1.- Por hacerse caso desde el título y construir un set dentro de un set.

2.- Por resignificar una sala de exposiciones fea y compleja como villancico reiterativo (“textura sobre columna, y sobre columna, claraboya…”), que ha aniquilado muchas muestras en el pasado.

3.- Por subrayar en vez de esconder la intensa contaminación visual que impone la arquitectura del lugar para usarla a su favor.

4.- Por evidenciar el status del edificio sede de la exposición como lo que es: una ficción institucional diseñada con la idea –siempre trunca– de albergar parte de la historia.

5.- Por integrar la sala del fondo de la sala de exposiciones.

6.- Por articular dentro de la narrativa de su muestra ese espacio peor de inmundo, frío, húmedo, pésimamente iluminado y con vocación de bodega eternamente sellada, donde nunca había podido suceder nada.

7.- Por enfrentarse con molestias pre-existentes, como paneles de tamaños imposibles elaborados sólo para colgar afiches e introducirlos sin disimularlos. Metaficción museográfica.

8.- Por incrementar la ficción con esa decisión: poner una construcción tomada del cierre del relato que estaba ilustrando, sacar sacó la escenografía de la novela y traerla al archivo. Otra vez.

9.- Por pintar postverdad al óleo.

10.- Por reiterar que, como cuando se pinta, lo suyo era trabajar capas sobre capas de ficción.

11.- Por fijarse no en la fidelidad del relato histórico sino en la de la representación: en vez de atender la verosimilitud de lo narrado destacó las sutilezas del maquillaje de los actores, la artificialidad de los escenarios, la brillantez ilusoria de todo.

12.- Por enseñar que quienes sostienen la debilidad de la pintura como técnica pertinente para representar hoy, de verdad no han pensado en los alcances de ese medio.

13.- Por ver televisión colombiana. ¿En serio, quién y para qué ve esa porquería?

14.- Por pintar fotofijas de una telenovela basada en una de las biografías más problemáticas de uno de los ciudadanos más problemáticos de un país que nunca ha sabido manejar a sus personajes problemáticos (sean deportistas, actores, narcos o expresidentes, o expresidentes narcos o deportistas narcos, o actores narcos).

15.- Por superar el debate pendejo de que (aún) la imagen en movimiento no produce historia.

16.- Por recordarnos que, antes de la popularización de la cámara fotográfica portátil y la fijación de nuestra civilización con la imagen transmitida en directo, la pintura era el mecanismo privilegiado para construir historia.

17.- Por saber agradecer las notables influencias que ha recibido, dentro del campo artístico local: Alberto Baraya (Herbario de plantas artificiales, 2002), Libia Posada (Evidencia clínica, 2007) y Nicolás Consuegra (Pasado Tiempo Futuro, 2010).

18.- Por insistir. El artista presentó esa propuesta a varios concursos y siempre perdía. Persona que lee y es consentida: haga en serio por su terapia de manejo de la frustración. No siempre le tienen que decir que sí.

Guillermo Vanegas

publicado en reemplaz0