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Decolonialidad V.s. Altermodernidad: ¿dos Posturas Irreconciliables?

La estética no tiene que ver exclusivamente con las formas del arte -dería Susan Buck-Morss-, la estética tiene que ver con la Realidad. Yo comparto plenamente ese postulado. Dos días intensos del excelente encuentro internacional “Estéticas Decoloniales”, organizado por la Facultad de Artes-ASAB de la Universidad Distrital. Tres muestras de artes plásticas y visuales: una en el Parqueadero, otra en la Sala de exposiciones de la ASAB y la tercera que se abrirá esta semana en el MAMBO bajo la curaduría de Pedro Pablo Gómez, María Elvira Ardila, Marina Grzinic y Walter Mignolo. Interesante evento que recogió lo que Walter Mignolo llamó “la opción decolonial”. Estas importantes  muestras, merecerán un Vistazo Crítico posterior, porque lo que aquí quiero problematizar es precisamente el conflicto entre un proyecto Decolonial y el proyecto Altermoderno o Radicante que va más allá de las formas del arte, o dicho de otra manera que apunta a un sentido ampliado de la estética como una forma de vida. ¿A qué forma de vida le apuntamos en la era del capitalismo global?

Escuchando el discurso de Walter Mignolo (colgado aquí en Esfera Pública y expuesto por él mismo durante el encuentro) me preguntaba ¿por qué razón el profesor latinoamericano de la Universidad de Duke, se atacaba de frente contra el Manifiesto Altermonderno del curador y teórico europeo Nicolás Bourriaud?  Intentando comprender, sobre todo porque fuí el gestor de la presencia de Bourriaud en Colombia escribo este texto.  Cuando vemos de cerca este “debate” que apenas comienza, pues fue Bourriaud, quien en realidad “pegó primero” en este cara a cara, contra la postmodernidad y por ende contra los Estudios Culturales que se legitiman desde la década de los ochenta, a partir del multiculturalismo norteamericano y búsquedas de posturas identitarias, donde el Otro se convirtió en el caballito de batalla de este proyecto, es entendible que Mignolo se defienda arremetiendo contra la postura Altermoderna, que valga la pena decirlo, está muy a tono con la postura antiglobalización del movimiento altermundialista impulsado desde Francia por ATTAC.

Tal como lo declaró Mignolo en la entrevista que le realiza Miguel Rojas Sotelo: “El proyecto de Altermodernidad es un proyecto de familia europea”, lo que enuncia una defensa de lo gestado en el tercer mundo.  En la mesa redonda que cerró el evento en la ASAB Mignolo ante el cuestionamiento de su postura terminó diciendo: “nosotros tomamos café con los marxistas, pero no vamos más lejos”. Con esta frase llena de mucha ironía, se devela la posición antimarxista de los pregoneros de los estudios culturales, que afincados en universidades norteamericanas y ahora en buena parte de algunas de las universidades en América Latina, hoy hacen de la multiculturalidad y la búsqueda identitaria un leitmotiv que pretende atacarse al Capitalismo, bajo una pretendida lucha de los excluidos y dominados de los grandes discursos generados en “Occidente” particularmente en Europa. Pero nos preguntaríamos con cierto desconcierto ¿esto es verdaderamente posible sin una postura política clara?

Cuando Bourriaud en su manifiesto afirma que, “Multiculturalismo e identidad están siendo desplazados por la creolización”, está asumiendo una postura por lo que se consideró por mucho tiempo como políticamente correcto.  La noción de Creolización, acuñada por Edward Glissant, insiste en una  mezcla de culturas, alejándose cada vez más de las ideas que hacen del origen un esencialismo determinante para varios conflictos. Bourriaud a su paso por Bogotá y Cartagena, insistió que hoy “las posturas identitarias” son el origen de buena parte de los conflictos bélicos porque generan múltiples fundamentalismos; estos convertidos en plato favorito de los grandes productores de armas. Por ejemplo la antigua Yugoslavia, se fragmentó en una guerra bajo la mirada complaciente y neutra de las Naciones Unidas, ante “un conflicto étnico” el cual era mejor dejarlo resolverse solito, puesto que un país con ciertos rezagos del desboronado Bloque Soviético, no podía existir en pleno siglo XXI, era de la globalización donde los intereses económicos son el pilar aún persistentes.

Precisamente uno de los puntos débiles del multiculturalismo fue este: afirmar que las diversas culturas pueden cohabitar un mismo espacio (pensamos en New York). Esto que un principio sonaba como algo emancipador o “políticamente correcto”, se convirtió en una apología de los guetos etnográficos y culturales es decir, que cada una de estas culturas debe estar en su lugar sin mezclarse de a mucho, pues la mezcla es sinónimo de pérdida del origen. Para Bourriaud esta cuestión del origen es bastante cuestionable y por eso se apoya en el pensamiento de Glissant y en buena medida en una postura altermudialista que denota que “otros mundos son posibles” frente a una mirada homogeneizante de la globalización. El proyecto altermudialista apoyado en la teoría del economista Tobin, le apuesta a una alternativa aun no explorada.

“Este nuevo universalismo se basa en traducciones, subtitulaciones y doblajes generalizados” dice Bourriaud en su Manifiesto Altermoderno. La imposibilidad del traducir, del poner subtítulos y de doblar los significados por parte de posturas esencialistas, convierten este mundo, en un mundo más lleno de fronteras mentales que las ya existentes. ¿La decolonialidad como principio independentista  loable por cierto, tiene hoy sentido cuando, las estrategias coloniales modernas ya no son las mismas o están en  decadencia o dicho de otra manera el poder económico imperial ya no cultiva tabaco sino que produce energía?

Bourriaud afirma lo siguiente: “el migan es un plato créole que, a pesar de la heterogeneidad de los ingredientes que lo componen, posee una verdadera especificidad, por lo que representa el emblema del devenir-menor de los lenguajes globalizados: contra la estandarización obligada, la creolización ramifica infinitamente los discursos culturales y los mezcla en un crisol minoritario, para restituirlos, a veces irreconocibles, bajo la forma de artefactos ya independientes de sus orígenes (…) ¿Cómo definir estructuralmente la modernidad?  Como una puesta en marcha colectiva. Lejos de imitar los signos del modernismo de ayer, se trata hoy en día de negociar y deliberar y, en lugar de emular los gestos de la radicalidad, invitar los que corresponden a nuestra época.

La altermodernidad que emerge hoy se nutre de la fluidez de los cuerpos y de los signos, de nuestro vagar cultural. Se presenta como una incursión fuera de los marcos asignados al pensamiento y al arte, una expedición mental fuera de las normas identitarias. En una instancia, el pensamiento radicante se reduce a esto, a la organización de un éxodo”. A un artista por ejemplo se lo juzgaría no por su origen: chicano, mexicano, serbio o bosnio, indígena o negro, sino por su obra. Hay que aclarar que este éxodo es más mental o ideológico que geográfico, de ahí que la idea de “expedición mental” está más a tono no con una amnesia voluntaria de las raíces, sino más bien de una crítica “al encierro en esquemas culturales ready-made –cuando las costumbres se vuelven formas-, y el arraigo, en cuanto este se constituye en una retórica identitaria.” (Bourriaud, Radicante. 2009).

Con estas palabras del teórico francés, es comprensible la postura de Walter Mignolo al comenzar su discurso de Estéticas Decoloniales con un ataque frontal contra la Estética Radical de Bourriaud. El representante de Cultural Studies de la Universidad de Duke anuncia una “economía comunal” que iría más allá del capitalismo y el socialismo. Esto suena muy bien pero ¿cómo funciona esa economía comunal en apogeo del capitalismo global? Mignolo dice que Bolivia hoy es un ejemplo de eso. Como no soy experto en economía sino en estética y teoría crítica del arte, simplemente termino con esta pequeña historia al margen: la universidad de Duke pensada desde 1838 y fundada en 1924, por una de las más grandes familias del estado de Carolina del Norte  propietarias de: plantaciones de tabaco, de la industria tabacalera y la empresa eléctrica de los Estados Unidos: La American Tobacco Company famosa por sus industrias trasnacionales y la Duke Power Energy que hoy subsiste gracias a la gran bonanza energética, tiene sus grandes filiares en todo el mundo particularmente en Estados Unidos y en toda América Latina. En el 2007 esta empresa deja Bolivia por el proceso de nacionalización puesto en marcha por el gobierno de Evo Morales, pero no pierde mucho pues luego del conflicto en la antigua Yugoslavia se instala en la actual Bosnia. Por esta misma época (2006-2008), el embajador de los Estados Unidos en Bolivia Philip Goldberg es declarado “persona no grata” por el gobierno boliviano. El señor Goldberg jugó años antes un papel fundamental en Kosovo. Sorprende que en una universidad creada y mantenida con dineros de la explotación colonial de recursos naturales por más de dos siglos, hoy se esté gestando un pensamiento decolonial. Esto es “verdaderamente admirable y digno de tenerse en cuenta”, diría un marxista luego de tomarse un café con un portavoz del decolonialismo cultural. Sorprende también como la postura de estética decolonial se ataca contra “el imperio colonial europeo”, básicamente moderno, y no con el actual colonialismo imperial estadinense. Lo Altermoderno no es una continuación de la postmodernidad sino una crítica radicante a ella. En un mundo lleno de fronteras reales y mentales es importante pensar el mundo  como una sistemática abierta decía Kostas Axelos fallecido a comienzos  de este año.

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Ricardo Arcos-Palma.

Bogotá, 14 de noviembre del 2010.

comentarios

16 Opiniones sobre Decolonialidad V.s. Altermodernidad: ¿dos Posturas Irreconciliables?

  1. Ricardo Arcos-Palma 2010/11/17 at 7:53 am

    “Discusión” en los corredores de facebook: Altermodernismo: estética neoliberal?

    Tanja Ostojic Un corto artículo en El Tiempo sobre el trabajo de Tanja Ostojic en la Exposicón Estéticas Decoloniales: http://www.eltiempo.com/entretenimiento/arte/esttica-del-matrimonio-columna-de-ricardo-arcos-palma_8362080-4
    Estética del matrimonio / Columna de Ricardo Arcos-Palma
    http://www.eltiempo.com
    El Lunes a las 14:07 · Ya no me gustaMe gusta · Comentar · Ver comentarios (6)Ocultar comentarios (6) · Compartir

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    A ti y a otras 2 personas más os gusta esto.
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    o
    Tanja Ostojic Walter MIgnolo: “Pareciera que Ricardo Arcos se lanzo en una campania de estetica neoliberal y arte moderna de borrar las identides y celebrar el mundo sin fronteras. Al focalizar el matrimonio, borra el hecho de que la muestra de Ostojic es subraya la identidad/identification en las puertas que se cierran para el inmigrante. ”
    El Lunes a las 23:44 · Me gustaYa no me gusta
    o
    Tanja Ostojic
    again Walter Mignolo says as a respond to this article:
    “El autor, Ricardo Arcos- quien invito a Bourriaud a Colombia y que firma este articulo se refiere a la muestra y tambien a esta entrevista.
    En la entrevista digo que altermodernidad y …descolonialidad son dos posturas legitimas, no enfrentadas, sino coexistentes, aunque en conflicto claro. Pero como en todo argumento que no intenta el dialogo sino la autodefensa por el ataque, se pasa por alto el meollo y se tradujo “coexistencia en conflicto” por “vrs” lo cual es una postura muy moderna. Pero es interesante puesto que pone de relieve donde estan los puntos del debate

    http://esferapublica.org/nfblog/?p=12247
    “Ver más
    Ayer a las 0:15 · Me gustaYa no me gusta · 1 personaA Nadia Granados le gusta esto.
    o
    Art Labour Tanja auf Spanisch!! ad-or-able..
    Hace 21 horas · Me gustaYa no me gusta
    o
    Ricardo Arcos-Palma Lo siento estimado Walter, en el texto aunque corto meciono bien el problema de la inmigración; lo identitario en este caso es irrelevante, el problema crucial es de fronteras.
    http://esferapublica.org/nfblog/?p=12323
    Hace 2 segundos · Me gusta

    Foto: La Gran Comarca!!!

  2. Jose Manuel Barreto 2010/11/17 at 3:13 pm

    Ricardo:

    Me parece que invitaciones como la que le hiciste a Bourriaud para ir a Colombia son muy enriquecedoras de la reflexión que sobre el arte se desarrolla en nuestro país. Colombia ya no está aislada del resto de Latinoamérica y del mundo como hace apenas unas décadas, pero los contactos académicos y culturales son pocos si se los compara con los que ocurren en paises vecinos como Brasil, Argentina y Mexico. De manera que es de esperar que actividades como las que organizaste se hagan mas frecuentes. Tener la posibilidad de compartir y discutir cara a cara con los intelectuales europeos, norteamericanos y del Tercer Mundo, es un privilegio que solo tienen los que pueden estudiar fuera del país. Ojala esas ocasiones sean aprovechadas tanto para conocer un poco mas sus planteamientos, como para hacer un acercamiento critico a su obra.

    Yendo a la pregunta que formulas en el titulo de tu artículo, me parece que respondes positivamente, es decir, tú crees que Decolonialidad y Altermodernidad son ‘irreconciliables’. Sin embargo me parece que una respuesta distinta puede ser más adecuada. Me parece que el argumento que desarrollas no se distancia lo suficiente de la cultura política e intelectual de nuestro país que tanto nos ha afectado: esa costumbre de ver la relación entre los que expresan su pensamiento o toman posiciones políticas como un encuentro de enemigos, y de creer que la única conclusión hacia la que puede derivar la discusión o el conflicto político es la negación de lo que piensa el otro, o la simple exclusión. Esta no solo es una característica de la cultura colombiana, sino que también es propia de la modernidad y del pensamiento moderno, en los que la lógica de la ‘contradicción no superable’ es dominante.

    En el caso concreto del debate entre decolonialidad y altermodernidad es posible notar muchas diferencias, pero no me parece necesario acercarse a estas corrientes de pensamiento con la actitud del que está completamente a favor del uno y totalmente en contra del otro. Se trata de dos críticas distintas de la modernidad y del pensamiento postmoderno. En su presentación Walter Mignolo alude a las diferencias que tienen que ver con el ‘locus enunciationis’ de cada una de ellas: los planteamientos de la altermodernidad nacen del pensamiento y las circunstancias europeas, y son por tanto una crítica interna de la modernidad y la postmodernidad. El giro decolonial nace del Tercer Mundo, y es una crítica de la modernidad y la postmodernidad desde el ‘afuera’ de Europa o el Occidente, es decir desde el punto de vista del tercer mundo, los condenados de la tierra, los barbaros, los caníbales.

    Lo que hizo Mignolo fue poner de presente el punto de vista, el contexto histórico y político desde el cual se está elaborando el concepto de altermodernidad. Hablar de su ‘lugar de enunciación’ no significa quitarle sentido a lo que dice. Se trata de una especie de genealogía, de un posicionamiento histórico desde la perspectiva de la geopolítica del conocimiento –la epistemología política que han elaborado Mignolo, Dussel, Quijano, Mendieta y otros. Este acercamiento lo que si hace es mostrar sus coordinadas materiales y sus limitaciones: es una perspectiva local, una entre otras muchas posibles, no una visión o saber universal.

    De manera que estas posiciones no se excluyen mutuamente, pero cada una ofrece una visión parcial. Lo que se requiere es entrar en un verdadero diálogo entre puntos de vista, en busca de una perspectiva menos parcial y más universal. La posibilidad de entablar ese dialogo se destruye cuando uno de los interlocutores decide deslegitimar al otro, descalificarlo para quitarle el uso de la palabra y simplemente excluirlo de la elaboración del conocimiento. Esa es la historia del pensamiento en la modernidad, en la que la teoria dominante –el saber occidental o europeo- se ha impuesto bajo la apariencia de ser un conocimiento universal, y no le ha interesado o se ha negado a entrar en una relación dialógica con otros saberes. Me parece que con interpretaciones maniqueas o excluyentes corremos el riesgo de estar ante un nuevo ejemplo de esa historia monolítica y monológica del pensamiento.

    La búsqueda de este dialogo entre el pensamiento eurocéntrico y el conocimiento elaborado desde la perspectiva de las víctimas de la modernidad –el conquistado, el subalterno, el colonizado- es una de las proposiciones centrales del giro decolonial y me parece que una lógica dialógica similar también está presente en la perspectiva altermoderna. El planteamiento de la traducción, la creolización y la hibridación como maneras de relacionar la cultura de la globalización y las culturas locales – todas ellas entendidas como maneras de luchar en contra de la estandarización y a favor de las particularidades- puede ser vista como una búsqueda de diálogo entre prácticas artísticas que inicialmente se mueven en circuitos o dinámicas distintas. Además, Bourriaud dice no pensar en términos de oposiciones binarias, por ejemplo cuando afirma que hay que abandonar contraposiciones radicales como las que se plantean entre lo global y lo local. Esto se puede ver en la respuesta a la segunda pregunta de esta entrevista a Bourriaud: http://www.artinamericamagazine.com/news-opinion/conversations/2009-03-17/altermodern-a-conversation-with-nicolas-bourriaud/

    Pero aquí mismo puede estar una de las razones por las que Bourriaud, de manera apresurada, se distancia de la teoría postcolonial; no necesariamente del Giro decolonial porque no estoy seguro si el ha leído a Mignolo o a Dussel –aunque sí es evidente que Mignolo ha leído a Baurrioud y visitado la exposición ‘Altermodern’ en Londres. Bourriaud interpreta multiculturalismo como una forma de pensar las relaciones entre culturas mayoritarias y minorías dentro de las sociedades -o entre la globalización y las tradiciones en el mundo- como una ‘oposición binaria’ entre ellas. Pero el multiculturalismo, en la manera en que se ha propuesto en Europa o en los Estados Unidos, NO busca una esencialización o aislamiento de ciertas identidades. Mucho menos busca crear fundamentalismos y violencia sobre la base de identidades nacionales, étnicas o religiosas estilo Serbia, como dices tú que Bourriaud afirmó en Colombia. Lo que busca el multiculturalismo es evitar la completa asimilación e irrespeto de culturas diferentes, y por otra parte construir una vida social sobre la base de la tolerancia y el reconocimiento de todas las culturas. Por otra parte no quiere un proceso de globalización en una sola dirección –de arriba hacia abajo, o desde el centro a la periferia- sino en ambas direcciones. De manera que multiculturalismo y también la filosofía decolonial se oponen al fenómeno de la estandarización en el campo del arte, o lo que es lo mismo, a la homogeneización que sigue los patrones europeos u occidentales y que es impulsada por ciertas dinámicas de la globalización. Me parece que esta actitud anticolonial –la cual es una de las características centrales del giro decolonial- es compartida por la critica altermoderna de la estandarización.

    Otra característica que comparten el giro decolonial y el concepto de altermodernidad es su crítica de la filosofía postmoderna. Aquí me pareces que tu descripción del pensamiento decolonial requiere otras precisiones. Tu procedes a relacionar fuertemente el giro decolonial con las teorías postmodernas. Lo haces a través de una identificación del Giro decolonial con estudios culturales y multiculturalismo. A su vez, tú interpretas multiculturalismo y Estudios culturales como desarrollos del postmodernismo sobre la base de la existencia de conceptos compartidos como identidad y otredad. Para decirlo de una manera más clara, tu argumentación se desarrolla a la manera de una identificación a través de un tercer término: A y B son relacionados o iguales, porque A se relaciona con C, y B también se relaciona con C.

    Mientras tienes razón en cuanto a que conceptos como otredad son importantes en los Estudios Culturales, la filosofía postmoderna y el Giro decolonial (‘el otro’ es central en la formación de la filosofía de Dussel -quien estudio con Levinas), la idea de definir al pensamiento decolonial como un derivado o una expresión del postmodernismo no tiene mucho en que sustentarse. No quiere decir, como ya lo he afirmado, que el giro decolonial no se haya hecho a una serie de conceptos y herramientas epistemológicas que proceden de los postmodernos, como por ejemplo el interés en la geografía y el espacio, así como la crítica de los universales. Pero el Giro decolonial no es una filosofía postmoderna porque precisamente se ha formado en contra del carácter eurocéntrico del pensamiento postmoderno que se puede encontrar en Levinas, Derrida, Foucault, Deleuze and Lyotard. Entre muchas otras consecuencias de esta diferencia entre tradiciones y contextos de pensamiento, la critica postmoderna de la modernidad se centra en fenómenos básicamente relacionados con la historia europea, mientras no le pone atención, o mantiene al margen, a la historia de las relaciones entre los imperios modernos y las colonias- precisamente el horizonte de comprensión en el que se sitúa el pensamiento decolonial.

    Te apresuras también a calificar a Mignolo como un pensador ‘antimarxista’ y como alguien que puedes enmarcar dentro de los estudios culturales. Desde luego que la filosofía decolonial critica ciertos aspectos de la filosofía de Marx, y ciertas posiciones de los teóricos y políticos marxistas. Pero eso no quiere decir que sea antimarxista. De hecho la Filosofía Latinoamericana y la Filosofía de la Liberación, dos de las fuentes del Giro decolonial, se desarrollaron a partir de planteamientos marxistas. Y Enrique Dussel ha escrito uno de los estudios más juiciosos que se conozcan de ‘El Capital’, abriendo nuevos horizontes para su interpretación. El espíritu emancipatorio y la crítica al capitalismo como fenómeno mundial que animan al marxismo, están presentes también en el pensamiento decolonial (y de una manera mucho más comprensiva y radical de lo que hasta ahora ha ofrecido el concepto de altermodernidad). Por otra parte, Mignolo y el Giro decolonial han estado en relación y promovido los Estudios Culturales, pero difícilmente se podría reducir la obra de Mignolo a sus contribuciones a los Estudios Culturales.

    Preguntas también si el pensamiento decolonial tiene sentido en la época actual cuando ‘las estrategias coloniales modernas ya no son las mismas o están en decadencia o dicho de otra manera el poder económico imperial ya no cultiva tabaco sino que produce energía’. La respuesta es sí. El giro decolonial tiene mucho sentido porque el pensamiento decolonial –que es la manera en que se ha dado en llamar la filosofía elaborada por Mignolo, Dussel, Quijano, Mendieta, Castro-Gómez entre otros- se ha construido en los últimos cuarenta años como una respuesta al desarrollo actual del capitalismo y el neocolonialismo. El giro decolonial, aunque ‘bebiendo de las fuentes’ del pensamiento anticolonial de siglos pasados desde Bartolomé de Las Casas y Suarez, pasando por Guamán Poma, Toussaint Louverture, Otobah Cugoano, hasta los pensadores del proceso de descolonización como Fanon y Cesaire, también está arraigado en otras corrientes de la actual lucha contra la globalización como los Zapatistas, la Teoría Postcolonial, los Estudios Subalternos y el movimiento indígena en América Latina. Para más precisiones sobre el pensamiento decolonial puedes encontrar una reflexión general en el siguiente artículo de Arturo Escobar:
    http://www.revistatabularasa.org/numero_uno/escobar.pdf

    En lo que sí me parece que no eres muy claro es cuando trazas líneas imaginarias entre la Universidad de Duke, y la presencia y salida de Bolivia de Duke Energy con el fin de descalificar a Mignolo y lo que dijo en la entrevista que comentas. Me parece que los antecedentes de quienes fundaron la Universidad de Duke no afectan o comprometen las ideas de Mignolo–como tampoco descalifican la obra de otros profesores de Duke como Fredric Jameson o Ariel Dorfman. Lo que te molesta no es que un profesor de Duke desarrolle una teoría decolonial –lo cual recibes como beneplácito. Lo que cuestionas es que, según tu, la teoría decolonial critique al imperialismo europeo y no al norteamericano, insinuando que el pensamiento decolonial tiene una doble conciencia, o que discrimina entre imperialismos malos y buenos, o que Mignolo no se atreve a criticar al país en que trabaja. En esto me parece que partes de un concepto restringido del imperialismo moderno, porque cuando el pensamiento decolonial se ocupa de la modernidad no tiene en mente solo a Europa sino también los dos últimos siglos de la historia de la expansión de los Estados Unidos. Una pasada por los escritos de Mignolo te permitirá encontrar innumerables referencias a la historia del imperialismo norteamericano.

    Finalmente, me parece necesario que te invite a repensar tu decisión de publicar al pie de página de tu artículo unos emails que le envió Mignolo a algunos de sus amigos. No es que Mignolo haya dicho algo impropio. Lo que ocurre es que este tipo de estrategias destruye la calidad del debate y la posibilidad de su continuación. Abandonamos el debate intelectual cuando recurrimos, en la jerga deportiva, a los ‘golpes bajos’ o los ‘fuera de lugar’. Esto no es correcto porque estás dando a conocer unos comentarios que no fueron escritos para ser públicos, y porque el autor de esos comentarios es otra persona. Cierta cordialidad entre colegas es también necesaria. Tampoco es apropiado que este tipo de tácticas sean usadas por el Director del Magister en Historia y Teoría del Arte de la Universidad Nacional de Colombia, o de un Ex-Director del Museo de la Universidad Nacional. No es la actitud apropiada cuando discute con sus colegas nacionales, y no lo es mucho menos en medio de un debate internacional. Por estas razones te invito muy cordialmente a que retires del website de Esferapublica los emails ajenos y personales que encontraste en Facebook.

  3. Guillermo Vanegas 2010/11/17 at 7:47 pm

    A Guillermo Vanegas le gusta este regaño.

  4. Alanna Lockward 2010/11/18 at 2:15 am

    Anexo dos comentarios míos en el muro de Tanja Ostojic en Facebook, donde aparezco con el nombre de mi agencia ArtLabour:

    “y cuál es la ecuación milagrosa que logra disociar ambas variables? En otras palabras: qué son las identidades sin fronteras? o mejor: cómo hacer de lo identitario algo irrelevante cuando te toca esperar en una cola para lograr un visado y finalmente atravesar una frontera? Este trabajo es por quintaesencia identitario, y no hablemos del paralelismo matrimonial con Jeff Koons y su consorte… vaya forma de desvirtuar los contradiscursos de resistencia, caballero.”

    y luego:

    Art Labour
    “Por supuesto que el matrimonio como acto estético tiene su archivo, gracias por compartir esta entrada, aquí te comparto esta otra del matrimonio como acto subersivo donde acabo de contribuir un texto, esta es la genealogía directa del tra…bajo de Ostojic, no la que insistes en imponerle
    http://scheinehe.blogspot.com/

  5. Jorge Peñuela 2010/11/18 at 7:55 am

    LA HERIDA COLONIAL

    Tiene razón el señor Barreto. No es poca cosa lo que han logrado quienes mediante dos encuentros muy dinámicos, realizados este año, han propiciado un acercamiento a la filosofía europea y a la filosofía latinoamericana, una y otra buscando prosélitos para difundir su causa: la Altermodernidad y la Decolonialidad. Como un proyecto personal, Ricardo Arcos-Palma ha contribuido a que en Bogotá pase algo, a que se nos fuerce a pensar de manera políticamente incorrecta. Ya lo había sentenciado Aristóteles: amamos a los amigos pero más amamos a la verdad. Por su lado, la Facultad de Artes-ASAB, realiza un gran esfuerzo institucional para entrar a liderar localmente la discusión alterna sobre “lo contemporáneo” en las artes, y ha lanzado su maestría en Estudios Artísticos desde la otra perspectiva universalista que se viene consolidando en nuestros días, aquella que el señor Barreto ha llamado Tercer Mundo: “los condenados de la tierra, los bárbaros, los caníbales”. (Condenados, bárbaros y caníbales, sí, sin duda, pero porque masacramos campesinos para robarles sus tierras y su dignidad. Sería razonable ver también la viga en el ojo autóctono.

    Ahora bien, los espacios de discusión creados para propiciar el entrecruzamiento de ideas siempre han dado frutos de gran calidad. No ocurre lo mismo, cuando el propósito es el adoctrinamiento de los impíos. Sólo podemos agradecer al señor Barreto la claridad con que nos ha ampliado la perspectiva Decolonial, aquello que el profesor Mignolo ha denominado dramáticamente “La herida Colonial”. Me llama la atención las siguientes ideas de la exposición del señor Barreto. En primer lugar, la idea según la cual tanto la Decolonialidad como la Altermodernidad son contradictores de la Modernidad. Aquí creo que el señor Barreto se equivoca: la Altermodernidad no es un contradictor de la Modernidad, al contrario es una manera de pensar que intenta recuperar el eje fundamental de este discurso, una instancia de juicio que nos permita recuperar un mínimo de objetividad para nuestros juicios. La Decolonialidad expuesta por el profesor Mignolo en su exposición en la ASAB, nos dejó claro que no cree en una instancia universalista –es logofóbica–, que rechaza cualquier posibilidad de conceptualizar el vínculo afectivo y primordial que mantienen con su entorno nuestras comunidades de América Latina. Por lo tanto, señor Barreto, Decolonialidad y Altermodernidad son discursos contrarios.

    En segundo lugar, considero que tanto el señor Barreto como el profesor Mignolo se equivocan al pensar que aquello sobre lo que estamos debatiendo –la Modernidad– se puede reducir a Kant. Ojalá pudiéramos hacerlo, no obstante, la Modernidad es incomprensible si maliciosamente se ocultan todas las críticas de Hegel a este proyecto filosófico, –es mucho más interesante cuando pensamos con Hegel que es posible reconciliar los intereses particulares con una instancia no arbitraria, llámesele “lo universal”, o el pensamiento. Lo interesante de Hegel consiste en desepistemologizar el pensamiento, una estrategia instrumental de corte kantiano que el señor Barreto reivindica al pensamiento latinoamericano cuando habla de una “epistemología política”, expresión de por sí violenta. En nuestros días, son pocos los teóricos que consideran relevante para la sociedad pensar sus problemas con base en la verdad. Como punto de partida, aporta más a la discusión de nuestros problemas sociales centrarnos en la justicia. Digo que es una expresión violenta y además sin consistencia, porque, ¿cómo podemos hablar de epistemología cuando no creemos que sea posible universalizar el pensamiento o manifestamos una logofobia como la expresada por el profesor Mignolo en la ASAB? Sin embargo, una vez se ha denostado la universalidad, el señor Barreto afirma que (…) “lo que se requiere es entrar en un verdadero diálogo entre puntos de vista, en busca de una perspectiva menos parcial y más universal”. Con estas inconsistencias, el diálogo que propone el señor Barreto va a ser complicado, a no ser que se invoque “La Herida Colonial” como comodín legitimador de nuestros puntos de vista. ¿Estamos condenados a hablar por la herida? Me pregunto si el señor Barreto estuvo presente en la exposición del profesor Mignolo en la ASAB, porque encuentro puntos de vista contrapuestos, pues, le entendí al profesor que no cree en discursos fuertes, epistemologizantes, universalizantes.

    Bienvenido el debate que Ricardo Arcos ha tenido en valor de iniciar en un país cuyo principal hábito alimenticio es “comer callao”. Para contribuir al debate me permito terminar esta glosa transcribiendo unas líneas del plegable que la ASAB distribuyó durante los días del encuentro Decolonial:
    “Las estéticas decoloniales buscan decolonizar los conceptos cómplices de arte y estética, para liberar la subjetividad, puesto que, si una de las funciones explícitas del arte es influenciar y afectar los sentidos, las emociones y el intelecto, y una de las funciones de la filosofía estética en entender el sentido del arte, las estéticas decoloniales, tanto en los procesos del hacer y de sus productos como en su entendimiento, comienzan por aquello que el arte y las estéticas occidentales ocultan de forma implícita, la herida colonial”.

    Considero que no es posible pensar una estética para dar cuenta de La Herida Colonial: los traumas no pueden abordarse desde esta perspectiva discursiva como pretende la Estética Decolonial, la cual, paradójicamente, no puede ser una estética, así arbitrariamente se le denomine como tal. No lo es, en primer lugar, porque los traumas de guerra no pueden originar estéticas, los traumas son inaccesibles al discurso formal, condición de toda estética. En segundo lugar, porque la Decolonialidad no cree en la universalidad y para pensar una estética debemos aceptar que es posible comunicar lo pensado, es decir, reconocer la posibilidad de la universalización del pensamiento.

    El discurso del profesor Mignolo es políticamente correcto, es lo que esperamos de un latinoamericanista. No obstante, pienso, dicho con todo el respeto que nos exige el señor Barreto, que para hablar de arte y estética tenemos que atrevernos a pensar, como quería Kant: debemos reconocer que somos nosotros los responsables de nuestra ignorancia y de nuestras violencias. Hacerlo implica leer los textos de los autores que criticamos, pero sobre todo, no echarle la culpa de nuestras desgracias a los demás. Mignolo construye ingenuamente su definición de estética con base en un extracto tomado de Wikipedia, pues, prefiere quedarse con el “sentido común” que rezuma Wikipedia a arriesgarse con el “rigor científico”.

    Sería oportuno que las directivas de la ASAB hicieran un aporte a la ciudad, y facilitaran y publicaran en Esfera Pública la intervención del profesor Mignolo para aportar herramientas a esta discusión, la cual salió a la luz gracias a los buenos oficios de Ricardo Arcos, de otra manera el Encuentro habría pasado sin pena ni gloria, como todo lo que hacen los artistas de este país debido a la mercantilización de lo que vienen llamando crítica de arte.

  6. Ricardo Arcos-Palma 2010/11/18 at 11:20 am

    Estimado Juan Manuel, gracias por su respuesta,

    Quizá si se me fue la mano al trazar unas analogías con el “Origen” de la Universidad de Duke y la realidad actual de las compañías trasnacionales productoras de energía como la Duke Energy. De ahí que en este “ejercicio de desfacinación” (Cioran), hablar de orígenes sea realmente problemático. Aunque vuelvo e insisto esa pequeña historia al margen que narré es muy importante a tener en cuenta por la sencilla razón que es mejor pensar un mundo sin fronteras, es decir internacionalista, y esto no necesariamente va de la mano con el proyecto expansionista de estados Unidos o Europa. Pues a quienes más les interesa establecer fronteras es a ellos: políticas de inmigración nefastas apoyadas en los orígenes nacionales y étnicos. ¿A quién le hacemos el juego acentuando los orígenes? ¿Por qué un judío Israelí no puede vivir en el mismo espacio que un Palestino? ¿Por qué la guerra étnica en la antigua Yusgoslavia terminó dividiendo el país? ¿Por qué la fobia al mundo musulman? ¿A quienes les interesan los conflictos entre etnias? ¿Por qué es imposible pensar hoy un mundo creole tal como lo ha propuesto Edward Glissant? Pero bueno mis disculpas por este transpiés no fue mi interés negar el trabajo intelectual de Mignolo importante por cierto, que de hecho nos ha puesto a discutir y pensar y eso es ya bastante. Solamente no comparto su postura decolonial. Eso es todo.

    Nicolas Bourriaud está muy de acuerdo con esa idea de la creolización, que es tan difícil para un alemán que no concibe y acepta a los inmigrantes turcos como “asimilados”. Los turcos seguirán siendo turcos así se casen y tengan hijos con alemanes. Y esto por supuesto sirve también a los turcos esencialistas que no se siente en casa. Para muchos esencialistas y fundamentalistas, es impensable que un judío se mezcle un musulmán, o vice versa y que un lationamericano se mezcle con un europeo, etc. Esas mezclas, hacen perder el origen afirman los nacionalistas europeos y norteamericanos mientras propone leyes anti-inmigración que refuerzan las fronteras físicas y mentales. Indudablemente esto no dejar de ser utópico pensar el mundo sin fronteras. No deja de ser peligroso también, pues esa es la idea del imperialismo global mercantil. Por el ejemplo el ALCA que pretende eliminar el proteccionismo económico para una apertura de mercados con clara supremacía de productos importados que terminan minando los mercados locales, como ha sucedido en Colombia con el arroz importando principalmente de Estados Unidos, desde la década de los noventa del siglo pasado. Pero la abolición de fronteras mentales que nos sigue constituyendo como un mundo aparte “el tercer mundo”, “América Latina” que entre otras cosas son construcciones mentales europeas que han terminado por hacernos creer que es una realidad. Claro que hay diferencias sociales, económicas y políticas entre los países más ricos que ahora no solo están en Europa ni en Estados Unidos sino también en el extremo Oriente, el caso de la China por ejemplo.

    Tanto Bourriaud como Mignolo insisten que lo Altermoderno y lo Decolonial no tienen nada en común. Es decir que así se plantee como “opciones válidas”, como dice el propio Mignolo, ambas van en direcciones opuestas. Más allá de “afirmar que una es mejor que la otra” y ahí si estoy de acuerdo con Mignolo, si hay que tomar partido por una u otra. No para adherir ciegamente como suele suceder, sino para entenderla críticamente. Al fin y al cabo, ambas posturas hoy están apuntando a problemas cruciales que afectan el terreno de las ideas y las prácticas culturales y artísticas. De ahí que le dediquemos seminarios y encuentros y lecturas entre colegas. Y es desde ahí donde yo me paro.

    Pero para ser sincero, me preocupa algo en la postura descolonial. Si me preocupa es porque me interesa, de lo contrario ni siquiera le dedicaría tanto tiempo a esto. Me interesa porque con mis colegas Aquí y en Europa, hoy estamos discutiendo fuera de la Esfera Pública, en espacios académicos este problema. Me interesa porque ahora en épocas de celebraciones de Independencias oficiales estos problemas son importantes. El asunto de seguir pensando la modernidad como el mal de todos los males es verdaderamente problemático. Precisamente ese fue el punto de batalla del pensamiento postmoderno. Cuando Bourriaud y Rancière (pese a las críticas que se han realizado mutuamente), realizan una crítica a la postmodernidad, es porque se han dado cuenta que esa oposición sistemática contra la modernidad ha llevado a un relativismo estético y a una apolitización de la política. El problema es seguir pensado que cuando no estás conmigo estás contra mí. Ese fue el lema de nuestro anterior presidente y de ahí se desprenden todas la paranoias posibles y caserías de brujas. Sin lugar a dudas, más allá de realizar un ataque frontal contra la “Opción Decolonial”, o la “Opción Altermoderna”, creo importante generar un debate amplio en el terreno de las ideas que ya se está dando académicamente.

    Jorge Peñuela apunta a algo importante “la herida” colonial es difícil de cerrar. Pero más allá de continuar pensándonos como colonizados, y él tiene razón, deberíamos pensarnos no frente a esa oposición binaria contra el proyecto moderno, tal como sucedió con lo postmoderno y el pensamiento decolonial le adeuda mucho a esta postura no lo neguemos. Félix Guattari decía en su momento que el postmodernismo es una “moda cínica que inmoviliza y hace el juego a los poderes actuales” y Jurgen Habermas afirmaba que “los postmodernos son rebeldes de salón”. Algo similar afirma Noam Chomsky cuando hace su crítica al postmodernismo por su relativismo político y su ausencia de crítica en términos materiales. Yo me paro en esos argumentos, desde una tradición marxista por supuesto, lo digo sin tapujos.

    Sobre su petición de retirar el “diálogo entre amigos” podremos decirle al moderador de esfera que lo retire, sin embargo, ese diálogo, demuestra la parcialidad de una postura decolonial que se quiere emancipadora. Por lo tanto yo no lo quitaría, pues para eso tendríamos que pedirle a Tanja Ostojic que elimine esos comentarios de su perfil y eso ya sería del orden de la censura y yo no soy partidario de eso. El comentario de Mignolo es producto de una columna que escribí sobre el trabajo de la artista. Es más tendría que quitar usted también el último párrafo de su intervención, para que no quede volando sin ninguna conexión con lo aquí debatido. ¿Quién ha dado golpes bajos cuando se me señala de defender una política neoliberal por el hecho de haberme atrevido a lanzar una crítica a la postura decolonial? Además me parece interesante que un Director de Programa de una prestigiosa universidad estadinense haga ese tipo de comentarios “entre amigos”. Pero se hizo público y lo mínimo que yo podía hacer es responderle en el mismo espacio y públicamente. Y el mismo espacio es este, el de la red. Lo que suceda en la Esfera Pública, o en los corredores “privados” o entre amigos (no tan privados), es decir de estos diálogos de las comunidades de la Internet como facebook, son muestra de que algo está pasando y que no nos es indiferente. Además, no creo en los buenos modales intelectuales o “golpes altos” cuando de defender las ideas se trata.

    A Alanna Lockward solamente le digo que el texto que escribí, es una columna periódica “Crítica mínima” que circula impresa en el diario El Tiempo, creada para un público más amplio del restringido mundo del arte. Pronto publicaré un texto más profundo de la obra de Tanja Ostojic que me interesa mucho por su activismo político pero evidentemente sin el sesgo decolonial y lo publicaré en la red. Ahí podremos discutir un poco más ampliamente estas diferencias de percepción o ¿es imposible hablar de la obra de una artista como Tanja Ostojic sin estar matriculado en la “Gran Comarca”? No lo creo, pues aquí está su obra y pudimos escucharla a ella aquí en Bogotá, eso sí hay que decirlo y reconocerlo es, gracias a Mignolo y Pedro Pablo Gómez a quien admiro y respeto profundamente como colega y amigo, así hoy tengamos unas diferencias de tipo ideológico pues él es un gran defensor y difusor del pensamiento decolonial aquí en Colombia.

    • Jose Manuel Barreto 2010/11/19 at 9:07 am

      Gracias Ricardo por tomarte el tiempo para responder a mi comentario. Celebro que le hayas ofrecido disculpas a Mignolo y aclarado los alcances de tu critica cuando dices ‘pero bueno mis disculpas por este transpiés no fue mi interés negar el trabajo intelectual de Mignolo importante por cierto, que de hecho nos ha puesto a discutir y pensar y eso es ya bastante. Solamente no comparto su postura decolonial. Eso es todo.’ Ojala te interesara leer la obra de Mignolo; yo por mi parte manana voy a leer mas a Bourriuad. Seguramente habra mas oportunidades en el futuro en las que podamos conversar y discutir juiciosamente.

      • Camilo Atuesta 2010/11/19 at 12:45 pm

        Definitivamente Ricardo Arcos anda de “transpiés” en “transpiés”!!

        (Estimado Ricardo: se escribe “traspié” y no “transpiés”)

        ***

        Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe:

        traspié

        1. m. Resbalón, tropezón:
        por un traspié se hizo un esguince de tobillo.
        2. Error, equivocación:
        normalmente sus campañas son un éxito, pero esta vez dio un traspié.

  7. Gustavo Sánchez-Velandia 2010/11/18 at 1:11 pm

    Difícil ser más exhaustivo que Barreto. Y, sin embargo, vistas las respuestas de Peñuela, se ve que hace falta leer a los pensadores latinoamericanos de primer orden de nuestro tiempo, como Mignolo, Dussel, Castro-Gómez, etc. No ser logo-céntricos, no implica descalificar la posibilidad de un proyecto universal (aunque valga la aclaración que ningún proyecto particular puede ser universal, más bien es una apertura constante hacia lo infinito, hacia lo radicalmente nuevo, lo que abre la puerta a la posibilidad de lo universal). Se lea a este respecto un libro crucial de Dussel como ética de la liberación. Claro está que la identificación de logos con lo universal, es uno de estos mitos modernos que el pensamiento transmoderno (como lo llama Dussel) intenta abandonar. Ahora, no es necesario descalificar el diálogo en general -el intercambio lingüístico- para abandonar el logos. Sin embargo, es claro que el abandono del logos implica un más allá del lenguaje que a su vez da forma al lenguaje mismo (no como un trascendental, más bien como un conjunto de variables que a veces damos por irrelevante: aquí entran espacio, geografía, corporalidad, géneros, etc).
    Me parece que lo que sucede en esta discusión es además un claro ejemplo de lo que los pensadores de-coloniales contemporáneos llamarían la colonialidad del saber. Dicho en términos banales podrías formularse como sigue: es mas fácil que un latinoamericano hable derridiano, foucaultiano, deleuziano o rancieriano, a que conozca en profundidad a otros autores latinoamericanos de su tiempo, pues aun cuando los hubiera leído tendería a filtrarlos a través de los otros autores más hipertróficamente difundidos por la red académica mundial (y con más reticencia haría el contrario). Es así como un representante de la más importante universidad pública (o quizás la más importante sin más)de Colombia, como lo es Arcos-Palma, demuestra una gran soltura y familiaridad cuando se trata de Rancière o Bourriaud, pero poca destreza y en cierto sentido ingenuidad, cuando se refiere a autores como Mignolo. Digo esto sin pretender descalificar el trabajo de Arcos-Palma, ni sus cualidades como pensador o como lector de otros. Lo digo incluso con cariño y admiración (la que merece cualquier otro investigador y colega) y con la espera de que alguien también me indique mis ingenuidades (nada más precioso para enriquecer las propias investigaciones). Pero es obvio que resulta ingenuo criticar a Mignolo, o al giro decolonial con argumentos a los que estos pensadores les han botado mucho, tiempo y tinta y para los que dieron respuestas (como en el caso de Dussel) hace incluso más de treinta años.
    Otro ejemplo de la colonialidad del saber: fue Enrique Dussel, y no Lyotard, quien introdujo por primera vez el término «postmoderno» para calificar una filosofía (precisamente la filosofía de la liberación). Claro hoy en día, y dadas las vueltas que da el mundo, suena aberrante llamar postmoderna a la filosofía de la liberación, razón por la cual Dussel ha acuñado el término «transmoderno». Pero lo interesante es ver, que si no existiera tal colonialidad del saber, hoy entenderíamos por post-moderno una cosa muy distinta (y quizás más clara; al fin y al cabo, precisamente de post-moderno en filosofía hablaron en su momento Vattimo, Lyotard, Dussel o Marquínez Argote y no Derrida, Foucault, o Deleuze a los cuales tal etiqueta hasta les causaría alergia).
    Hace poco publiqué este texto en esfera antes de saber del proyecto curatorial de Mignolo. Quizás pueda enriquecer en algo el debate: http://esferapublica.org/nfblog/?p=11734

  8. Raul Moarquech Ferrera-Balanquet 2010/11/19 at 12:41 pm

    Las consecuencias de la ocupación colonial nos obligan a diferenciar el significado de ‘espacio’ con el de ‘locación’. La trimensionalidad cartesiana ha entrado a la conciencia del artista Latino desde el choque cultural con Europa. Repetir esta espacialidad, a pesar de crear propuesta de resistencia, no son, necesariamente liberadoras. Al controlar el imaginario espacial a través del ocularcentrismo, su cartografía, el desarrollo de una perspectiva limitada, su manera de vigilar y el desarrollo del lenguaje, el Eurocentrismo crea una de las formas de control más difíciles de desbaratar y a la cual debemos confrontar para liberar la creatividad hacia el territorio extra anímico.

    Si entendemos la existencia de otras concepciones espaciales que fluyen en <> –Maya, África Occidental, Árabe, China– podemos imaginar como el concepto de ‘locación’ nos remite al horizonte de nuestra subjetividad, a los proceso de fluidez transmigratorias y hacia la multigeometría cósmica. Resistimos el control del espacio al habitar este con nuestras costumbres, tradiciones e innovaciones socio culturales. Habitar, según Bill Ashcroft, describe la manera de estar en el lugar, una manera que define y transforma el territorio. El sujeto local o el inmigrante tiene su manera muy peculiar de incorporar la ocupación o la inserción territorial a su supervivencia con su manera de ver el espacio, su apropiación y su mecanismo de habitarlo, el cual convierte al espacio en un recurso para establecer y confirmar su identidad local o transnacional. Un cambio que ocurre del espacio vacío a la locación social, la cual obtiene su identidad material e ideológica en las practicas de habitar los territorios. Habitar interrumpe uno de los principios epistemológicos de Occidente, su pasión por la fronteras, sus hábitos culturales e imaginarios de “encerrar” todo, su sistema cerrado. Al trascender el trope de la frontera –vea como, en la actualidad, los movimiento poblacionales subvierten este concepto y cómo se han creado aparatos de vigilancia en las fronteras-, el sujeto tropieza con uno de los principios fundamentales de la resistencia transformativa al encontrar múltiples respuestas dentro de la horizontalidad. El horizonte propone un principio teórico que fluye mucho más allá de las fronteras epistemológicas, culturales y espaciales al reconfigurar las fronteras del discurso imperial. Este principio, define las dinámicas trasformativas y la orientación de las acciones en las cuales las sociedades consecuenciales al colonialismo obligan a que el poder colonial actúe sobre sí mismo desarticulando sus propios mecanismos.

  9. Ricardo Arcos-Palma 2010/11/20 at 10:32 am

    Estimado Juan Manuel, en verdad creo que nos hace falta conocer más sobre una u otra postura para tener más argumentos. Lo que sí es cierto es que el diálogo apenas comienza, espero. Sinceramente, así el tono en ocasiones parezca poco incluyente y pesado, las opiniones por mí expresadas pretenden abrir un terreno de discusión que como bien dice Jorge, en nuestro medio es más frecuente “comer callao”, es decir, escuchar, leer y aplaudir sin asumir una postura crítica, solamente parados en los formatos superficiales de la forma de los discursos y no en sus contenidos.

    Ayer compartirmos un espacio académico con Armando Silva en la Universidad del Valle. Durante su charla, Armando insistió en algo que llamó mucho mi atención y del público asistente: la idea de comenzar a hablar de lo que él llamo la “postdiciplinaridad”, es decir de un estado donde se genere una apertura de los saberes.

    Ese desbordamiento de las especialidades del saber, podrían estar a tono con la idea de ampliar el horizonte del pensamiento, aceptando los otros discursos tanto los propios como los venidos del exterior, que sin duda sería muy enriquecedor. Uno de los estudiantes de la Univalle que ha seguido este foro, me decía: “quizá lo que les hace falta a ustedes es conocer un poco más de un discurso y del otro” y mi esposa me había dicho algo similar días anteriores. Y yo creo que ellos tienen razón. No para crear una frontera infranqueable, sino para pensar críticamente cada uno de estos discursos y extraer lo esencial para construir un pensamiento más amplio. Con críticamente quierdo decir, pensarlos a profundidad y no oponernos en un acto irreflexivo a ellos por simple intuición. No dude un instante Juan Manuel que los trabajos de Mignolo serán leídos juciosamente por parte mía. Solamente así, quizá logremos confirmar ciertas convicciones o simplemente cuestionarlas.

    En este sentido lo planteado por Gustavo, no tendría sentido en seguir atricherándonos en lenguajes “lationamericanos” y “europeos”, pues si Derrida por citar un ejemplo, en algo aportó al pensamiento, fue precisamente, el contribuir a pensar otros horizontes de reflexión donde la idea de la nacionalidad de las ideas no tiene cabida.

    Sobre el aporte de Raúl, no entiendo sinceramente a donde apunta, parece sacado del contexto de la discusión. Quiere por favor remitirse a lo aquí discutido. El hecho de hablar de colonialidad, horizontes, Occidente, etc, etc, no aporta mucho a lo que aquí estamos discutiendo,así formalmente lo parezca, esto misma recomendación a los otros comentarios al margen que crean un ruidillo, como de amplificador mal conectado. Aquí hago las funciones de moderador (mis disculpas señores de Esfera) para “ordenar” un poco el foro, y no volverlo un poupourri de voces que estorban y agotan la reflexión y el debate.

  10. Óptica Arte Actual 2010/11/20 at 2:56 pm

    Para sumar al debate (el Reina Sofía realizó esta exposición este año):

    Principio Potosí ¿Cómo podemos cantar el canto del Señor en tierra ajena?

    El Museo Reina Sofía acoge una de las muestras de mayor envergadura que se presentan en 2010. La exposición, de carácter colectivo y antológico, centra su atención en el análisis del concepto de la modernidad y su expansión universal que tuvo lugar desde la colonización de América Latina. En la muestra se expondrán ejemplos de pintura colonial andina y obras de artistas de diferentes países a los que se ha invitado para encontrar correspondencias entre el arte colonial de los siglos XVI al XVIII y el mundo contemporáneo.

    La exposición, que posteriormente viajará a la Haus der Kulturen der Welt de Berlín, al Museo Nacional de Arte de La Paz, y al Museo Nacional de Etnografía y Folklore de esa ciudad, se enmarca dentro de un proyecto general de gran complejidad que incluye, además de la muestra propiamente dicha, seminarios, conferencias y publicaciones. Partiendo de ejemplos de pintura colonial andina, la investigación busca relacionar estos fragmentos de historia clausurada con las condiciones de producción artística en la actualidad. Trabajos realizados para la ocasión por artistas contemporáneos: Ines Doujak, León Ferrari, Eduardo Molinari, Matthijs de Brujine, David Riff/ Dmitry Gutov, Isaías Griñolo, Sonia Abian, The Migrant Workers Home, Anna Artaker, Rogelio López Cuenca, Harun Farocki, María Galindo, Chto Delat?, Konstanze Schmitt/ Stephan Dillemuth, Elvira Espejo, Zhao Liang, Marcelo Expósito y los colectivos PRCP y TIPPA, actualizan las representaciones y discursos de las obras de los siglos XVI a S XVIII. De estos trabajos, 22 proceden de Bolivia (12 lienzos y 10 acuarelas), de las cuales sólo dos han sido mostradas fuera del país; cuatro de España y una de Bélgica. Localizadas en diversos museos, conventos, iglesias, archivos o bibliotecas, algunas son anónimas y otras corresponden a los siguientes autores: Luis Niño, Mariano Florentino Olivares, Gaspar Miguel de Berrio, Francisco Moyén, Melchor María Mercado, Alejandro Duránd y Lucas Valdés.

    A los artistas contemporáneos se les ha pedido que elijan una de estas pinturas como punto de referencia para realizar una obra específica para la muestra. León Ferrari ha hecho una obra que tiene como punto de partida el Infierno de Caquiaviri; Harun Farocki un vídeo que toma como referencia la pintura Descripción del Cerro Rico e Imperial villa de Potosí; María Galindo, a través de un video y unos graffitis, denuncia la dominación patriarcal a partir de los cuadros Virgen del Cerro y Las novicias. Chto Delat? reflexiona sobre la nueva oligarquía rusa y Eduardo Molinari denuncia en su obra el cultivo de la soja transgénica en Argentina, por mencionar sólo algunos ejemplos.

    Por su parte, Quirin Bäumler, Monika Baer, Sally Gutiérrez, Christian Von Borries/ Alice Creischer/ Andreas Siekmann y Max Jorge Hinderer, presentan réplicas actualizadas de algunas de las obras coloniales que no se encuentran en la muestra.

    La tesis principal del proyecto “Principio Potosí” sostiene que la modernidad no tiene su origen y fundamento en el racionalismo y la ilustración, sino en el proceso de expansión y explotación iniciado en el siglo XVI con el descubrimiento de riqueza bruta en territorio colonial. Un proceso de colonización que, según los comisarios, todavía no ha concluido. La exposición trata de poner de manifiesto que las condiciones de la producción artística y la función que adopta el arte actual de legitimar a las nuevas elites de la globalización, tiene conexiones y paralelismos claros con la función ideológica de la pintura colonial.

    Como se ha señalado anteriormente, el arranque de la exposición se encuentra en la pintura colonial que surgió en el Virreinato del Perú (actualmente Perú y Bolivia). En los centros coloniales establecidos sobre las bases de la cultura andina surgieron las influyentes escuelas pictóricas de Cuzco y Potosí. Aunque ambas escuelas se diferenciaban entre sí, puede afirmarse que frente al arte europeo tenían características comunes, sobre todo, la integración a la iconografía religiosa de motivos seculares y mitos de las culturas locales. Como apuntan los comisarios de la muestra, “la iconografía híbrida, que se desarrolla hasta el siglo XVIII en estas imágenes, fue, en parte, utilizada de manera doble: por un lado, como devoción oficial y, por otro, como soporte de mensajes de resistencia. Esta ambivalencia señala que el arte, tanto ayer como hoy, está ligado a un espacio político, el cual contiene puntos ciegos y agujeros negros”.

    Uno de los núcleos económicos que sustentaba la producción artística en estos centros era la Villa Imperial de Potosí. A comienzos del siglo XVII, durante el primer auge de la plata, esta era una de las ciudades más grandes del mundo – más que Londres o París entonces – y de mayor impacto económico en el desarrollo global. La producción de imágenes en la región andina de la época, especialmente en Potosí, es inseparable de su telón de fondo: el trabajo en las minas y las consecuencias más negativas de la colonización. Las pinturas seleccionadas ahora de la escuela de Potosí son un reflejo de la sociedad que las produjo, expresión y testimonio de una época.

    Para los comisarios hay conexiones y paralelismos claros entre la función ideológica de la pintura colonial y la función que adopta el arte hoy de legitimizar a las nuevas élites de la globalización; y este principio no es sólo un hecho histórico aislado sino que tiene lugar virtualmente en la totalidad del mundo globalizado en el presente, y se ha producido repetidamente en el pasado.

    El análisis de este principio en la contemporaneidad plantea cuatro ejes conceptuales en relación con la producción artística actual, apuntan los comisarios, “el cuestionamiento de cuatro elementos: Hegemonía, Acumulación, Derechos Humanos e Inversión. Si existen paralelismos entre la riqueza y el lujo, como plusvalía de sentidos en la ciudad floreciente de Potosí en el siglo XVI y en los actuales centros de acumulación de un capitalismo totalitario y sus bienales, entonces esto afecta también a nuestra propia implicación con este último”.

    El director del Museo Reina Sofía, Manuel Borja Villel, opina que Principio Potosí responde a una doble articulación. Refleja una situación de explotación y precarización laboral, de la cual la cultura es arte y parte, a la vez que la problematiza a través de ese mismo arte. “Si las pinturas y utensilios religiosos coloniales adquirían una nueva dimensión cuando eran recontextualizados en las fiestas y ritos indígenas, en el museo sufren una nueva vuelta de tuerca. No se oculta el extrañamiento del que estas obras son objeto, sino que éste se acentúa a partir de su diálogo con las intervenciones de los artistas actuales”. Al crear una tensión entre las obras coloniales y un entorno ajeno a las mismas, “el museo se barroquiza y actúa como las formas de resistencia indígena al proyecto colonizador. Se convierte en paradigma de una relación con el mundo en crisis que no soslaya el estado catastrófico de éste”. Con motivo de la exposición, el Museo Reina Sofía va a editar tres publicaciones, entre las que se incluyen, un catálogo, una guía para el visitante y un libro de Silvia Rivera Cusicanqui y “El Colectivo”.

    El catálogo general de la exposición se editará en castellano, inglés y alemán y, además de reproducir las obras representadas en la muestra, contará con textos realizados para la ocasión de los comisarios y de distintos autores, entre otros: Roberto Choque Canqui, G.Massuh, David Riff, Dmitry Gutov, David Riff, Anna Artacker o Chto Delat? El catálogo se complementará con textos históricos y con descripciones de obras de los siguientes autores: Sonia Abian, Edgar Arandía, Fatima / M.J.H., Luis Aleman, Maria Galindo, Sonia kompilieren / M.J.H. o Matthjis de Bruine. De la mano de los comisarios de la exposición, la guía hace un recorrido por la exposición, incluyendo planos e información de cada uno de los artistas y de las obras expuesta. Se editará en castellano e inglés y constará de 32 páginas.

    Silvia Rivera Cusicanqui, teórica, socióloga y profesora de Universidad Nacional Mayor de San Marcos en La Paz, ha realizado junto a “El colectivo” un ensayo en el que explican su tesis sobre el Principio Potosí.

    Actividades Paralelas: Encuentro con los artistas y presentación de la exposición. 12 de mayo, 18:00 h en el Auditorio 200. Museo Reina Sofía

    Principio Potosí ¿Cómo podemos cantar el canto del Señor en tierra ajena?

    Fechas: 11 de mayo – 6 de septiembre 2010
    Lugar: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Nouvel 0
    Organización: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y Haus der Kulturen der Welt
    Con la colaboración del Ministerio de Culturas de Bolivia y el Ministerio de Cultura de España.
    Comisarios: Max Jorge Hinderer, Alice Creischer y Andreas Siekmann
    Coordinación de la Exposición: Francisco Godoy
    Itinerario: Haus der Kulturen der Welt. Berlín (7 de octubre 2010-2 de enero 2011)
    Museo Nacional de Arte y Museo Nacional de Etnografía y Folklore de la Paz (febrero-mayo 2011)

    Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

  11. mauricio cruz 2010/11/20 at 9:02 pm

    En Twitter están estudiando seriamente la posibilidad de ampliar el número de caracteres (como a 3.000) con tal de que Arcos-Palma y sus secuaces puedan seguir disfrutando de la libertad de expresión que el estado colombiano y las universidades del mundo gentilmente les han otorgado.

  12. Pedro Pablo Gómez 2010/11/20 at 11:28 pm

    Estimados amigos,

    Envío un breve clip de la inauguración de la Exposición Estéticas Decoloniales en la Sala ASAB. Sería muy interesante ver los trabajos que se presentan tanto en esta sala como en “El Parqueadero” y en el MAMBO, para que el debate no quede en una, muchas veces, abstracción vacía.

  13. Ricardo Arcos-Palma 2010/11/22 at 9:06 pm

    Oportuno aporte de Optica Arte Actual, sobre todo porque me recuerda las palabras de Silvia Rivera Cusicanqui, con quien compartimos con varios colegas ponencias en un encuentro Internacional en La Paz “Estéticas Contemporáneas” en el 2007: ella siendo moderadora de la mesa: Estéticas, imágenes y símbolos decía:

    “Aquí hay un tema de debate, que se conecta con lo expuesto en las otras dos ponencias, y es la pregunta sobre si hay una estética indígena, y si esta estética indigena tiene que ser necesariamente certificada por la mirada de los no indígenas. Es lo mismo que sucede con la Ley de Participación Popular y de la ley INRA (1994-1996), según las cuales las TCOs (tierras comunitarias de origen) tienen que ser certificadas por un profesional en antropología quien en última instancia define quien es indio y quien no. Estas son las paradojas del multiculturalimo oficial, que entonces se injerta en ese bagaje de larga data de cultura representacional y de sentido común colonialista radicalizado”. (Encuentro Estéticas Contemporaneas, p. 253)

    La misma investigadora hace unas declaraciones reveladoras, que solo retranscribo parcialmente para no exasperar a los que le temen a más de 3.000 caracteres, pero que pueden leerlo en su totalidad en el vínculo que expongo al final.

    “En 1983, cuando Aníbal Quijano hablaba de los movimientos y levantamientos del campesinado andino como “prepolíticos” –en un texto que oportunamente critiqué–3 me hallaba escribiendo “Oprimidos pero no vencidos”, una lectura radicalmente divergente del significado y pertinencia de las movilizaciones indígenas en los Andes para las luchas del presente. En ese texto argumentaba que el levantamiento katarista-indianista de 1979 planteó a Bolivia la necesidad de una “radical y profunda descolonización” en sus estructuras políticas, económicas y sobre todo mentales, es decir en sus modos de concebir el mundo.
    La conclusión a que llegaba el libro fue corolario de un análisis detallado de los distintos momentos históricos de la dominación en nuestro país –el horizonte colonial, el liberal, el populista– que trastrocaron ordenamientos legales y constitucionales pero a la vez reciclaron viejas prácticas de exclusión y discriminación. Desde el siglo diecinueve, las reformas liberales y modernizadoras en Bolivia habían dado lugar a una inclusión condicionada, a una ciudadanía “recortada y de segunda clase” (Guha). Pero el precio de esta inclusión falaz fue también el arcaismo de las elites. La recolonización permitió reproducir modos de dominación señoriales y rentistas, que se asentaban en privilegios adscriptivos otorgados por el centro del poder colonial. Hoy en día, la retórica de la igualdad y la ciudadanía se convierte en una caricatura que encubre privilegios políticos y culturales tácitos, nociones de sentido común que hacen tolerable la incongruencia y permiten reproducir las estructuras coloniales de opresión.
    Las elites bolivianas son una caricatura de occidente, y al hablar de ellas no me refiero sólo a la clase política o a la burocracia estatal; también a la intelectualidad que adopta poses postmodernas y hasta postcoloniales: a la academia gringa y a sus seguidores, que construyen estructuras piramidales de poder y capital simbólico, triángulos sin base que atan verticalmente a algunas universidades de América Latina, y forman redes clientelares entre los intelectuales indígenas y afrodescendientes.
    Así entonces, los departamentos de estudios culturales de muchas universidades norteamericanas han adoptado a los “estudios postcoloniales” en sus curricula, pero con un sello culturalista y academicista, desprovisto del sentido de urgencia política que caracterizó las búsquedas intelectuales de los colegas de la India. Aunque la mayoría de fundadores de la revista Subaltern Studies formaban parte de la elite bengalí en los años 1970 y 1980 –muchos se habían graduado del mismo college universitario de Calcuta– su diferencia radicaba en la lengua, en la radical alteridad que representaba hablar bengalí, hindi y otros idiomas de la India, con larga tradición de cultura escrita y reflexión filosófica. En cambio, sin alterar para nada la relación de fuerzas en los “palacios” del Imperio, los estudios culturales de las universidades norteamericanas han adoptado las ideas de los estudios de la subalternidad y han lanzado debates en América Latina, creando una jerga, un aparato conceptual y formas de referencia y contrarreferencia que han alejado la disquisición académica de los compromisos y diálogos con las fuerzas sociales insurgentes. Los Mignolo y compañía han construído un pequeño imperio dentro del imperio, recuperando estratégicamente los aportes de la escuela de los estudios de la subalternidad de la India y de múltiples vertientes latinoamericanas de reflexión crítica sobre la colonización y la descolonización (…) Tomemos el caso de la Universidad de Duke. El departamento de Estudios Culturales de Duke alberga en su seno a un emigrado argentino de los años 80, que pasó su juventud marxista en Francia y su madurez postcolonial y culturalista en los EE.UU. Al Dr. Mignolo se le dio en una época por alabarme, quizás poniendo en práctica un dicho del sur de Bolivia que dice “alábenlo al tonto que lo verán trabajar”. Retomaba ideas mías sobre el colonialismo interno y sobre la epistemología de la historia oral, y las regurgitaba enredadas en un discurso de la alteridad profundamente despolitizado. Se cuidaba de evitar textos polémicos como “mestizaje colonial andino”, pero asumía en forma descontextualizada algunas ideas que adelanté en “El potencial epistemológico de la historia oral”, cuando el Taller de Historia Oral Andina recién daba sus primeros pasos y no había pasado aún por las severas crisis que apenas estamos remontando hoy. Era, entonces, una visión extremadamente optimista, que en muchos sentidos ha sido reelaborada en textos míos más recientes. Pero la academia gringa no sigue el paso de nuestros debates, no interactúa con la ciencia social andina en ningún modo significativo (salvo otorgando becas o invitaciones a seminarios y simposios). Y por ello Mignolo pasó por alto esos aspectos de mi pensamiento.
    La moda de la historia oral se difunde entonces a la Universidad Andina Simón Bolivar de Quito, cuyo departamento de Estudios Poscoloniales, al mando de Catherine Walsh –discípula y amiga de Mignolo–, imparte un postgrado enteramente asentado en la versión logocéntrica y nominalista de la descolonización. Neologismos como “de-colonial”, “transmodernidad”, “eco-si-mía” proliferan y enredan el lenguaje, dejando paralogizados a sus objetos de estudio –los pueblos indígenas y afrodescendientes– con quienes creen dialogar. Pero además, crean un nuevo canon académico, utilizando un mundo de referencias y contrarreferencias que establece jerarquías y adopta nuevos gurús: Mignolo, Dussel, Walsh, Sanjinés. Dotados de capital cultural y simbólico gracias al reconocimiento y la certificación desde los centros académicos de los Estados Unidos, esta nueva estructura de poder académico se realiza en la práctica a través de una red de profesores invitados y visitantes entre universidades y a través del flujo –de sur a norte– de estudiantes indígenas o afrodescendientes de Bolivia, Perú y Ecuador, que se encargan de dar sustento al multiculturalismo teórico, racializado y exotizante de las academias.”

    http://argentina.indymedia.org/news/2010/07/742537.php

    El debate continua sin lugar a dudas, en esfera o fuera de ella.

  14. Monica Eraso 2010/11/24 at 7:35 am

    Me parece importante situar el debate de una manera en que podamos entender algo de los postulados de campos de conocimiento que empiezan a tener relevancia en Colombia, como los estudios culturales, y que pueden dar luces para analizar la producción cultural de manera situada dentro del capitalismo global antes de reducirlos a mero multiculturalismo estadounidense.

    Deducir, a partir de la frase de Mignolo : “nosotros tomamos café con los marxistas, pero no vamos más lejos” que los Estudios Culturales son antimarxistas es cuando menos reduccionista, los antagonismos de Mignolo con el marxismo, sobre los cuales ahonda en varios de sus textos, tienen más que ver con una alerta desde lo decolonial que con una alianza con las universidades norteamericanas.

    Los estudios culturales no son de origen norteamericano, nacen en Birmingham Inglaterra en 1964 en el Centro de Estudios Culturales Contemporáneos. Stwart Hall, nacido y criado en Jamaica toma la dirección del Centro de Estudios Culturales a partir de 1969. La propuesta de Hall es analizar la cultura tomando las noción de hegemonía de Gramcsi y de ideología de Althusser para entender la cultura (anclada en aparatos ideológicos) como un campo de batalla, en donde distintos grupos sociales se disputan la hegemonía sobre sus significados. Así sitúa en el análisis cultural un punto clave entender y poder hacer frente a la dominación capitalista.

    Para ampliar sobre las complejas relaciones entre marxismo y estudios culturales, así como sus giros y viajes desde Inglaterra hacia Estados Unidos, dejo este link de Santiago Castro-Gómez, un pensador indispensable para este debate en Colombia.

    http://www.oei.es/salactsi/castro3.htm