Quantcast

explicar el chiste

Si hay que explicar un chiste es porque no era gracioso o no se dio a entender. Hace varios años alguien dijo en Viena que un chiste moviliza contenidos discursivos que no podrían ser tramitados discursivamente de otra forma: un chiste es un acto logrado del inconciente. Así, el chiste tiene el problema de que quien lo cuenta debe entender a sus escuchas, tanto que no debe hablarle a la atención manifiesta de ellos, sino a su escucha latente. Igual sucede con la ironía: por momentos, y dependiendo de la atención y capacidad de leer entrelíneas del auditorio, suele volverse contra quien la enuncia.

En el caso del señor Quinche, él toma como propias las palabras que escribí en mi último mensaje. Aunque siento vergüenza ajena por hacer esta explicación, la creo necesaria para explicitar la defensa que quería hacer del espacio donde suelo poner a circular mis apreciaciones a menudo. En este sentido, reenvío el mensaje anterior “bien escrito”, para que el señor Quinche comprenda mis intenciones (a pesar de que considere que no algunas de ellas no merecen comentario):

Postdata

Para comprender el sentido de este mensaje hay que imaginar por un momento que es la postdata (imaginaria) de un mensaje (real) escrito por Álvaro Medina donde ataca el espacio e discusión conocido como esferapublica. Es decir, hay que imaginar que esta postdata la escribió Álvaro Medina, no que la escribió Guillermo Vanegas mostrando su consonancia con la posición de Álvaro Medina. Por esto, las aclaraciones irán en cursiva.

“Es posible que a veces yo (Álvaro Medina) no hubiera hablado de arte. Recuerdo cómo, en los años setenta, por ejemplo, incluso me atreví a acusar de plagio a una artista (Feliza Busztyn), porque en uno de mis viajes a Nueva York (también conocida como La Gran manzana) ví el trabajo de una escultora (Irene Krugman) que, según me pareció en ese momento (pero ahora ya un poco menos), trazaba una línea transparente como un calco entre la obra de aquella mujer colombiana de origen judío y aquella norteamericana de origen judío. Recuerdo también que yo discutía con el curador del Museo de Arte Moderno (Eduardo Serrano) sobre el uso descarado que yo veía que hacía de su poder e influencia para demarcar el rumbo del arte contemporáneo de esa época. Recuerdo que inclusive le acusaba de manipular, a favor de la galería que apadrinaba (Galería Belarca), la tasación de los artistas que exponían en el museo dentro del mercado de arte local (o sea, Colombia).

Sí, recuerdo con nostalgia que en esa época (los años setenta) se hablaba más de cierta economía política del arte (una versión latinoamericanizada y estructuralmente inofensiva de la sociología del arte) que de teoría del arte (estética). Lamento que esos tiempos se hayan ido y ahora nos quede este remedo de ágora (es decir, esfera publica, según se desprende del último mensaje que se conoció de Medina en esferapublica) donde todo el que cree que tiene algo que decir (es decir, todos los que escribimos en esferapublica) lo diga sin reparo alguno (es decir, sin que se note la presencia de una política editorial).

¡Ya basta de tanta desinformación y falta de rigor! ¿Por qué su editor (Jaime Iregui) no se atreve a limitar las participaciones a lo que realmente vale en el mundo de los discursos sobre el arte: la retórica que emana de las obras? Es necesario controlar de una vez por todas semejante flujo de información (como sucedería en el ejemplo de magazines virtuales citados en mensajes anteriores firmados por Álvaro Medina), para que la oralidad no se tome por asalto el buen feudo de la estética, y los verdaderos maestros (los críticos y teóricos que hablan con fluidez y autoridad de las obras de las obras, según se desprende del último mensaje que se conoció de Medina en esferapublica), vuelvan otra vez a orientarnos con sus sabias palabras (o sea, sus juicios y discursos aparentemente desobjetivizados y conducidos por un supuesto bien común: la difusión de un conocimiento correcto y singular de las obras y los eventos donde se presentan). Se extraña en este país sometido al autoritarismo mediático (y mediatizado), la presencia de una voz cantante (es decir, una voz que marque el rumbo y evite la dispersión de la reflexión sobre arte), que indique el camino, que baraje tendencias y calcule las apuestas formales de nuestros artistas. …” etc.

El resto del mensaje sigue como en la versión anterior. Sin embargo, si hay más confusiones, no dudar en hacerlas saber, para resolverlas, de ser posible.

Guillermo Vanegas

participaciones relacionadas:

nostalgia del padre (¿o de la madre traba?)
para leer >
http://esferapublica.org/nfblog/?p=1138
postdata
para leer >
http://esferapublica.org/nfblog/?p=1136
ausencia de crítica de la obra
para leer >
http://esferapublica.org/nfblog/?p=1134

comentarios