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la una más la otra: curaduría y crítica

Los comentarios de Michèle Faguet dejan una cosa en claro: la exposición “Displaced” puede y debe ser criticada en términos de arte y no sólo en términos parajudiciales —de bien o mal— como lo hizo el embajador Medellín con su acto de secuestro y censura. Cuestionar los actos de un funcionario del Estado que se autoatribuye el poder de decidir que es arte y que no es arte es fundamental, pero la protesta por un acto delictivo debe ser hecha ante la ley a través de cartas públicas, derechos de petición, tutelas y demandas. Limitar la acción de “protesta” a visitar y revisitar el monumento efímero de la obra censurada revela el facilismo de muchos artistas, curadores y críticos: ante el mundo del arte afirman que sus obras son “políticas” pero evitan, por pereza, ignorancia o conveniencia, cualquier confrontación de índole “política”—en el fondo muchos “creadores” desean ser censurados pues esa es la única manera en que pueden pañetar su obra con el glamour de “lo político”. Ya François Bucher señalaba al embajador Medellín como “marquetero” de la obra censurada y cómo la lectura paranoica del funcionario le permitió al video “Los Rebeldes del sur” cerrar un bucle que se había abierto hace años. Y si a esto se suma la lectura de Carlos Salazar que acuña el término “war profiteer artist”, al referirse a toda una serie de prácticas de artistas y curadores que usan la grasa del aparato burocrático-académico-oficial para agilizar la circulación de obras de arte por los engranajes del mercado, las críticas de Faguet al planteamiento de la exposición “Displaced” adquieren peso y permiten ver que las cosas no son tan simples. Es necesario sopesar el caso de la exposición “Displaced” bajo una mirada crítica, radical, no hacerlo sólo reitera la narración de víctimas y victimarios a que nos tiene acostumbrados una ideología sensiblera, extremista, fanática, que se oculta en manipulaciones facilistas y sentimentales para evadir los argumentos de razón. Una salvedad: me parece que “Los Rebeldes del sur”, o que la obra de Wilson Díaz, no cabe en la categoría de “war profiteer artist”, el texto de Faguet, que analiza en detalle esa obra y que fue publicado —o “traducido”— en el catálogo de “Displaced”, da elementos claves para hacer la distinción; a diferencia de otras obras incluidas en la exposición, por ejemplo, “Colombia Land” de Nadín Ospina, donde el artista parece estar esperando desde hace años una demanda, o una censura, por parte de la empresa Lego, pero nada que se le hace el “milagrito” de “lo político”, tal vez cuando haga un divino niño de juguete se le cumpla el deseo…

La crítica de Faguet se refiere a la curaduría de la exposición “Displaced” como una “curaduría burocrática/oficialista”, sustentada en una “serie de clichés homogenizadores (la violencia, el conflicto, el desplazamiento)”; y dice que responde a una “fórmula anacrónica del multiculturalismo noventero”; dice que “Displaced” está destinada a una finalidad mercantil: “empacar de modo eficiente el `arte colombiano’ como objeto de consumo global”. Las preguntas no son nuevas, ya las había sugerido Pablo Batelli en su texto apocalíptico “Desangre crítico y esferapública –la sociedad del éxito” cuando decía que “una parte de la planta [de profesores] de arte de la Universidad de los Andes […] se promueven internacionalmente con la ilusión del apoyo a lo marginal y lo independiente, virtud muy apreciada porque es autogratificantemente acorde a la identidad que el foráneo nos concede”. Pero las preguntas, vengan de donde vengan, quedan del lado del arte, de la crítica de arte y es el turno de la curaduría de responder; o la curaduría ya respondió con la exposición y el catálogo de “Displaced”; la crítica es parasitaria, siempre va a la estela de las obras, de la experiencia, pero la experiencia de un curador se demuestra también en su capacidad para prefigurar la crítica y no pensar en términos críticos muestra una grave separación; la curaduría, entonces, debería recibir otro nombre, con llamarla “gestión cultural”, “montaje de exposiciones” o “monografía” bastaría.

La curaduría no es un acto neutro, ni una mirada sólo objetiva o subjetiva; la curaduría es a las exposiciones lo que el género del ensayo es a la escritura, y es bajo la figura irreductible e insaciable del lenguaje que la crítica juzga a su pariente menor; la crítica es vieja, locuaz, desfachatada, irrefrenable, lúcida por momentos y despelucada, la curaduría es una niña mayor que casi siempre ha sido muy correcta y está entrando apenas en la pubertad: ya veremos si para la historia, o ante la mayoría de edad, la curaduría madura biche y se convierte en elegante señora, ama de casa (o de museo, o de academia) o “se atreve a pensar”, se hace respetar y crece como la bella, inteligente y difícil mujer que puede ser.

“¿Quién osaría asignar al arte la estéril función de imitar a la naturaleza? El maquillaje no tiene que ocultarse, que evitar dejarse adivinar; puede, por el contrario, mostrarse, si no con afectación, al menos con una especie de candor.”
—Elogio del maquillaje
Charles Baudelaire

—Lucas Ospina

comentarios

7 Opiniones sobre la una más la otra: curaduría y crítica

  1. Curitas de artista 2007/12/03 at 9:50 pm

    El problema es que aquí hay dos formas de “hacer Arte”, y que utilizan un mismo “medio”: LA INSTITUCIÓN. Por un lado, el artista que encontró en este medio su arte y el andamiaje que lo sostiene y, por el otro lado, el curador que siente y hace lo mismo… Y la acción de ambos es, en definitiva, loable y posmodernista: generar una necesidad, pero una necesidad sostenible. Y, para ello, se tornan curiosamente medio, y se institucionalizan. Se untan de esa grasa que mueve la maquinaria, se vuelven grasa. Y les cuesta salir de ella para mirarla (hablamos de grasa…). A veces, cuando lo logran (tanto artista como curador), se dan cuenta de que a su obra, quizás, le faltó algo.
    Aquí diría yo que ese “algo” es lo que hace que una obra sea una obra de arte. Pero muchos se concentran más bien en remendar el andamio, pa’ que aguante más. Y con curitas made in Medellín.

    Del Castillo

  2. Lucas Ospina 2007/12/05 at 8:40 am

    Un pequeño ajuste al título del texto “Nadín Ospina, moralista del juguete” de Bernard Marcadé bastará para ajustar las palabras del “crítico de arte” parísino al tamaño preciso que merece la obra del artista suramericano: “Nadín Ospina, moralista de juguete”.

    Y sí Nadín, seguiré soplando a la espalda de los Nadines, los Serranos, los Zeas y los Medellines, pues hay mucha “espuma” que soplar:

    HAMLET.- Sí, y aun antes de mamar hacía ya cumplimientos a la
    teta. Este es uno de los muchos que en nuestra corrompida edad son
    estimados, únicamente porque saben acomodarse al gusto del día, con
    esa exterioridad halagüeña y obsequiosa. Y con ella tal vez suelen
    sorprender el aprecio de los hombres prudentes; pero se parecen
    demasiado a la espuma; que por más que hierva y abulte, al dar un
    soplo, se reconoce lo que es: todas las ampollas huecas se deshacen, y
    no queda nada en el vaso.

    —L.O.

  3. Nadín Ospina 2007/12/05 at 1:12 pm

    Señor Lucas Ospina
    Quedo notificado de mi expulsión del mundo del arte de Lucas Ospina.
    Hago público mi suicidio ritual en este foro y dejo mis huesos al Señor Ospina para que los roa a placer.
    Éxitos en su deslumbrante carrera crítica.
    Atentamente
    Nadín Ospina

  4. Asociación Colombiana de Críticos de Arte 2007/12/05 at 5:02 pm

    Bravo!!!

    Lucas Ospina, por qué no te callas?

    Y dejas de defender a la Muda Curadora Burocrática?

    Por qué no la dejas hablar?

  5. albeiro 2007/12/05 at 5:44 pm

    Es normal que censuren un video sobre la guerrilla, lo que no es normal es que hayan tardado tanto en hacerlo.

    El artista (que además respeto) debe actuar de manera responsable: no difundir el mensaje de la guerrilla, así sea indirectamente. “Tan humanos ellos también se divierten…” es lo que pareciera decir, afirmar, implicar el mensaje del video; que además no debe confundirse con el video mismo. El video, copiarlo, reproducirlo es REPRODUCIR TAMBIÉN EL MENSAJE DE LA GUERRILLA – no seamos ingenuos.

    En este caso, el video y el mensaje parecen no poder separarse. EL MENSAJE ES EL VIDEO.
    el video se reproduce como también se reproduce el mensaje que intenta esconder. Pero no lo logra, la guerrilla en todo debe ser silenciada, es un acto INGENUO nada más. Ahora no la cojan con Wilson Diaz que tiene tan buen sentido del humor…

    En esta ocasión la lección es “con eso no se juega”… y ya. adiós y hasta luego desde santarosa de cabal, porque acá, también pensamos.

    Albeiro
    Santa Rosa de Cabal

  6. antonio díez 2007/12/09 at 1:06 pm

    Wilson Díaz:

    Muy bien que Ud. muestre esa obra, cuando la ví en la Valenzuela hace unos años, pensé: “que obra tan melodramática, así es nuestra sociedad de contrastada: esos animales guerrilleros, son también humanos a pesar de todo. Aunque sean humanos bestiales.”
    Hoy sigo pensando igual al respecto, no me ha parecido que Ud. apologise sobre la guerrilla como si se tratara de Robin Hood y sus muchachos felices ( y si en su fuero interno Ud. así lo siente, pues es asunto suyo y debe lidiar con ello); quitar velos y barnices a la vida es una labor de artistas de verdad. Pero me hago una interrogante, ¿ Por qué aceptó participar de esa exposición..?,
    la obra vista en la Valenzuela -aunque limitada a Colombia y hasta a Bogotá-, no causaba ningún detrimento a su significación, y bueno, procurarle un mundo más amplio fue en este caso una elección, si no calculada, de una excelente eficacia para resaltarla, a causa de un prejuicio materializado en una censura oficial . No obstante, si la obra es buena, no obtendrá un injusto reconocimiento, pese a su inflación, por parte de la censura de la cual ha sido objeto.

    Wilson, aunque no le conozco: resista, y no se deje confundir, que la fama es para las actrices y vedettes, para los artistas es la golria; que es algo así como una fama a posteridad.