera de dos ciudades a lo sumo? ¿Por qué un grupo de curadores internacionales vienen a descubrirnos nuevamente el agua tibia de la relación arte-artesanía en esta versión del Salón Nacional? ¿Esa indagación no podría ser llevada a cabo por investigadores locales, quizá un poquitico más enterados sobre el tema, para mostrarla fuera de Colombia?  Contemplando las dificultades logísticas que ello representa ¿por qué no decolonizar este y otros eventos, tratando de llevarlos completos a escenarios por fuera del país? Sí, probablemente esto le acarrearía menos horas de sueño y más de trabajo, una o dos úlceras, negociaciones con embajadores torpes que secuestren videos, uno que otro derecho de petición y un regaño desde la Cancillería. ¿Y? ¿Sólo pueden mostrarse en el exterior diez o quince artistas bisagra conocidos por dos o tres curadores? Posiblemente se pueda incrementar ese número. Los indicadores son bien vistos en todas partes.

Lamento haberle hecho perder el tiempo, y agradezco la atención prestada, aunque este no sea “mi terreno” espero haber vencido los prejuicios que me ciegan.

Atentamente

Guillermo Vanegas

Psicólogo

Una opinión sobre Carta Abierta A La Persona Que Asuma El Cargo De Javier Gil, Ex–asesor De Artes Visuales Del Ministerio De Cultura

  1. Catalina Vaughan 2010/12/08 at 12:59 pm

    Luego de una larga temporada de descanso en los Alpes, el recién nombrado Asesor de Artes Visuales del Ministerio de Cultura inicia su retorno al tormentoso medio del Salón Nacional, le esperan días de intensa actividad, calor caribe, funcionarios agotados, precariedad presupuestal, curadores iracundos, artistas al borde de un ataque de nervios, debate oficial, debate no oficial, otros debates, crítica melosa, y la Crítica Implacable.

    Nota: Si considera que este video puede resultar ofensivo, favor ponerse en contacto con la recién creada Defensoría de las Instituciones Artísticas.