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en torno al premio de crítica

En la página que contiene los textos relativos al premio nacional de crítica del año 2006, el primer lugar fue para Santiago Rueda con “Olor de santidad” y el segundo lugar lo ocupó Juan Carlos Guerrero Hernández con “Lo público y el arte público”. En éste año, es decir 2007, el ganador fue Juan Carlos Guerrero Hernandez con “Unland, The Orphan’s Tunic” y el segundo lugar correspondió a Santiago Rueda con “Panacea phantastica”. Dejo para al análisis del lector ésta curiosa coincidencia a la que aspiro no se le mire como un agudo y deliberado acto de suspicacia, oportunismo, o ganas de practicar el tiro al blanco, deporte que desconozco y al que desecho como actividad física ó mental por preferir el ping pong ó en su defecto y a falta de interlocutor válido, el telebolito remasterizado. Prefiero ver ahí un simple caso de libre heteronimia no sincrónica y meramente aleatoria.

En el texto que escribió Lucas Ospina como respuesta oficial por parte de la nomenklatura que organiza el Premio nacional de crítica de arte y miembro de la misma, expone algunas interesantes “contradicciones” en las que advierte al lector, recae Gina Panzarowsky. Es evidente que el aspecto al que estuvo dirigido el análisis fue el componente procedimental, y las consideraciones empleadas por los jurados para construir el consenso que se evidenció en los resultados. Necesariamente éste enfoque pasaba por la lectura de los ensayos, los cuales fueron leídos – en un acto de masoquismo deliberado – en su totalidad por Gina Panzarowsky, sin que ello fuera tema obligado para considerarlos como materia a analizar. Sin embargo es válida la consideración del Señor Ospina respecto de que no hubo y no hay crítica en éste aspecto, es decir, los ensayos enviados al premio y sí unas ligeras apreciaciones sobre algunos ensayos, que contradicen lo expuesto por Gina Panzarowsky en el texto “En torno al F 11″. Hasta ahí es válida ésta apreciación. Sin embargo quiero dejar constancia de que siempre esperé que a lo largo de éste proceso, aparecieran otras investigaciones que contemplaran éstas otras miradas . Lo mío en su momento fue mirar el premio desde el lugar en que quedó consignado en el texto de análisis del premio.

Lo más interesante ocurre cuando aborda el “anacronismo contemporáneo” y cree advertir que se presenta una contradicción y falta de rigor al actualizar para la mirada contemporánea la obra de Iacopo Robusti al lector. Lejos de mí pensar que podría ubicar en un escenario sobre arte contemporáneo la obra de Tintoretto. Cuando me refiero al artista renacentista como un “cuerpo que mantiene latentes todas las extensiones que la promesa de la edad moderna se encargará de crear…” no estoy salvando su obra para equipararla o medirla dentro de cualquier contexto artístico contemporáneo. Precisamente un aspecto incesante es el carácter no técnico que posee una buena parte de la producción contemporánea en el campo visual. Hacer arte hoy en día es una actividad dispersa en cuanto los medios que emplea el productor para hacer la puesta en escena de los dispositivos estratégicos que materializan el discurso. El artista es un fabricante de ideas que cuando exigen la materialización de éstas, involucra incluso procesos industriales o tecnológicos, que no necesariamente están mediados por su cuerpo. Entran ahí en juego formas de producción públicos, de la esfera objetiva y funcional de la sociedad, que trascienden el reducido ámbito del taller del artista. Es ahí cuando encuentro en las labores como el dibujo, la pintura, formas clásicas de representación que privilegian unos modos emparentados con la artesanía y el ejercicio cotidiano de una práctica solitaria, reivindicatoria del ejercicio exclusivo alrededor del individuo como potencializador de mitologías privadas, con las cuales se busca fortalecer abrevaderos que recompongan el sentido de lo que somos como mitología pública. Ese modelo discursivo me parece que hizo crisis, y lo que subsiste de él, queda para los artistas que se aferran a un formato productivo donde se resalta una entronización del pensamiento y el quehacer exclusivamente individual.

No quiero ser malinterpretado al sugerir o privilegiar determinados modelos de producción, simplemente hago la observación respecto de dos modelos que se dan en el arte contemporáneo: modelos tecnológicos y modelos no tecnológicos y ni siquiera técnicos, brecha que por oposición puede ocupar la obra de José Antonio Suárez al ser una obra que privilegia un carácter mecánico clásico como patrón de acción en su obra, cual es el grabado por ejemplo.

Como modelo tecnológico se podría citar la obra de Bill Viola. Un modelo no tecnológico podría ser la obra de Peter Fischli y David Weiss.

http://www.zappinternet.com/video/boqLwoQloV/El-modo-en-que-las-cosas-son-1

Bill Viola incorpora en sus videos los últimos medios de producción que le ofrece una industria natural para la cultura norteamericana como es la del cine y el video, representados por los estudios de Hollywood, y todo el outsourcing incorporado que brindan Japoneses y Europeos.

En “Der Lauf der Dinge” la pareja de Suizos emplea un sinnúmero de objetos de desecho, casi que los reductos de una civilización que comprende que la “promesa moderna” nunca alcanzó para lograr sus objetivos. Ahí se puede observar una perspectiva de la aventura artística actual, respecto de los medios de producción: la desaparición de la técnica en el campo del arte en un mundo hiper tecnificado, es decir, tecnológico, donde la presencia del cuerpo como mediador de su propia realidad es reemplazado por la máquina. Mientras la aventura tecnológica latente en el hombre renacentista se ha convertido en una realidad en todos los campos de la vida humana, el arte rechaza con suspicacia los frutos que la movida tecnológica le ofrece, y si hace uso de ellos es como dispositivo crítico y no para exaltar unos modelos desarrollistas que han dejado medio planeta jadeante. Obviamente es un proceso que no se cumple – ni tiene porque cumplirse – en todo el espectro de la actividad artística. No necesariamente el uso indiscriminado de tecnología en cualquier proceso estético conlleva el rechazo o el abrazo tecné.

La producción mediada por el cuerpo, técnica más no tecnológica se podría etiquetar como análoga, artesanal y privada. La producción mediada por la máquina – teletecnología – se podría considerar digital, imbricada en procesos de construcción de mitologías públicas. Son éstas consideraciones – vagamente expuestas en este breve texto – las que tuve en cuenta al momento de traer para el discurso, antes que para la mirada contemporánea la obra de Iacopo Robusti, en una situación donde equiparo por contraste y no por analogía la obra de Tintoretto con la de Eva Hesse.

Gina Panzarowsky

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